Presentación de la revista Identidad Cristiana y el olivo
Presentación de la revista
Este primer nº de la revista “Identidad cristiana y el Olivo” se entrega gratuitamente por esta página Web que habéis contactado. Los demás números, a no ser alguno especial, serán sin ilustraciones, y aparecerá en nuestra página Web con un artículo seleccionado que represente las diferentes temáticas tratadas. Al mismo tiempo se pondrán los diferentes títulos de los contenidos con el fin de que la persona pueda acceder a ellos mediante suscripción a la revista física, que se le entregaría mediante nuestros corresponsales en las diferentes zonas. También habrá vínculos a las publicaciones que ya nuestra sede central en España posee, a fin de que se pueda consultar la manera de conseguir lo que más se necesite.
Se trata de una edición trimestral de unas 350 páginas aproximadamente respaldada por la asociación “Comisión Teológica Servir y Salud” responsable de esta página Web ( www.comteologicasesal.org ). Los artículos se pedirán a diferentes personas sin límite de páginas (de acuerdo a las posibilidades de publicación). Poseemos ya suficiente documentación para algunos años, aunque animamos a cualquiera que desee colaborar a dirigirse a las diferentes direcciones propuestas en esta revista. Cada artículo antes de su publicación será convenientemente revisado con la finalidad de que se cumplan las condiciones de los objetivos de la revista.
La naturaleza de los contenidos debe tener como propósito el aportar ideas sobre la no perpetuación,[1] la identidad cristiana, el origen y nuestra razón de ser y la preparación respecto al retorno de Jesucristo. Y dentro de estos asuntos se encuentra todo lo relativo a contenidos de reavivamiento y reforma.[2]
Dicha revista tendría dos posibles destinatarios: el miembro de Iglesia, y el que todavía no conoce la Iglesia Cristiana Adventista. Habrá números monográficos donde se trate una temática relevante, de uno o varios autores, con lo cual se hará un servicio adicional a la membresía.
Pretendemos crear un comité fundador que vele por la publicación. Mientras esto se realice será totalmente administrada por el comité de la asociación “Comisión Teológica servir y Salud”. Queremos que haya, con carácter personal, en cada iglesia una persona responsable para la distribución de la revista, y la obtención de suscripciones.
Aunque es una publicación no oficial de la Iglesia Adventista, sí que se identifica plenamente con ella, y querríamos lograr que hubiera un representante de la Iglesia dentro del “Comité fundador”.
Esperamos poder enviar a la División, y a la Conferencia General, los números necesarios. Y tenemos la voluntad de contactar con todas la instituciones académicas adventistas en español.
Esta publicación para que nunca sea deficitaria se hará de modo digital tantos ejemplares como suscripciones tuviéramos.
¿Qué es lo que necesitamos como miembros de Iglesia para no perpetuarnos, y vivir una existencia de reavivamiento permanente? ¿Qué es lo que necesitaría la organización a fin de no paralizarse, y/o salir de la perpetuación?
La respuesta está en lo que queremos exponer en dicha revista. Tres asuntos nos parecen primordiales: 1) Cómo alcanzar la vocación celeste que se nos propone en la palabra de Dios, y qué valor posee la expresión Hijo del Hombre en los 82 textos que Jesús cita en el Evangelio identificándose con ella, y en relación a esa vocación celeste; 2) Cuál es la identidad cristiana que permite reconocer al pueblo de Dios dándonos seguridad y confianza en nuestra misión y razón de ser; 3) Conseguir la certeza de la salvación y su permanencia en ella mediante la revelación de Dios en su palabra, y proyectarla en un testimonio personal en cumplimiento de la predicación del Evangelio del Reino de Dios.
¿Cuál es el motivo personal, independientemente de lo dicho, que nos impele a la publicación de esta revista?
Al principio había una inquietud. Por un lado querría, como muchos otros en la historia, que Jesucristo viniera en mi generación, sin tener que pasar por la muerte; por otra parte hay mucha tarea por delante, y quiero contribuir a que o bien eso sea una realidad, o bien dejar una herencia a fin de que lo pueda ser en ocasión de la resurrección general para la que no hay ningún tipo de tardanza una vez se experimenta la muerte no definitiva. Y por lo tanto ya no estoy inquieto sino esperanzado, habiendo aceptado esa identidad que me provee la experiencia de la manifestación del amor de Dios que transforma mi carácter a semejanza suya, momento tras momento. Creyendo en sus promesas, e identificándome, además de la identidad del amor transformador del carácter, con mi razón de ser, la que me provee el “volver a las fuentes” permanentemente, y descubrir en ellas el por qué y para qué estoy aquí, lo que significa e implica el ser del remanente para este tiempo que me toca vivir (cf. Ap. 12:17, 1-16), en cuanto a proveerme y compartir, mediante la “locura de la predicación” y la manifestación del amor de Dios que transforma el carácter, la vocación celeste que es preciso adquirir, si se quiere vivir la identidad cristiana, y alcanzar la vida eterna, el reposo eterno de Dios, y de este modo ayudar y asistir a las necesidades de las personas de nuestro mundo, sean quienes sean, con sus problemas existenciales, físicos, mentales y espirituales.
Ese volver a las fuentes que obliga a cada uno que llega a ser creyente, todavía más por los avatares de la historia que hicieron olvidar esas fuentes del cristianismo, tiene sorpresas cuando uno se ve identificado como protagonista en el cumplimiento de su razón de ser: el contribuir a preparar a un pueblo para el retorno de Jesucristo, mediante la tarea implicada en su vocación celeste adquirida (Mt. 26:63, 64 cf. Jn. 3:12, 13; cf. Dn. 7:13, 14, 8:11-14; 9:24, 25-27pp. cf. Rm. 8:34; Col. 3:1-4; Hb. 1:3, 10, 10:12, 13; 8:1-6), y que lo integra automáticamente como formando parte del Remanente-Israel, del Olivo, de la raíz santa, bien sea como rama natural judea o como olivo silvestre. Y que dicho Remanente se exterioriza primeramente con la base la piedra angular Mesías (Ef. 2:20 cf. Mt. 21:42-44), y el fundamento de los profetas y apóstoles (Ef. 2:20 cf. Ap. 21:14): el Olivo-Israel escogido por gracia que para dar continuidad, sale, al aceptar al Mesías, del Israel rechazador del Mesías como la Iglesia fundamentada en los profetas y en los apóstoles, cuya base, es la principal piedra angular: el judeo Mesías.
Aun cuando la historia posterior al Nuevo Testamento nos presenta una ruptura con el Israel de Dios, se está entendiendo que los gentiles se han añadido a “su pueblo” (cf. Rm. 15:9, 10 cf. Ef. 2:12-14), y que era la raíz lo que les sustentaba y no al revés (Rm. 11:16-18). Si bien no se supo mantener lo que implicaba una eclesiología fundada sobre la piedra angular del judeo Mesías, y formada por el Israel, el pueblo no desechado, se está comprendiendo la representatividad de un Remanente apostólico, al que se añaden piedras judeas que no rechazaron al Mesías, y que en aquel entonces no había ningún gentil todavía; el Olivo al que se fueron añadiendo, durante toda la historia desde la primera venida hasta la segunda, diferentes “piedras vivas” ramas desgajadas judeas y olivos silvestres que se injertan al Olivo, los unos, judeos que viviendo en un espacio de rechazo como consecuencia de la representatividad del Israel rechazador del Mesías Jesús de Nazaret, se arrepienten, de forma natural; y los otros, gentiles “contra naturaleza”; pero todos, cristianos judeos y gentiles cristianos por misericordia de Dios, haciendo crecer el edificio de la Iglesia. En suma una continuidad del pueblo de Dios – Olivo, no una sustitución. Llegando ahora al Remanente final (Ap. 12:17) que se ha consagrado como tal después de cumplir con su identidad de origen, volviendo a las fuentes plenamente, y reconociendo la fuente eclesial judeo-apostólica, basada en la piedra angular del judeo Jesucristo, y al que se han añadido en la historia y se añaden ahora tanto judeos como gentiles siendo reconocidos como tales por Dios en el remanente final, juntamente con todo lo que implica, en el plano ideológico el Reino de Dios, con su Ley real, el nuevo pacto, y la obra celeste del Mesías, llevada a cabo por el Hijo del Hombre terrestre y celestial, que una vez terminada la obra de acabar con los enemigos de Dios, volverá en su segunda Venida.
Vivo el retorno de Jesucristo como si fuera a venir hoy, ahora. La segunda Venida, para mí, no puede ser prolongada más allá de mi muerte en el caso de que me acaeciera. Puesto que después de la muerte primera reversible, y no definitivamente para siempre (Jn. 6:53-56 cf. Col. 3:1-4), vendrá la resurrección general, en la que me encontraré, con mis hermanos y amados muertos pero resucitados, para contemplar y experimentar la segunda Venida de Jesucristo. O en su defecto estaré vivo, sin haber pasado por la muerte, y me juntaré con todos aquellos muertos en Cristo resucitados junto a los vivos en Cristo, en ocasión todo ello de su “segunda Venida”, literal, visible y en gloria y majestad.
Yo debo tener siempre la esperanza en cuanto a que el cumplimiento del segundo Advenimiento de Jesucristo se va a cumplir en mi generación. Y esto de acuerdo al don de la fe, y a la acción con que me involucro para que eso sea una realidad.
La realidad puede verse en particular obstaculizada aparentemente por la muerte personal, pero sigue el curso de su concretización como fruto de la contribución personal de mi fe y de mi acción, que sumada a la de otros, extiende la capacidad de ese retorno dentro de la posibilidad de su realización específica para todo el colectivo de creyentes, en el momento asignado por la soberanía divina que tiene en cuenta toda la capacidad de captación a la salvación.
Esta revista con sus contenidos basados en la revelación de Dios mantendrá viva la llama de la fe que nos conecta con nuevos cielos y nueva tierra, y con la esperanzada vivencia del retorno de Jesucristo.
[1] ¿Qué es la perpetuación?
“Hacer perpetuar o perdurable una cosa”, “Dar a las cosas una larga duración”.
“Perpetuidad”: “duración muy larga e incesante” “Que dura y permanece para siempre”
Aplicado a nosotros y teniendo en cuenta la expresión latina “perpetuum movile”, se trataría que una vez creada nuestra maquinaria institucional y organizativa, y puesta en movimiento, continuaría moviéndose indefinidamente.
Lógicamente se puede variar ese asunto, mediante la “extensión del evangelio”, y la exposición de contenidos doctrinales limitados al mensaje central del Evangelio, y proyectados desde un punto de vista práctico, de acuerdo a la necesidad de las personas, y la orientación del Espíritu Santo.
¿Cómo ajustar lo que nos perpetúa a lo que no perpetúa? La respuesta es motivo de esta revista.
[2] Esta revista se inscribe dentro del llamamiento que la Conferencia General mediante su presidente electo, el pastor Ted Wilson, promueve respecto a un reavivamiento y reforma de todas las personas, de todas las iglesias, de las diferentes administraciones (Conferencia General, Divisiones, Uniones, Asociaciones, Misiones) y de los responsables y contenidos, proyectos y finalidades de nuestras instituciones.
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©Antolín Diestre Gil
©Comisión Teológica Servir y Salud