Declaración cristiana para todas las gentes, gobernantes y gobiernos

Declaración cristiana para todas las gentes, gobernantes y gobiernos, y para el “rey del norte” y el “rey del sur

Cuando en el curso de los acontecimientos humanos, se hace necesario para un colectivo cristiano remarcar como nunca antes su distinción respecto al lugar que le hubieren designado y asumir entre los poderes de la tierra posiciones que le singularizan a lo cual tiene derecho según la Revelación y el Dios de la Revelación, el respeto debido a las opiniones de iglesias, religiones y diferentes ideologías exige que se declaren las causas que obligan a este colectivo a la distinción, y a clamar a Dios por su liberación definitiva de esta tierra.

Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres están dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables entre los que se encuentran, el derecho a la vida, a la libertad, y al alcance de la felicidad; y si bien es cierto que los diferentes gobiernos, y el que ha mantenido en cada momento histórico la autoridad suprema han procurado de acuerdo a ciertas posibilidades, e independientemente de las excepciones, el bienestar social, cuando esos gobiernos liderados por lo que supone poseer la autoridad y economía suprema, perpetúan una estancia global en la tierra de sufrimiento, enfermedad y muerte, no reconociendo su impotencia, incapacidad e incompetencia para revertir ese caos permanente, es nuestro deber y derecho señalar esa condición de desprotección, y clamar a Dios que urgentemente intervenga mediante su promesa de la Segunda Venida, y rompa con ese beneplácito maligno de perpetuarse en la tierra mediante sistemas de gobiernos, religiosos, económicos que durante siglos y siglos, independientemente de los ajustes y composturas, han resultado en una cadena de abusos y crisis que se van sucediendo, trayendo la reducción al pueblo a un despotismo de la inmoralidad y de la ignorancia de la verdad, prolongando invariablemente la agonía de la muerte, de la enfermedad, del sufrimiento, la pobreza constante con el hambre en la mayor parte de la población, y la ausencia del don más precioso, el de la verdad que nos hace libres.

Si bien es cierto que en esta última etapa de la historia de la humanidad se introdujo, gracias a la revolución norteamericana primero y francesa después, una época de libertades y democracia, con lo que se benefició la expansión del evangelio, no se ha podido alterar el flujo y el reflujo de la crisis, el relativismo moral, y la inestabilidad existencial, provocando continuamente en las familias e individuos, zozobras e inseguridad. Las injusticias se han ido sucediendo. Aquellos que proclamaban el derecho a la vida, a la libertad, y a la felicidad, han producido una realidad contraria: guerras corrupciones y muerte convirtiéndose en abusos constantes para los que no ha habido solución. Durante siglos los discípulos de Cristo han señalado estos desordenes, mostrando soluciones en la aceptación y cumplimiento del Evangelio del Reino de Dios, e involucrándose de modo práctico en la prosecución de un bienestar para los más desfavorecidos, y ayudando a la sociedad en las consecuencias negativas de sus propias acciones. Como respuestas en última instancia hemos conseguido persecuciones, burlas, y rechazo.

Si bien ha habido personas de buena voluntad que, basándose en la parte positiva de la concepción y su quehacer estatal, han contribuido a un querer mejorar nuestro mundo, y aun cuando se ha dictado ciertas normas que benefician a la humanidad, creando situaciones sociales positivas: seguridad social digna y un cierto sistema educativo neutro,  dentro de un proceso, todo ello, de tristezas, ambigüedades perjudiciales, confusiones babilónicas, decadencia, haciendo presente el ocaso de la persona y de la personalidad, y esto, es inevitable decirlo, como consecuencia que se mantiene una concepción estatal que está en abierta rebeldía respecto del Dios que se revela, y de lo anunciado en la Palabra de Dios en cuanto a la configuración de la “mujer babilónica”, “cuerno pequeño y primera bestia”, la “bestia de dos cuernos y falso profeta”, símbolos que representan realidades ideológicas que se oponen sistemáticamente a Dios, asumidas tanto por la concepción estatal trascendida por el dragón, como por la civilización terrestre contaminada por el dragón, como por el falso profeta que sustituye en su momento a la “mujer babilónica” “marginada” y “quemada”, y que  se va oponiendo metódicamente al plan de Dios, asuntos todos estos que la historia anticipada mediante la profecía revelada por Jesucristo para el último tiempo en las Escrituras nos descubren.

Con todo lo dicho hay que hacer una clara diferencia entre las personas que sostienen la concepción estatal pero sin dejarse trascender por el dragón pudiendo traer aspectos positivos a la comunidad local e incluso mundial; y esos símbolos que representan a sistemas formados por personas que se dejan trascender por el dragón contaminándose y proyectándose de acuerdo al espíritu y actitud que nos refiere para esos símbolos con sus realidades denominados “mujer babilónica”, “cuerno pequeño”, “primera bestia”, “bestia de dos cuernos” “falso profeta”, y como poseyendo la autoridad suprema y el liderazgo global dentro del nuevo orden mundial. De ahí que cuando una larga cadena de abusos y usurpaciones que persiguen invariablemente el mismo objetivo, hace patente la intención de reducir al mundo a una unidad global perpetuándolo a seguir experimentando el despotismo del relativismo moral, del sufrimiento, la enfermedad y la muerte, en lugar de proclamar la imposibilidad de resolver los grandes problemas tanto del mundo como de las personas y clamar al Dios de la revelación su intervención, es nuestro derecho, teniendo en cuenta lo anterior, de advertir los siguientes hechos ante un mundo que no los conoce:

Las guerras libradas por los que en cada momento histórico han pretendido poseer la autoridad suprema, o el deseo de apoderarse de las materias primas, o de los territorios de los demás, han sido siempre injustas aun cuando se hayan disfrazado de justicia.

La pobreza y el hambre asola a la mayor parte de nuestro mundo.

La persecución sea de cualquier índole es despertada por el fanatismo y el miedo a que se señale el error por el que sostiene su autoridad y poder.

Hay instituciones supranacionales apoyadas por Naciones Unidas que están creando una nueva religión con las características seleccionadas siguientes:

Las religiones consideradas como mayoritarias y universales aceptan el respeto de las zonas impuestas por cada religión mayoritaria en su territorio. Esto conlleva a no poder extender el Evangelio más allá de la zona que una religión domina.

La predicación del Evangelio, entendida como proselitismo, estaría proscrita.

Únicamente se podría predicar el Evangelio dentro de la Iglesia o de la casa o de cualquier lugar de culto, y para aquellos que sin ser de esa religión determinada pidieran conocerla. Cualquier otra cosa se consideraría coacción e imposición lo que estaría condenado por ley.

Una nueva unión de Iglesia y Estado, de religión y política, volviendo a la época de “los 1260 días proféticos”, con las implicaciones que esto lleva consigo, de imposición y de acoso.

Ante el conflicto que se despierta de entrada entre aquellos que consideran un deber el predicar el Evangelio Eterno en el contexto de la proximidad  del retorno de Jesucristo, traerá como consecuencia de que la “bestia primera” en su versión “octava”, apoyada por la de “dos cuernos” hará surgir, dentro de un contexto aparentemente democrático leyes y decretos que mermarán, en un sentido amplio, la libertad de conciencia y religiosa, para la predicación y cumplimiento de los mandamientos de Dios y de la fe de Jesús.

Habrá una unión entre el Estado más poderoso de la tierra con la religión más importante de este mundo coincidente con el surgimiento de la Octava cabeza “que es una de entre las siete”

Antes del Armagedón y del surgimiento de leyes coercitivas, y de la Segunda Venida de Jesucristo, se predicará el Evangelio Eterno en el contexto de la “Revelación de Jesucristo” 14:6ss, y 18:1-8, 9, iluminándose toda la tierra con los contenidos y extensión del Evangelio a todas las gentes que pueblan esta tierra. Muchas personas influyentes, sencillas, y tanto del mundo político como estatal, y de cualquier otra índole, aceptarán ese Evangelio en las escenas previas a la Segunda Venida de Jesucristo.

El “Armagedón”, la última batalla sostenida sobre esta tierra se realiza entre el Dios que se revela, y el poder establecido en este mundo cuando ese Dios que se revela media por su Pueblo, y lo quiere librar definitivamente de la muerte, de la enfermedad y del sufrimiento.

Como en antaño, antes de la gestación definitiva del Armagedón, en el tiempo de gracia, Dios, mediante su Revelación, se dirigirá al Faraón, y le dirá “Deja salir a mi pueblo”. Es decir, “no quieras prolongar más tu existencia sobre esta tierra perpetuando el mal, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte” “Declárate insolvente e incapaz de generar una justicia ajena a la de Mi Revelación”. Y el Faraón le contestará ¿Qué me muestras para que yo tenga que creer? Y entonces se iluminará toda la tierra con la luz del Evangelio Eterno, y con el poder del Espíritu Santo se presentará a todos los que están en ese mundo rebelde al Dios de la Revelación, de la verdad eterna que nos hace libres, y comprobará la salvación como nunca antes, y del engaño de la mujer babilónica (“Revelación de Jesucristo” 18: 1-9 cf. “Revelación de Jesucristo” 17:16, 17). Los gobiernos y gobernantes de ese momento histórico, motivados por la luz de Evangelio Eterno destruirán al concepto y criterio ideológico “mujer babilónica”, “quemándolo”, es decir marginándolo ya para siempre, no dándole ningún tipo de cancha. Y muchas gentes, tanto de los gobiernos como no, aceptarán el Evangelio de salvación bajo esa lluvia tardía sin precedentes. Pero el Falso profeta o Bestia de Dos cuernos que está haciendo una imagen de la primera Bestia (“Revelación de Jesucristo” 19:20 cf. “Revelación de Jesucristo”13:11-13, 14-17, 18), sustituirá a la Mujer Babilónica en última instancia creando leyes con la primera Bestia en su versión Octava (“que es una de las siete” “la que había recibido la herida mortal y ha de volver a curarse”) que atentarán, de algún modo al pueblo de Dios, a la vez que realiza maravillas que son entendidas y experimentadas como provenientes del Cielo.

Después de esa experiencia maravillosa de la confrontación con el Evangelio Eterno, el Pueblo de Dios mediante la Revelación configurará de nuevo un llamamiento para el Faraón: “Deja salir a mi pueblo”. Es decir ¿No te das cuenta que se está destruyendo la tierra como consecuencia de tus actitudes (cf. Revelación de Jesucristo 11:18) y que se está proyectando como nunca antes el mal y la enfermedad, y que a pesar de todos los intentos se fracasa? Declárate insolvente e incapaz de resolver la problemática humana, y de un mundo global. Clama a Mí por la Segunda Venida, no quieras perpetuarte aquí con tus obras de desarrollo permanente. El Faraón contestará “NO, no quiero hacerte caso, por cuanto no sé qué tipo de Dios eres ¿Quién es ese Dios?” Estoy unido con el Dios que se representa en el sistema político-religioso curado, resucitado, y él ha realizado pruebas y testimonios como provenientes del Cielo ¿Qué haces Tú a cambio?

Entonces el Dios de la Revelación y la Revelación le dirá: “Mi pueblo gime y está angustiado, la enfermedad y la muerte le consume, quiero librarlo definitivamente de los males de este mundo. Se ha llegado a un punto que no puede gozarse ya de lo que implica la curación del Evangelio, y YO SOY testigo hoy de que se te ha ofrecido la salvación y no la quisiste. Ya no hay tiempo que perder, “esa generación incrédula” ha llegado a su ocaso, sólo se le dará la prueba de los ángeles “no reteniendo los vientos” con lo que se provocará la caída de las últimas plagas, lo que se ha sembrado y acumulado, lo utilizaré  donde se mostrará la imposibilidad de la viabilidad de este mundo corrompido y caduco. Una de esas últimas plagas es el Armagedón…

Es por todo ello que auxiliados por ese Dios y sometidos voluntariamente a Él, instamos a toda la tierra, ahora que todavía hay tiempo para crecer espiritualmente y preparar a un pueblo para el retorno de Jesucristo, a la aceptación del Evangelio Eterno, a fin de ayudar a conocer al Dios que se revela, y su Reino revelado por Jesucristo y recordado por el Espíritu Santo, en los términos siguientes:

Que al querer vivir el “Reposo eterno de Dios” que nos enseña Jesucristo durante la Semana, y en cada “Shabat celestial” semanal desprovistos entonces de las obras de pecado y de trabajo, independientemente de lo que supone a diferencia de lo que no implica la experiencia del “Reposo eterno de Dios”, notamos las dificultades que la situación y condición actual propone a fin de experimentar ese “Reposo eterno de Dios” y “vocación celeste” inducidos por la obra terrestre y celeste del Hijo del Hombre, o Mesías Jesús e Hijo de Dios.

Que ese “Reposo eterno de Dios” viene propiciado por la “Vida eterna” obtenida en Jesucristo ya ahora, otorgándonos vitalidad y salud física, mental y espiritual, pero dadas las circunstancias actuales, mientras este mundo desequilibrado exista, nos recuerda constantemente en su prolongación, cuando en ocasión de la Segunda Venida de Jesucristo, seamos introducidos en la resurrección de los muertos en Cristo, en “nuevos cielos y nueva tierra”, donde el trabajo  nunca faltará, la muerte o enfermedad no existirán, y los valores que alimentan y dan vida a nuestra existencia y equilibrio jamás dejarán de ser, con lo que el derecho a la vida y a la felicidad serán la realidad normal permanentemente constatable.

Que “el Dios que se revela”, nos dice el Mesías Jesús “no es un Dios de muertos sino de vivos”. Esto quiere decir que a pesar de la muerte que trae la inconsciencia, Dios nos tiene presentes en su memoria como vivos redimidos, con lo que esa muerte no es definitiva sino reversible en y con la resurrección, trasladando al nuevo cielo y nueva tierra, en ocasión de su Segunda Venida, a los resucitados, y a los que estén vivos esperando su retorno. Y todo esto en su debido orden.

Que la experiencia de la vocación celeste y del amor salvífico en Jesucristo reclama una existencia cristiana de acuerdo al amor al prójimo y a los posibles que se presenten como enemigos, a una conducta generada por los contenidos del Reino de Dios o de los cielos expresados en el ideario del “Sermón del Monte”.

Que la celebración y vivencia de un pacto matrimonial ha de coincidir con el matrimonio querido por Dios que lleva consigo la elección adecuada para el cumplimiento de ese pacto, y para la consolidación de la familia en cuanto a la voluntad de Dios.

Es por todo ello que ante la perpetuidad del mal que asola a la tierra, ante las terribles desgracias, ante los mal usos de la naturaleza y ante la experiencia que siempre ha sido así, y que no hay posibilidad humana de variabilidad, y ante las promesas que nos devuelven el derecho a la vida y la felicidad, y que ya hemos comprobado en parte en Cristo, en nuestra misión de la predicación del Evangelio Eterno, declaramos que no queremos perpetuarnos en este mundo, y esperamos nuevos cielos y nueva tierra donde no habrá muerte ni enfermedad, e  instamos a todos los seres humanos con sus gobiernos, religiones e ideas filosóficas y culturales, apelando al Juez Supremo que se arrepientan y se vuelvan al Dios que se revela y consideren la Segunda Venida de Jesucristo, con lo que implica, como la única solución a la problemática global humana.

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©Antolín Diestre Gil
©Comisión Teológica Servir y Salud

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