Recuperando la identidad, y la renovación del pastor
Recuperando la identidad, y la renovación del Pastor
El comportamiento cristiano en la iglesia como resultado del culto de adoración a Dios, y de la no conformación a la manera de pensar de este “tiempo secular” (Rm. 12:1, 2)
«Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto. Y no os conforméis a este siglo; más transformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (Rm. 12:1, 2)
Si bien podemos contrastar el culto (latrei,an) que individualmente Pablo exhorta a realizar, con el culto propiamente comunitario e individual que se practicaba por el judaísmo, y que varios judeos lo habían estado haciendo, y que ya en Rm. 9:4 se ha estado aludiendo a ese culto del que había sido destinatario Israel, no por eso deja de ser importante para el cristiano gentil esta misma clase de admonición. Es cierto que para el judeo posee una mayor connotación en el sentido de que la práctica de ese culto ya no lo es en cuanto al sistema de sacrificios marcado por Levítico, pero en cuanto a la enseñanza de la práctica sustitutoria por un culto personal y racional y al valor del simbolismo de ese culto antiguo (Rm. 8:34 cf. Col. 3:1-4 cf. Ef. 1:3, 20; 2:6 cf. Hb. 9:1-8, 9ss. cf. Hb. 4:14-16; 6.19, 20; 7:25-27; 10:19-22), tiene su validez tanto para el judeo cristiano como para el gentil cristiano.
· Renovando el entendimiento (Rm. 12:1, 2)
Pablo nos presenta en estos versículos todo un programa efectivo para disponer de fuerza espiritual que nos ayuda a enfrentar cualquier situación anómala que pudiera surgir, y a lograr la renovación de nuestros pensamientos.
Presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo y santo (12:1). El sacerdote levítico (sacrificador) presentaba un animal como sacrificio. Nosotros (como sustentando el sacerdocio universal {1ª Ped. 2:4, 5, 9}) siguiendo la figura, presentamos también nuestro ser entero en sacrificio. Es decir nos ofrecemos completamente a Dios para que Él nos utilice. Pero ese presentarnos en sacrificio es el resultado de una experiencia santa y en vivo. Abandonando el sacrificarnos al pecado: es decir rechazando el entregarnos a una existencia mundanal que supone un sacrificio de muerte, sin valor para Dios ni para nosotros ni para nuestro prójimo (muertos no servimos para nada), debemos ofrendarnos en vivo, santamente. Para podernos clasificar como ofrenda viva, es imprescindible tener una buena salud, la mejor que podamos ofrecer, de acuerdo a nuestra herencia y posibilidades. Es salir al encuentro de todo aquello que hace posible una existencia viva, en la que además de estar ausente la enfermedad como algo predominante, experimentamos al máximo un bienestar físico, mental, social (y espiritual como corresponde a “santo”). Ese sacrificio como siendo en vivo, incluye la lucha contra el pecado. Que es tanto como decir contra el mal, contra todas las formas que pueden invadir nuestra viveza, y dañarla matándola. Se trata de una conducta santa que programa el Espíritu Santo, en base al ejemplo impecable de Jesucristo obediente a Ley de Dios y a los principios del Reino de Dios.
Esa presentación en sacrificio vivo y santo es agradable a Dios y corresponde a un modo de adorar racional (12:1).
Es muy importante reseñar que el ofrendarse en vivo y en santidad a Dios, implica razonar. Es preciso reflexionar. Lleva consigo considerar lo que quieres lograr y lo que deseas dejar. Estos mecanismos se fijan, y cuando alcanzas el propósito señalado en el texto resulta ser agradable a Dios y la manera correcta de adorar.
Aquí de nuevo el sentimiento ocupa un lugar secundario y el raciocinio aparece como el canal idóneo a fin de proyectar la adoración o el culto a Dios. El lugar y el tiempo encontrarán el marco adecuado, cuando como fruto de esa experiencia continua se decida agruparse en comunidad y compartir los unos con los otros ese culto de adoración producto de la racionalidad, y expresado ahora dentro de los cauces consignados del tiempo sagrado y de la reunión sagrada (cf. Hb. 4:9-11, 14-16 cf. 10:23-25).
Cuando se practica este tipo de culto no solamente repercute en Dios siendo agradable a él, sino también en nosotros. Si se observa detenidamente el versículo 2 está en paralelo al versículo 1, y se nos va a significar lo mismo pero dicho de otra manera. Es decir la idea que vamos a notar, es, que al ofrendarnos en vivo y santamente (apartándose de lo que supone la corriente ideológica de la fábrica que fabrica el pecado), y esto lo podemos hacer conociendo a Dios comprobando su voluntad, se pondrán en acción unos mecanismos que nos permiten experimentar el plan de Dios que coincide con la manera correcta de adorar siéndole agradable, a la vez que comprobaremos en nosotros mismos lo agradable y la buena voluntad de Dios para con nosotros. Todo esto al practicarlo al unísono, unos y otros, comprobaremos nuestra identidad.
No os conforméis a este mundo sino transformaos (12:2 pp.)
Si nos percatamos, al presentar nuestro ser en sacrificio vivo y en santidad (12:1) nos vemos obligados a no conformarnos a este mundo, a no amoldarnos a su manera de pensar y de actuar (12:2 pp.), sino a transformarnos (12:2 pp.), que es lo mismo que vivir en un servicio a Dios (12:1), en una entrega voluntaria a la voluntad de Dios (12:2 úp.).
Se utiliza la palabra metamorfou/sqe (metamorfousthe). Es una palabra en la que la idea de conversión, reforma, cambio, transformación, está implícita.
Esta recomendación del apóstol es muy importante tanto para la época de los cristianos de Roma como para nosotros.
El primer mensaje que se recibe en la lectura: la única manera de no conformarse a este mundo es mediante la transformación propuesta.
El segundo: para que coincidan unos y otros en la adquisición de la nueva identidad que con su conducta habían demostrado no poseer, es preciso no conformarse a este mundo sino transformarse.
El apóstol les está suponiendo conformados a este “tiempo secular” (aivw/ni), por lo que deben transformarse. Conformarse a este “tiempo secular” es aceptar la ideología que sostiene al mundo secular, y perpetuarse. Esto es un asunto que debemos todos reflexionar: la identidad cristiana se mide en el conformarse a la manera de pensar y de ser del mundo. Hay que poner un poco de cuidado en esto. Conformidad con la “corriente de este mundo” no significa desprendimiento total de la corriente evangélica, sino una especie de oportunismo, en el que la mezcla se considera necesaria. Ni siquiera el conformarse a este “tiempo secular” es conformarse al pecado. Hay situaciones neutras que la corriente secular puede ofrecer, pero que lleva la “marca de la casa” que contamina de tal modo que prepara el terreno mediante “ese envenenamiento”, a fin de no sostener la identidad cristiana que el Evangelio ofrece en exclusiva. El sentido contrario también puede ser cierto “no conformarse al tiempo secular” no implica que nada pueda sernos útil sino el conformarnos a eso útil, de tal modo que perpetúa en una manera de ser y de pensar que no tiene en cuenta la manera de ser y de pensar del Reino de Dios. La ideología del Reino de Dios para la que sin duda Pablo ha tenido en cuenta el conocimiento del Evangelio (Hech. 14:22; 19:8; 20:25; 28:23, 31 cf. Rm. 14:17; 1ª Cor. 4:20; 6:9, 10 cf. Gál. 5:21 cf. 2ª Tes. 1:5) es vivir por anticipado en la tierra los principios ideológicos del Reino de Dios, del Gobierno de Dios que Jesucristo nos ha enseñado en el Evangelio (Mt. 4:17 cf. Mc. 1:14, 15 cf. Jn. 3:3, 7, 12, 13 cf. Mt. 26:63, 64 cf. Dn. 7:13, 14 cf. Rm. 8:34; Col. 3:1-4; Ef. 1:3, 20; 2:6 cf. Hb. 1:1-3, 13; 10:12, 13; 8:1-7)
Por medio de la renovación del entendimiento (12:2 sp.)
Se trata de volver a un entendimiento nuevo. Un entendimiento que corresponde al que se nos dio por creación, y que se nos da la posibilidad de recuperarlo por la nueva creación redentora de Jesucristo, e incluso superarlo.
¿Qué implica una renovación del entendimiento (noós)? La palabra griega noós hace referencia a la mente que piensa y fabrica pensamientos. Una renovación consiste en pensar de modo nuevo: adquirir una nueva mente que produzca una manera nueva de pensar, gracias al ejemplo de Jesucristo, con el que es preciso identificarnos e imitar (Rm. 3:21-26 cf. 1ª Cor. 11:1; Ef. 5:1 cf. 1ª Cor. 2:16) con el poder del Espíritu Santo (Rm. 8:1, 2-9 cf. Jn. 3:5, 6 cf. Hb. 8:10-12; 10:16).
Era preciso renovar el entendimiento si se quería no caer en las equivocaciones anteriores que señalaban la ausencia de identidad de los diferentes grupos cristianos. A la vez era preciso no retornar a las posiciones que Pablo criticaba de los gentiles (Rm. 1:28) por no considerar el valor del conocimiento de Dios; y de los judeos, que aunque aceptaban a Dios se desmarcaban, con las transgresiones de la Ley (Rm. 2:18) de considerar a Dios, como conocimiento protector. Ahora, después de las propuestas por Pablo en los capítulos 1 al 11, poseían las herramientas necesarias para renovar el entendimiento, su manera de pensar, por pensamientos que favorecen la unidad y la identidad. Ahora sabían que los automatismos, producto de la “ley del pecado” (Rm. 7:23), que se fijan en la mente trae como consecuencia comportamientos que llevan a hacer lo incorrecto aunque no se quiera (Rm. 7:14, 15). Para no dejarse dominar por el pecado (cf. Rm. 6:12, 13), es preciso permitir la renovación del entendimiento mediante la obra del Espíritu basado en Cristo Jesús (cf. Rm. 8:1, 2, 5-7, 8, 9 cf. Filp. 4:6, 7).
Únicamente con una relación con Dios mantenida mediante una vida devocional en la que la oración y el estudio de la Palabra en los temas “cristocéntricos” que Pablo ha estado tratando en los capítulos 1 al 11, y ocupando un lugar preferencial, y comprobando cuál es la voluntad de Dios, podía ser utilizado por Dios en beneficio de la renovación del entendimiento. Al estudiar con la dirección del Espíritu Santo que se manifiesta en la integración de Aquel en la Revelación, supone el saber discernir, cuando sea necesario, lo falso de lo erróneo. Esto nos renovará porque comprenderemos que Dios está protegiéndonos de manera especial, a la vez que nos utiliza para ayudar a otros a encontrar el camino correcto.
Características de la identidad del movimiento cristiano (Rm. 12:3-8)
Las ideas que se van a expresar a continuación, tienen que ver con el mensaje general de Rm. 12:1, 2, en cuanto a cómo “eludir la conformidad a ese tiempo secular” cumpliendo la voluntad de Dios y reflexionando en cada momento de forma racional.[1]
«Digo pues por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con templanza, conforme a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno» (Rm. 12:3)
Estamos de acuerdo con Esler en comparación con Moo[2] respecto a lo que se dilucida aquí por parte de Pablo: no es meramente de que hubiera “orgullo espiritual” por parte de algunos sino que había disputas de tal consideración que unos y otros querían hacerlas prevalecer en detrimento de las del otro. Y esto está de acuerdo con la manera cultural de afrontar “en el tiempo secular” que les está tocando vivir, los estatus de cada uno frente al otro, compitiendo mediante la imposición y la humillación del otro. Esto formaba parte de haberse conformado a este siglo, al contexto cultural y sociológico que se manifestaba negativamente en las relaciones humanas, y que Pablo les ha instado a no hacerlo en 12: 2.
“No se ha de tener un más alto concepto de sí (mh. u`perfronei/n {mè huperfroneîn}) más allá de lo que debe pensar, sino que piense con cordura” (12:3) Se está igualando “tener un alto concepto de sí” “ con el ir más allá de lo que debe pensar” ¿Y hasta dónde puedo ir en lo que debo pensar sin que configure altanería, arrogancia en “mi manera de pensar”
Evidentemente Pablo había acusado sobre esto a los gentiles que habían actuado arrogantes (katakauca/sai) contra el judeo (Rm. 11:18) y altaneramente (mh. u`yhla. fro,nei{11:20}) ¿Cuál había sido la conducta de los cristianos gentiles? La de imponerse en detrimento del judeo. Les acusaban que habían rechazado a Jesucristo, y por lo tanto los despreciaban.
Sin embargo esa altanería se producía como consecuencia de pensar que ellos eran superiores por haber aceptado a Jesucristo, y los otros inferiores. Pero realmente, esos judeos cristianos, también habían aceptado a Jesucristo como ellos, independientemente de que la representatividad de la nación de Israel que orientaba e influía a la población, le hubiera rechazado. También la mayoría de los gentiles lo rechazaban. Pablo había salido al encuentro de esto reprochándoles a los gentiles a ser comedidos con los judeos de la propia comunidad, y pone las cosas en su sitio, tal como hemos estudiado en el capítulo 11.
Ahora se les propone, tanto a unos como a otros, que para que no se llegue a tales extremos “no deben pensar con altanería sino con cordura, y ésta “de acuerdo a la medida de la fe que Dios repartió a cada uno” (Rm. 12:3).
Si bien Pablo reconoce que pueden haber diferentes grados de medida para el don de la fe que es concedido a cada creyente (cf. Rm. 10:17), es imposible que el don de la fe, que es “ajustado” por Dios pueda resultar en altanería, y en discordia. Porque la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios. Y la palabra de Dios, el Evangelio y la Torá (en su aplicación para el tiempo presente que les toca vivir a los de la comunidad de Roma, y a nosotros), es muy clara respecto a la manera de tratarse los unos a los otros. Y Pablo, basado en la Torá y el Evangelio les ha ofrecido una sinfonía teológica que da equilibrio y control en la manera de razonar y pensar.
- Un cuerpo, muchos miembros, varias funciones, pero todos se necesitan y sirven, ilustra a un cuerpo, el de Jesucristo, del que formamos todos los miembros con muchas funciones y dones (Rm. 12:4-8)
Pasa a la ilustración del cuerpo, que siendo uno, posee muchos miembros con las diversas funciones que cada uno tiene, con la comunidad de la Iglesia, que es también como un cuerpo en Cristo, y a cuyos miembros se les ha concedido diferentes dones por parte de Dios. Se trata de dones espirituales, que si bien Dios puede tener como base los dones naturales que ha dado por creación, el miembro lo experimenta y proyecta, de una forma especial, de acuerdo a la medida de la gracia que nos fue dada (12:6).
Estos dones, concedidos de acuerdo a la gracia que Dios reparte, el de profecía habría que conformarlo a la medida de la fe (12:6úp.). Y esto ha de dar consigo todo lo contrario a la altanería y a los conflictos entre hermanos que son todos en Cristo.
- La relación del cristiano con otros (Rm. 12:9-21)
- Ø El amor sea sin fingimiento:
- Ø aborreciendo lo malo,
- Ø llegándoos a lo bueno;
- Ø amándoos los unos a los otros con amor fraternal;
- Ø dándoos preferencia los unos a los otros en el honor;
- Ø en el cuidado no perezosos;
- Ø ardientes en espíritu;
- Ø sirviendo al Señor;
- Ø gozosos en la esperanza;
- Ø sufridos en la tribulación;
- Ø constantes en la oración;
- Ø comunicando a las necesidades de los santos;
- Ø siguiendo la hospitalidad.
- Ø Bendecid a los que os persiguen:
- Ø bendecid y no maldigáis.
- Ø Gozaos con los que se gozan
- Ø llorad con los que lloran.
- Ø Unánimes entre vosotros:
- Ø no altivos,
- Ø sino relacionándoos con los sencillos.
- Ø No seáis sabios en vuestra opinión.
- Ø No devolváis a nadie mal por mal;
- Ø procurad lo bueno delante de todos los hombres.
- Ø Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres.
- Ø no os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar a la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.
- Ø Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer;
- Ø si tuviere sed, dale de beber:
- Ø que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.
- Ø No seas vencido de lo malo;
- Ø más vence con el bien el mal.
Hemos seguido la división que propone Esler.[3] No vamos a redundar en los aspectos gramaticales que no aportan algo significativo ni a lo teológico ni a lo identificativo.[4] Tampoco es demasiada valiosa la explicación de la estructura en cuanto al estilo, si fue en su origen fruto de intervenciones orales del apóstol. Lo importante en este caso es que Pablo lo ofrece por escrito a los cristianos de Roma. No cuesta demasiado trabajo estructurarlo de acuerdo a considerar la primera cláusula la del amor orientando todo; es decir las 30 afirmaciones que siguen a 12:9pp., explicarían lo que implica el amor sin fingimiento. No cabe duda que el valor de todo este cuadro es el reconocer en el amor la singularidad de la identidad cristiana, y nos veremos obligados, pretendiendo aportar algunas consideraciones útiles tanto en el plano teológico como en el práctico, a tener en cuenta el valor del término (avga,ph {agápë}) en los diferentes contextos que el propio Pablo presenta, y que la mayoría de los comentaristas estudian.
- ¿Qué valores sobresalen cuando analizas el término amor en todo ese contexto, y en otros lugares de la Epístola y fuera de ella?
Pablo había dirigido la epístola “a los amados de Dios” (Rm. 1:7). Y les había dicho algo en el capítulo 5 que rompe todos los esquemas relativos al amor, y que ayuda a comprender el resto de las declaraciones que sobre el amor se pueda decir desde el punto de vista de la consideración de éste como la identidad cristiana: Se trata del amor salvífico. Nos explicamos en breve en cuanto a lo queremos decir, pero antes digamos algo sobre el tema del amor como considerándolo la identidad cristiana. Somos reacios a considerar el amor como el elemento característico de la identidad cristiana, a no ser que nos basemos en lo que Dios nos ha demostrado en cuanto a ello, y comprobemos en nuestra conducta esa mismísima actitud para con los demás. Esler al presentarnos este tema del ágape (avga,ph) nos afirma su valor de identidad del cristiano. Y nos presenta la conexión “entre el acto de Dios vertiendo o derramando el amor en los discípulos de Cristo, y el correspondiente amor de éstos a Dios y a los demás”.[5] Esto es correcto, pero ¿cómo se concretiza el que yo experimente el amor de Dios que me haga que lo revierta a los demás? La cita de Dunn es excelente: “el avga,ph es el poder que transforma el carácter y que motiva el carácter transformado”.[6] Esta cita confirma nuestra exposición del amor salvífico que hemos expuesto anteriormente en el apartado relativo al matrimonio querido por Dios. Y no cabe duda que cuando eso es real, el que el carácter se haya transformado, es la evidencia de que hemos experimentado el amor de Dios. Una vez más ¿Cómo repercute ese amor de Dios en mí que transforme mi carácter, y que me motive a proyectarlo en otros? Romanos 5:5-8, en el caso de Pablo, responde a nuestro interrogante.
Por un lado el Espíritu Santo “derrama” en nosotros el amor de Dios (Rm. 5:5), y termina el párrafo diciéndonos: “Más Dios muestra su amor para con nosotros, con que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rm. 5:8). Juan, que ya en su Evangelio (Jn. 3.16) nos había hablado “del gran amor de Dios dándonos a su Hijo, para que todo aquel que creyere en él tuviera vida eterna”, en su 1ª Epístola (4:7-10) nos dice algo parecido al texto de Rm. 5:8: “Si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amar de ese modo” ¿Y cómo nos ha amado Dios? ¿Cómo ha mostrado su amor para con nosotros? (cf. Rm. 5:8). Que siendo pecadores ha querido salvarnos mostrando así su amor para con nosotros. Queriéndonos liberar de la muerte, y de la anomía (Rm. 6:18, 19 cf. 1ª Jn. 3:4), de una conducta que resulta de no tener en cuenta su Ley del Reino.[7]
En esto consiste el “amor salvífico”. Si hemos experimentado ese salvarnos lo proyectaremos en querer que se salve el otro: el hermano o la hermana de iglesia, mi esposa, mi esposo, mi hijo, mi hija, mi padre, mi madre, y cualesquiera que tenga la oportunidad de mostrarle ese amor de Dios que yo he experimentado. Cuando en el origen de una pareja está el amor salvífico en cada uno para con el otro, y se practica ese amor mutuamente es imposible el divorcio. En este sentido “el amor salvífico” es la característica de identidad del cristiano, pero no podemos aislar esa identidad de todas las implicaciones que lleva consigo ese amor salvífico. Es en ese contexto que podemos entender la puesta en práctica tanto de esas 30 afirmaciones que aparecen Rm. 12:9-21 como 1ª Cor. 13. Cuando experimentamos el amor salvífico de Dios en el sentido que hemos expuesto, y nos lleva a revertirlo en los demás, es entonces cuando estamos preparados, independientemente de las dificultades que se pudieran presentar, a poder poner en práctica esas cláusulas que se enumeran tanto en Rm. 12:9-21 como las de 1ª Cor. 13.
En Rm. 8:1, 2, se nos presenta la obra del Espíritu Santo en base a la vida de Cristo Jesús, que como consecuencia de ello puede librar de la “ley automática de pecado y de la muerte”. Observemos que esto es equivalente al amor de Dios que el Espíritu Santo derrama en nuestras personas (Rm. 5:5-8), y que se concreta en nuestra salvación consistente en librarnos de la muerte y del pecado/ o de la anomía que decíamos. Pero esa obra del Espíritu Santo en relación al amor de Dios, en Romanos 8, nos lleva a no conformarnos a la carne sino al Espíritu Santo (Rm. 8:5, 6), que en última instancia revierte la enemistad con Dios por no sujetarse a la Ley de Dios (Rm. 8:7), a un querernos sujetar a ella (Rm. 8: 7, 8), gracias a la obra del Espíritu Santo basada en la vida de Cristo Jesús (Rm. 8:1, 2). En efecto, ese automatismo del pecado es desbancado por el automatismo de la manera de pensar y ser de Jesucristo que el Espíritu Santo imprime “al querer estar en Cristo Jesús” y a no conformarnos a la carne. Y es en esa manera de dejarnos guiar por el Espíritu Santo (Rm. 8:12-14) que podemos alcanzar la seguridad del amor del Padre al considerarnos hijos (Rm. 8:16), pudiendo dirigirnos a Él como ¡Abba Padre! Y toda esta experiencia nos lleva a enfrentar cualquier tiempo de dificultad o de aflicción presente, y a desear la manifestación de los hijos de Dios, de toda la creación que gime (Rm. 8:19-21). Por eso “a los que a Dios aman todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme a su propósito son llamados” (Rm. 8:28).
De ahí, de todo esto, y ya lo estudiamos en su lugar, nada nos podrá separar del amor de Cristo que ha comprendido mejor que nadie ese amor de Dios (Rm. 8:35 cf. Jn. 3:16), nada nos podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro (Rm. 8:39).
La característica del amor como identidad del cristiano que se ha de manifestar como “el poder que transforma el carácter y que motiva el carácter transformado”, se da, siempre y cuando, hayamos experimentado el amor salvífico, con lo que éste implica, y que ya hemos dejado constancia de ello.
La identidad del amor nos la provee el mismo Dios, de acuerdo a lo que nos revela. Pero ese amor, y esto ha de quedar claro, implica toda una serie de revelaciones que nos muestran la relación del amor de Dios con la verdad de Dios, y con su Gobierno o Reino de Dios, y con todo lo que nos provee en esa verdad y en ese Gobierno que nos identifica, porque si dejamos a la palabra amor sin identidad propiamente dicha, la identidad del amor se desvanece.
- En las afirmaciones relevantes en relación con Dios cómo funciona el amor hacia nosotros, y hacia Él
Ya hemos discutido en el párrafo anterior cómo Dios proyecta su amor salvífico, y hace que la humanidad que lo recibe lo proyecte también en los demás creando un vínculo existencial entre el individuo que recibe ese amor de Dios proyectándolo a los demás, y el propio Dios con ambos. Ese amor estará cumpliendo su objetivo desde el momento en que la persona al recibir ese amor proyectado por el otro, reconoce en ello el amor de Dios. Ese reconocimiento muestra la transformación del carácter que ha conseguido el amor de Dios en él, y en el que lo recibe de parte del que su carácter se ha visto transformado. Y ahí se descubre la identidad cristiana. Y evidentemente en la relación de los cristianos esto es primordial. Cuando se acepta este tipo de identidad, tal cual, no pueden haber conflictos ni con los de dentro ni con los de fuera. El amor entonces se hará sin fingimiento (Rm. 12:9). De ahí que seleccionemos en cumplimiento de este amor a Dios y de Dios una relación con Dios consistente esencialmente en ser “constantes en la oración” (Rm. 12:12), fervientes en el Espíritu, y sirviendo al Señor (Rm. 12:11).
- En las actitudes y disposiciones propias que preparan la manera de manifestar el amor
Cuando nos protegemos mediante las recomendaciones que Dios nos da en su Palabra estaremos preparados para expresar nuestra identidad cristiana. Pablo nos ha dicho respecto a esto “que debemos detestar lo malo y adherirnos a lo bueno” (12:9) “a no dejarnos vencer por el mal, y a vencer el mal con el bien” (12:21); “a no ser perezosos en el celo” “constantes en la tribulación” “alegrándoos con esperanza” (12:11, 12). Pero ¿Cuáles han de ser las referencias válidas para conseguir identificar el bien y lo malo? Ese amor sin fingimiento (12:9) que nos retorna una vez más al amor de Dios experimentado en una transformación de nuestro carácter nos lleva a una profundización en ese amor de Dios, que hace urgirnos hacia el Mesías, y comprobar cómo se cumple Rm. 8:34 lo implicado en la obra celeste de ese Mesías en base a la obra terrestre donde en ambas se manifiesta el amor de Cristo (Rm. 8:35). Esa experiencia no permitirá separarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
- En las prácticas hacia los demás, tanto en el interior como en el exterior de la Iglesia ¿Cómo ha de funcionar?
Lo que hemos estudiado hasta ahora de algún modo sirve para manifestarlo tanto a unos como a otros, pero hay unas recomendaciones que se ofrecen a los miembros de iglesia que se adhieran a la máxima del amor sin fingimiento:
“Amaos los unos a los otros con amor fraternal” “Dándoos prioridad los unos a los otros en honra” (12:10); “pensad en armonía entre vosotros”, “no tengáis pensamientos arrogantes, sino asociaos con los sencillos” “no seáis sabios en vuestra propia opinión” (12:16). Lógicamente en el Evangelio de Jesús que hemos dedicado un capítulo temático para identificar la fuente evangélica de la que Pablo se hace deudor, tenemos que recordar del Evangelio de Juan el capítulo 15:12, en referencia al mandamiento nuevo que Jesucristo nos lega: “amaos los unos a los otros como yo es amado”. En cuanto a la humildad lo podemos ver en Mt. 23:12.
En cuanto a los pensamientos arrogantes, y a conducirse de manera asertiva, y no impositiva en la opinión propia haciéndola prevalecer a toda costa, Pablo había aludido a ello en el capítulo 11:20. Toda esta ideología, primero de Jesús y después Pablo, como muy bien señala Esler,[8] es contracultural. El asociarse con los sencillos, e incluso con los más desgraciados de la sociedad humana que han venido a ser cristianos, el amarse, y dando prioridad en el honor al otro, no coincide con la manera cultural de la sociedad en general en la que se desenvolvían los cristianos de Roma. Pero si querían romper con la perpetuación que supone amoldarse a este mundo, deberían manifestar su identidad común tanto los unos como los otros. Hay cosas, aparentemente sencillas, que cuando uno está en su onda, enfoca las relaciones de modo positivo y de acuerdo al esquema de Pablo ¿Qué cosas son esas? (Rm. 12:13, 15): “El contribuir a las necesidades de los santos”. Pablo ya se había dirigido en el comienzo de su carta a los cristianos de Roma como “los llamados a ser santos” (cf. Rm. 1:7). Ahora les está diciendo que se deben ocupar de las necesidades de los de su propia comunidad, denominándoles santos. Gesto extraordinario para motivarse por el amor que transforma el carácter. Si hubiera entre vosotros pobres, o enfermos, cuando les estéis ayudando, lo estaréis haciendo a santos. También se podría hacer referencia a aquellos cristianos itinerantes que en la dedicación del avance del Evangelio necesitan cubrir las necesidades que lleva consigo esa predicación del Evangelio. “Practicando la hospitalidad”: En verdad que una manera de conocerse mejor, y de aprender de los aspectos positivos de unos y de otros, a la vez que se desarrolla la amistad, se puede llevar a cabo practicando la hospitalidad. “Alegraos con los que se alegran” “y llorad con los que lloran”: Identificaros de tal modo que contribuya, en el primer caso a contagiaros a vosotros de la alegría que a lo mejor la estáis necesitando. Y en el segundo caso a comprender al otro de tal manera, que le podáis ayudar a sobrellevar la carga por la que llora, y a lo mejor también repercute en vosotros mostrándoos que vuestra propia “pena” si la hubiera habido, era una menudencia.
Ahora tratemos los aspectos que podrían tener que ver con los de fuera, aunque no debemos descartar que se pudiera aludir también a los de dentro.[9]
La expulsión de los judeos de Roma por Claudio, a cusa de altercados producidos por un tal “Cristo” ¿Incluyó a cristianos gentiles que por confusión los oficiales romanos encargados de esa expulsión, también los agregaron al mismo “montón”? ¿O por el contrario los cristianos gentiles que estaban enzarzados con judeos, puede ser de la sinagoga, y con judeos cristianos que como Aquila y Priscila sufren este tipo de expulsión, contribuyeran delante de las autoridades romanas a dejar bien claro que ellos no eran judeos? (cf. Hech. 18:1, 2). ¿Pudieron delatar como judeos, a diferencia de ellos, a sus correligionarios judeos cristianos? Podría ser. Si fuera así las cláusulas (Rm. 12:14, 17-21) que su aceptación configuran una manera de practicar la identidad cristiana en la vertiente del amor podría referirse a las relaciones a mantener tanto con cristianos de dentro, como con personas de fuera.
“Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis” Desde luego esta enseñanza tiene un equivalente predecesor en Mt. 5:44 (Lc. 6:27, 28), viéndose complementada con el amor a los enemigos que estaría incluido “no paguéis a nadie mal por mal”. La vinculación de estas palabras de Pablo (Rm. 12:17 cf. 1ª Tes. 5:15) con los dichos del Jesús histórico cobra, una vez más, una realidad y seguridad única.[10]
“No devolváis mal por mal, procurando lo mejor delante de todos” “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros estad en paz con todos, no os venguéis vosotros mismos, por cuanto está escrito que Dios intervendrá en lugar vuestro”. “Antes bien, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber, ya que al actuar así, amontonarás ascuas sobre su cabeza”. “No te dejes vencer por el mal; antes bien vence al mal con el bien” (Rm. 12:17-21).
Si bien podría parecer que Pablo sigue una línea moral estoica, Esler que ha estudiado este extremo,[11] nos dice no solamente el enfoque diferente que Pablo expresa, sino lo que supone una posición moral que reclama responder al mal con el bien, asunto del que los estoicos no participan. Pero todavía más, esto no se ha de aplicar únicamente para los de dentro sino también para los de fuera.
- Ø ¿Cómo lo habían estado cumpliendo las iglesias de Roma?
Ya hemos explicado en todo nuestro estudio los motivos que genera el escrito de la epístola a los Romanos. Primeramente Pablo les ha mostrado cuáles había sido las causas por las que han llegado a los conflictos. Al no entender la condición de pecado con la que se viene a este mundo, y al no conocer lo que Dios nos provee para tal efecto, habían dado rienda suelta a lo que expresa su naturaleza contaminada por la ruptura en su relación con Dios. Desconocían lo que estaba implicado en Cristo, del plan de Dios en cuanto a la salvación. Y lo más grave el estatus del Remanente Israel había hecho el ser engreídos para con ellos. Pablo les explica cuál ha de ser el comportamiento de un cristiano sea judeo o gentil si auténticamente se ha conocido a Dios y al Mesías. Ahora, mediante el capítulo 12 les está indicando el camino a seguir para resolver los conflictos y no tenerlos
- Ø ¿Cómo se ha cumplido en la historia?
Muy mal. Al final hubo una ruptura con Israel. No se entendió que los gentiles se han añadido a “su pueblo” (cf. Rm. 15:9, 10 cf. Ef. 2:12-14), y que era la raíz lo que les sustentaba y no al revés (Rm. 11:16-18). No se supo mantener lo que implicaba una eclesiología fundada sobre la piedra angular del judeo Mesías, y formada por el Israel, el pueblo no desechado, y representado por un Remanente apostólico, al que se añaden piedras judeas que no rechazaron al Mesías; el Olivo al que se fueron añadiendo, durante toda la historia desde la primera venida hasta la segunda, diferentes “piedras vivas” ramas desgajadas judeas y olivos silvestres que se injertan al Olivo, los unos, judeos que habían rechazado al Mesías pero que se arrepienten, de forma natural; y los otros, gentiles “contra naturaleza; pero todos, judeos y gentiles cristianos por misericordia de Dios, haciendo crecer el edificio de la Iglesia.
Hubo una persecución sistemática contra los judeos durante los siglos hasta el XX. Durante la época nazi, se delataron a judeos cristianos, por cristianos gentiles, independientemente de que hubiera cristianos coherentes que ayudaron a los judeos, fueran o no estos cristianos.
La conducta, entre sí, de los que se denominaban cristianos, ha sido infame. El llamado cristianismo ha sido el más perseguidor de todos, además de organizar guerras y diferentes delitos. Todo eso de la identidad cristiana en cuanto al amor, pura superchería. Por cierto ha habido excepciones extraordinarias en cada momento de la historia. Y especialmente ahora cuando el Remanente final (Ap. 12:17) que se ha consagrado como tal después de cumplir con su identidad de origen, volviendo a las fuentes plenamente, y reconociendo la fuente eclesial judeo-apostólica, basada en la piedra angular Jesucristo, juntamente con todo lo que implica, en el plano ideológico el Reino de Dios, con su Ley real, el nuevo pacto, y la obra celeste del Mesías, llevada a cabo por el Hijo del Hombre terrestre y celestial, que una vez terminada la obra de acabar con los enemigos de Dios, volverá en su segunda Venida.
- Ø ¿Y cómo lo estoy cumpliendo yo?
De acuerdo a las pautas que presenta este bosquejo que a continuación exponemos. Todos esos puntos habrá que explicarlos convenientemente y en profundidad y lo haremos en próximos números:
1) Nuestra identidad tiene que ver con el nacer de arriba y la adquisición de la vocación celeste y del Reino de Dios experimentando el ministerio celeste de Cristo
- Jn. 3:3, 9, 12, 13 (cf. Mc. 1:14, 15; Mt. 6:33; Jn. 12:31) cf. Mt. 26:63, 64 cf. Lc. 17:22-30 cf. Rm. 8:34; Col. 3:1-4; Ef. 1:3 {1:20}; Hb. 1:3, 13; 10:11, 12; 8:1, 2-6 cf. Dn. 7:13, 14; 8, 9, 12).
· El Hijo del Hombre en el final de su ministerio en la tierra (cf. Mt. 26:63, 64 y paralelos cf. Jn. 12:23, 32-34)[12]
Jesucristo había empezado enseñando su obra terrestre y celeste desde el principio de su ministerio. Les lleva ya a sus discípulos a la investigación sobre su persona. Continuamente el uso del deráš péšer [13]Hijo del Hombre en los diferentes dichos de Jesús y acontecimientos va confirmando su ministerio prolongado más allá de su actividad terrestre. Ahora Mt. 26:63, 64 y paralelos marcará un antes y un después que nos llevará, teniendo en cuenta los demás pasajes ya analizados, a una profundización de los valores de la expresión Hijo del Hombre, y que solo Jesús pudo decir y explicar.
Estamos observando que no ha pasado desapercibido por los estudiosos el que los autores del Nuevo Testamento recurran al método derásico para ofrecernos una interpretación lo más completa posible respecto al cumplimiento de la obra mesiánica.[14]
Nótese el pasaje de Mateo 26:63, 64 (cf. Mc. 14:61, 62). La pregunta del Sumo Sacerdote es directa sobre Jesús: ¿Eres el Cristo, el Hijo de Dios? [15] Jesús, no sólo responde afirmativamente, sino que añade, que a partir de entonces “veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios viniendo en las nubes”.
Jesucristo les viene a decir:
1) Me vais a matar, cuando lo hagáis debéis saber que la maquinaria sobre el Hijo del Hombre se va a poner en marcha; 2) Me estáis juzgando a mí que soy el Hijo del Hombre de Daniel 7:13, 14, 22, 26 que aparezco en esa escena celestial de juicio; 3) Si vais a dónde está el Hijo del Hombre, lo veréis sentado a la diestra de Dios; 4) Viniendo en las nubes. ¿Qué significa todo esto?
Al responder afirmativamente respecto a que es el Mesías, el “Hijo de Dios” y añadir después que se trata del Hijo del Hombre, sentado a la diestra del poder de Dios, y que lo verían, desde entonces (desde ahora veréis), viniendo en las nubes, está citando los dos momentos que Daniel en 7:13 (cf. 8:14, 11-13), y 9:24, 25-27, indican.
Pero noten que al recurrir Jesús de esta manera, realiza “derás”. [16] Está tomando la profecía de Daniel en una posición que trasmite un valor doctrinal de primera categoría. [17] En efecto se está identificando, con el Mesías de Daniel 9:24, 25, que muere (9:26 pp., 27 pp.), y que inaugura un Santuario (9:24 up., cf. 9:26 sp.). Pero al mismo tiempo identifica al Mesías con el Hijo del Hombre, y Daniel identifica al Mesías del capítulo 9 (9:24, 25-27), con el Hijo del Hombre de Daniel 7:13. Pero, veremos en otro de nuestros números de la revista “Identidad cristiana y el Olivo” que Daniel 9:24, 25-27 es el complemento de Daniel 8. Y en Daniel 8 11-14 aparece un Príncipe, que es el Príncipe de los príncipes (cf. 8:25, 23, 24), con su Continuo y Santuario, que el Cuerno desvaloriza y obstaculiza su acceso a él, mediante una ideología impositora que dificulta la comprensión del Continuo y el Santuario del Príncipe. Y que se garantiza que habrá solución histórica a ese problema, a los 2300 días proféticos, porque a partir de entonces se dará a conocer todo lo relativo a ese asunto de los valores de la funcionalidad del Santuario del Príncipe, coincidiendo, precisamente, con la rehabilitación – purificación –justificación de ese Santuario.
Pero claro, tal como estamos viendo, cuando Jesús cita, ante los dirigentes judíos, al Hijo del Hombre, sentado a la diestra y viniendo en las nubes, está aludiendo al Hijo del Hombre de Daniel 7:13, [18] donde la venida en las nubes no es a esta tierra sino hacia el “Anciano de días”. Y que de acuerdo a la ubicación textual, entronca al final de los tiempos, teniendo un carácter de juicio favorable para el pueblo de Dios, al que después de haber experimentado el juicio favorable (Dn. 7:22, 21), se le entrega el Reino (7:22 úp. cf. 7:14). Pero esto está en paralelo cronológico y de contenido ideológico con Daniel 8:14.
Jesús es consciente, al citar de este modo la Escritura, que está diciéndoles a los dirigentes judíos que le están juzgando: “estáis juzgando al Hijo del Hombre de Daniel, que, si recurrís a la Escritura de Daniel 7:13, podéis verle viniendo en las nubes hacia el Anciano de Días para presidir el Juicio”, para luego volver en nubes también en ocasión de su segunda venida (Dn. 7:14). Este es el Juicio de Dios, el que merece la pena experimentar. Lo que estáis haciendo vosotros es una injusticia con el Hijo del Hombre que ha de recibir el Poder. Precisamente, con mi muerte, estáis introduciendo, y haciendo posible el que se cumplan las escenas descritas del Hijo del Hombre “sentado a la diestra y viniendo en las nubes”. [19]
- Quién es el Hijo del Hombre, y el modo de acercarse al Anciano de días
Dada la magnitud de su obra y mensaje, la expresión “Hijo del Hombre” (vn”ßa/ rb:ïK. {Kübar ´énäš) es la que corresponde a un ser celestial.
Es muy importante la manera en que los verbos hebreos describen la venida y llegada al Anciano de Días. Los tres son diferentes. El primero (hw”+h] hteäa’{´ätË háwâ}) es una forma compuesta por un participio del verbo venir y un perfecto del verbo ser: “viniendo estaba”; el segundo es un perfecto (hj’êm.{mü†â}): “se acercó”; y el tercero es un perfecto en forma causativa (yhiWb)r>q.{qrübûºhî}): lo “condujeron”. El antecedente de todos estos verbos, orientándolos, es la frase “las nubes del cielo”.
Cualquiera que comprueba esta forma de presentarse los verbos, [20] descubre una intencionalidad para describirnos un proceso en el moverse hacia el Anciano de días: se trata de alcanzar al Anciano de días cada vez más cerca: “está alcanzando estar más cerca, llega a estar más cerca, y todavía ha llegado a estar más cerca de Él”.
Este proceso de cercanía deberíamos entenderlo en términos funcionales, puesto que se introduce, por Jesús, mediante la función de estar sentado a la diestra de Dios Desde un cierto momento histórico que proyectaría una nueva función “está con el Anciano de días”, pero dado su nuevo cambio funcional, se sigue describiendo como llegando a estar más cerca, y en una nueva función se describe de nuevo como más cerca.
La repetición, por otra parte, de tres veces, muy usual en la apocalíptica, para describirnos lo máximo o lo sumo de un plan, de una característica determinada, o de un proceso planificado con una misión concretamente celestial en este caso, aporta un contenido complementario a nuestra deducción.
La métrica configura una estructura poética señalándose la misma característica para el movimiento de cercanía hacia el Anciano de días: Estaríamos, según los especialistas “en presencia de tres tipos de composición poéticas que han sido redactadas según una métrica decreciente, el Hijo del hombre aproximándose cada vez más cerca del anciano de días. Esta métrica va de un golpe de 8 acentos tónicos con el verbo al fin, en una línea de 4 acentos tónicos con el verbo al fin, y en una línea de 2 acentos tónicos con el verbo al final”. [21]
El vehículo de las “nubes del cielo”,[22] se trataría de una teofanía marcada por miríadas de ángeles, mostrándonos que lo que se transporta es un ser celestial afín a la divinidad eterna.
Este vehículo que arropa y transporta del algún modo al Hijo del Hombre combinado con las construcciones verbales y poéticas, nos mostraría una entrada en escena a fin de realizar diferente funciones, evidenciando que la cercanía ha partido del exterior hasta el interior.
La llegada a lo más cerca del Anciano de Días, mediante la secuencia proyectada por el tercer verbo, nos provee el texto la función del juicio. La identificación del Hijo del Hombre con el Príncipe del ejército que ejerce un continuo en su Santuario (cf. Dn. 8:11), durante todo el tiempo en que el cuerno pequeño de Daniel 8 se dedica a desvalorizar el continuo del Príncipe, nos provee una función anterior a esa del juicio, evidenciada en la secuencia proyecta por el segundo verbo; esa del juicio está, a su vez, representada en el texto de Daniel 8:14. El nuevo testamento [23] nos provee, con la identidad que el Mesías Jesús hace con el Hijo del Hombre de Daniel (cf. Jn. 3:13, 14; Lc. 17:22-30), y con su movimiento de ascender y sentarse a la diestra de Dios (cf. Mt. 26:63, 64; Hb. 1:3 cf. Sal. 110:1), la primera función de acercarse, origen posicional que abarca las demás funciones a realizarse en el tiempo a fin de acabar con los enemigos de Dios y del ser humano (cf. Hb. 10:12, 13), y que está introducida por el movimiento del primer verbo.
El retorno del Hijo del Hombre se nos presenta, transformando las “nubes del cielo” en el recibir el reino, dominio y poder característicos de la divinidad, y nos marca el fin de la función del juicio (Dn. 7:14), y el comienzo del traspaso de la garantía de la eliminación del pecado y del resto de los enemigos de Dios, al pueblo de los Santos. Dándosenos a entender, cuando esto suceda, que el recibir ese dominio el pueblo, supone que el Hijo del Hombre ha conseguido en esas funciones a la diestra de Dios, la destrucción de los enemigos, y su posesión del Reino no tiene ningún enemigo (cf. 1ª Cor. 15:23, 24, 25, 26).
La identidad del Hijo del Hombre con el Príncipe del Ejército (Dn. 8:11), y con el Príncipe de los príncipes (Dn. 8:25, atestiguada por la identidad de los acontecimientos y actividades relacionados con el Hijo del Hombre de Daniel 7:13, nos lleva a identificarlo con el Príncipe Mesías de Daniel 9:25, 26, por la identidad obligada del Príncipe Mesías con el Príncipe del ejército y Príncipe de los príncipes de Daniel 8. [24]
Es evidente que desde su ascensión la ubicación de su funcionalidad global ha sido la de estar a la “diestra de Dios”.
Según este proceso, la venida en las nubes de Mateo 26:64 se ve complementada con Daniel 7:13, por cuanto, la escena de la venida de las nubes de Daniel 7:13 se ha de interpretar como ubicada en tres momentos distintos, de acuerdo a los tres verbos distintos que se emplea para describir esa llegada en la nubes hasta el Anciano, y que abarca una secuencia temporal expresada en funciones del Hijo del Hombre con el Anciano de días: desde la Ascensión (Lc. 22:67-69 cf. Mc. 16:19 cf. Hech. 1:6-9, 10, 11), unida a su ministerio continuo que se inicia en ocasión del Santuario inaugurado (Dn. 9:24 úp. cf. 8:11-13, 14), hasta llegar a la marcada por el Juicio (Dn. 7:13, 9, 10, 22, 26 cf. 8:14, 11), y la que se inicia a partir de recibir el Reino que se prolonga hasta segunda Venida (Dn. 7:14, 13, 9, 10, 22, 26 cf. Mt. 24:30).
En conclusión, cada vez que se menciona el deráš péšer Hijo del Hombre en el contexto de su muerte-pasión se nos está diciendo al mismo tiempo que el Hijo del Hombre no muere definitivamente, sino que su muerte real será revertida mediante la resurrección y ministerio celeste, volviendo en una segunda Venida.
Al hacer este recurso, Jesús está dando valor a esa época de Juicio, [25] que entroncada en paralelo con el segundo momento histórico de la funcionalidad del Santuario (Dn. 7:13, 9-12 cf. 8:14, 11-13; 9:24, 25-27) está profetizándonos que el juicio del día de las expiaciones del Santuario terrenal, tendrá un cumplimiento con el verdadero Mesías. Jesús al aplicarse estos textos, nos está diciendo que después de que el Cordero de Dios dé su vida por el pecado (Jn. 1:29), ascenderá al Santuario de Dios (“sentándose a la diestra de Dios”) de acuerdo al sacerdocio de Melquisedec (Sal. 110: 1-5 cf. Mt. 22:43, 44), ejercerá como Sacerdote donde se implica la intercesión, y convierte definitivamente, por el cumplimiento anunciado proféticamente en Daniel 7:13 (cf. 8:11-14; 9:24, 25-27 pp.), al día de las expiaciones relativo al Santuario terrenal en tipológico. Muestra la validez de esa tipología del día de las expiaciones mediante la realidad que se cumple en él y en los acontecimientos señalados para él. Daniel nos anunciaba, usando el Santuario terrenal derásicamente, que dicho Santuario señalaba en su realidad virtual para el pueblo de Israel, que existía un Santuario del Príncipe Mesías, que sería sacrificado en el atrio de esta tierra (9:26 pp.), antes de la inauguración del Santuario (cf. 9:24), y una vez dedicado dicho Santuario del Príncipe Mesías, se le ve ejercer en un Continuo ministerio sacerdotal (8:11-13 cf. Sal. 110:1-5), destacándose en su funcionalidad temporal e ideológica ese ministerio Continuo en el Santuario del Mesías (Dn. 9:24) correspondiente a un día de las expiaciones antitipo (Dn. 8:14; 7:13, 9, 10, 22), de acuerdo al día de las expiaciones tipológico ofrecido en la funcionalidad del Santuario terrenal. El Nuevo Testamento recoge derásicamente este cumplimiento bifásico aplicándoselo a la obra y persona del Mesías Jesús de Nazaret, basándose en Daniel que nos presenta a su vez la obra del Mesías dentro del marco del Santuario del Mesías, y ejerciendo en él, de acuerdo al Santuario terrenal, y que dado el uso que tanto Daniel como el Nuevo Testamento utilizan, lo consideran como una tipología de la realidad presente del Príncipe Mesías en su Santuario.[26]
Podemos concluir con este conjunto de textos seleccionados[27] sobre el Hijo del Hombre y teniendo en cuenta el deráš péšer Hijo del Hombre, que Jesucristo al identificarse tanto al comienzo de su labor de predicación sobre el reino de Dios, como cuando lo hace a éste presente mientras duraba su ministerio, como además cuando lo refiere al final relacionándolo con su muerte y pasión, nos está trayendo una constante, independientemente de lo que ya hemos dicho en las diferentes conclusiones de los pasajes seleccionados que se refieren al Hijo del Hombre, que desde el principio Jesucristo es consciente de su personalidad y misión. No se podrían citar estos textos sin que hubiera una seguridad para ello ¿Qué hubiera ocurrido si Jesús no hubiera mencionado lo que Juan nos trae sobre el Hijo del Hombre al comienzo de su ministerio y en relación a su final? Que ahora se estaría argumentando que Jesucristo no tenía conciencia mesiánica ni de la muerte como resultado de su obra de predicación de retorno al Padre, de reconciliación con nuestras raíces. Y esto que acabo de afirmar no es una interpretación teológica que yo esté haciendo, sino la constatación que me muestran los textos: Juan, el primer evangelio escrito junto al de Mateo, me está descubriendo en todo el contexto donde inserta lo del Hijo del Hombre que está en el cielo de acuerdo a lo que nos presenta Daniel, pero al mismo tiempo descendido, que sería levantado como la serpiente de bronce de Moisés[28] anunciando su levantamiento (Jn. 3:13, 14 cf. 12:32, 33), muriendo por la humanidad como consecuencia de su obra de predicación y de hacerla efectiva. Esto iba a implicar desde el principio un replanteamiento de la religión de Israel. Si el Hijo del Hombre está aquí y se identifica con el Mesías todos los valores y contenidos que prefiguraban a ese Hijo del Hombre y al Mesías tendría su cumplimiento ¿Y entonces? Que Israel como nación que subsistía con los valores religiosos del llamado A.T., representada por sus dirigentes principales, debía dejar paso a la nueva dimensión que traía ese Hijo del Hombre mesiánico (cf. Jn. 4:19-26), y eso significaba o la conversión a la nueva del Hijo del Hombre con todo lo que implicaba de abandono de sus privilegios económicos e institucionales, o perpetuarse en el poder, mediante el rechazo del Hijo del Hombre, que paradójicamente esa promesa, la de la venida del Hijo del Hombre, le confería precisamente su razón de ser: el colaborar en la preparación de la venida del Mesías, y en su promoción e instauración. Es decir, Israel representada por sus dirigentes recibió esos privilegios hasta que llegara el Hijo del Hombre mesiánico anunciado. Ahora cuando llega ese Hijo del Hombre, sigue queriéndose mantener con su estatus, con lo que crea un obstáculo a la obra de salvación anunciada para el hijo del Hombre mesiánico, y un conflicto personal de intereses entre los dirigentes representativos de Israel con Jesús de Nazaret identificado con el Hijo del Hombre mesiánico, y que contribuirá a que la muerte de Jesús se haga necesaria, vicaria y expiatoria, al no rechazar Jesús sus posiciones mesiánicas, evidenciándose lo que va resultando de esa ruptura con la fuente de la vida que es Dios mediante la transgresión o desobediencia que introdujo, primero el Maligno, luego Adán seducido por aquel.
El Hijo del Hombre se inserta desde el principio con el reino de Dios (Jn. 3:12-21 cf. 3:3, 5, 12, 1-21 cf. Mt. 4:17, 23 cf. Mc. 1:14, 15), y con el Mesías (Lc. 4:16-20 cf. 4:43, 44), para dejar clara su identidad y misión. Y los dirigentes representativos vayan tomando nota respecto al valor e importancia de la salvación que el Hijo del Hombre mesiánico traía. Esa salvación suponía cambios profundos tanto en lo personal de cada uno como en lo institucional representado por el colectivo directivo.[29]
Ahora podemos entender mejor la enigmática frase “nadie ha subido al cielo sino el que ha descendido del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo” (Jn. 3:12, 13): “Nadie ha subido al cielo, por cuanto nadie ha descendido del cielo”, nadie tiene un origen celeste “como yo”, con una misión a realizar tanto aquí en esta tierra como en el cielo. Y ese origen celeste con esa misión terrestre –celeste, implica la manifestación del Mesías de acuerdo a lo que reclama el texto que se está citando de Daniel: 1) Descenso del cielo a la tierra del Mesías; [30] 2) la muerte del Mesías (cf. Jn. 3:14; Dn. 9:26 pp, 27 pp.); 3) una subida al cielo programada de acuerdo al plan de Dios respecto al Mesías a fin de que se vea el “estar en el cielo” ejerciendo un ministerio continuo que está como a cumplirse en el Santuario Celeste en dos momentos distintos: el correspondiente a la funcionalidad del lugar Santo y a la del Santísimo (Dn. 8:11, 14; 7:13, 9, 10, 22 cf. Isa. 53:10-12 cf. Hb. 8:1-8, 9).
Jesucristo con estos textos, nos sitúa en el cielo y en la tierra; únicamente tenemos que tomar como punto de referencia al Hijo del Hombre junto a las expresiones que le acompañan: subiendo al cielo (Jn. 3:13 pp.), estando en el cielo (Jn. 3:13 úp.), descendido del cielo a la tierra (3:13 sp.), y levantado de la tierra hasta donde está lo que se dice del Hijo del Hombre que se ha de cumplir (3:14), y podremos construir el cuadro misionero que Jesucristo pretendía mostrarnos.
Siendo como soy el Hijo del Hombre que señala Daniel, aunque esté en la tierra, habiendo descendido del cielo (porque soy el Hijo del Hombre), seguiré estando en el cielo, por cuanto aunque esté descendido y fuese levantado de esta tierra, el Hijo del Hombre celestial indicado por Daniel, sigue estando ahí, de acuerdo a la profecía de Daniel, proclamando que he de cumplir una tarea celestial futura, después de que haya dejado de estar descendido en la tierra. Cuando comparamos estos textos con Juan 6:53, 62, la temática se amplía, y se complementa de forma magistral.
Jesucristo se identifica con el Hijo del Hombre señalado por Dios Padre para dar la comida espiritual que a vida eterna permanece (Jn. 6:27 cf. 6:33, 35). Una vez más la referencia Hijo del Hombre hace su aparición. De nuevo tendremos que ir a donde aparece ese Hijo del Hombre (Dn. 7:13, 14; 8:11, 14 cf. 9:24, 25-27 pp.), y estudiar los contenidos y contexto, y comprobar el valor del uso derásico que Jesús de Nazaret está haciendo.
Una vez más el descenso del cielo (Jn. 6:33, 41, 42) es imprescindible para que entendamos esa obra terrestre y celeste del señalado por el Padre. Si Jesús es el pan del cielo, es imprescindible comer ese pan del cielo, es decir, ir a él, y creer en él, acercarse a donde ese pan está (Jn. 6:35 cf. Dn. 7:13, 14; 8:11, 14; 9:24, 25-27 pp.), y comerlo y beberlo; es decir: absorber lo que implica y significa ese Hijo del Hombre celestial (Jn. 6:53), y entonces subiremos al cielo adonde primero estaba (Jn. 6:62), y experimentaremos el poder o espíritu y la vida (Jn. 6:63). En conclusión, comer y beber al Hijo del Hombre implica un análisis de la persona y obra de ese Hijo del Hombre expuesto por Daniel, y creer en él.
Se proclama el origen celestial del Hijo del Hombre, su descenso a la tierra, y la necesidad de comprender la obra celestial de ese Hijo del Hombre en su Continuo Ministerio, porque eso, eso es verdadera comida y bebida para la existencia personal de cada ser humano.
Ahora cada vez que Jesús use el deráš Hijo del Hombre nos estará instando a nuestra vocación celeste: a elevarnos por encima de este mundo terrestre, para experimentar lo celestial. “Comer la carne y beber la sangre del Hijo del Hombre, consiste en experimentar la ideología de lo que supone la referencia al ministerio celestial” (cf. Juan 6:53-56 cf. Dn. 7:13; 8:11, 12).
El descanso que nos sugiere Jesús (Mt. 11:28-30, 27), está conectado con el Señorío del Hijo del Hombre respecto al Sabat (cf. Mc. 2:27, 28) que lo convierte en celestial por ser el Hijo del Hombre que ministra en su Santuario Celestial, y por la relación con el reposo eterno de Dios (cf. Hb. 4), y con ese ministerio en su Santuario (Hb. 4:14-16).
El mensaje central de Jesús: el Reino de Dios o de los cielos está hablándonos de la manifestación de la vocación celeste aquí ya en la tierra, mediante la aceptación de la ideología divina que se expresa en los contenidos del Reino de Dios (Mt. 6:33 cf. Mc. 1:14, 15; Jn. 3:3 cf. 3:12, 13, 5). “Nacer de agua” (Jn. 3:5) implica a la “acción de limpieza de Dios” que se efectúa cuando los principios de su Reino expresados en la Palabra revelada, se aceptan y se confrontan con los del reino de este mundo, arrepintiéndose de seguir perteneciendo a ese reino mundanal (Mc. 1:14, 15 cf. Jn. 12; 31), mediante la obra del Espíritu Santo (Jn. 3:5).
Es el Hijo del Hombre el protagonista principal de las parábolas del Reino (Mt. 13:37-41); y será preciso conectarlo con el deráš Hijo del Hombre para una correcta y mejor comprensión de la adquisición y permanencia de nuestra vocación celeste.
La escena de la curación del paralítico mediante el poder del perdón de los pecados (Mt. 9:1-8) nos conecta con la obra terrestre y celeste del Hijo del Hombre (cf. Dn. 7:13; 8:11, 13, 14; 9:24, 25-27).
· La recuperación de la identidad cristiana mediante la experiencia del bautismo y el ser lleno del Espíritu Santo: el don de pastor y el don profético
Dios ha procurado dones carismáticos, no meramente naturales, para edificación de la Iglesia (1ª Cor. 12:1, 7-11, 28-31 cf. Ef. 4:7, 8, 11, 12). Evidentemente los dones han sido dados para servicio de la iglesia (1ª Cor. 12:1, 7 cf. 14:12), y han de someterse a la sola Escritura (1ª Cor. 14:32 cf. 1ª Cor. 4:6).
Todos deberíamos procurar los mejores dones, de acuerdo a la orientación que nos pueden dar nuestros propios dones naturales sometidos al señorío de Jesucristo (12:31 cf. 12:7, 11). Los dones se complementan. Tanto el de pastor como el profético. Hemos visto por Efesios que el “pastor” se le clasifica como don carismático. Es por ello que su autoridad espiritual supone una sujeción (cf. Hb. 13:7, 17)
Lamentablemente no todos los pastores manifiestan tener el don carismático de pastor (Ef. 4:8, 11-13 cf. 1ª Cor. 12:28, 8, 7-11, 28-31 cf. Hb. 13:7, 17).[31]
El que, después de cumplir con los requisitos recomendados por la revelación, y que la Iglesia debe salvaguardar, y es escogido por ésta a fin de testimoniar de que el don se manifiesta (nótese que la Iglesia puede no estar identificando convenientemente los mecanismos por los que el don se da, o bien considera e interpreta que lo manifestado hasta entonces es suficiente para que el don se tuviera que dar {aunque podría no darse}, debería de manifestarse estar en connivencia con el Espíritu, tanto en la recepción del don como con el gesto litúrgico del ordenamiento ministerial, de la manifestación de ese don del Espíritu Santo.
Cuando una persona decide aceptar el llamamiento celestial para la recepción del don de pastor, y de acuerdo, en general, a los requerimientos impuestos por la propia Iglesia guiada por el Espíritu Santo, y a las características de lo que el Espíritu quiere (1ª Cor. 12:7, 11, 31pp. Cf. Hech. 9:15-22; 13:1-3), se ha de comprobar el don mediante la comprensión de la Palabra y de la enseñanza de ésta. El don no confiere ningún tipo de perfección especial ni de atribución infalible pero se manifiesta poseyendo la capacidad y posibilidad de interpretar el texto sirviendo a la Iglesia para ese menester. No en todos se manifiesta el mismo grado de comprensión, puesto que el don carismático no prescinde de los dones dotados por creación, y desarrollados después de modo natural, de acuerdo a las posibilidades de cada uno, pero sí que cada uno dotado con dicho don carismático lo reclama a Dios en su estudio personal bíblico, y lo proyecta con la seguridad de que el Espíritu lo hace servir para conocimiento que lleva a vida eterna.
En los resultados de don genuino, no puede haber nada que contradiga a la enseñanza que el consenso magisterial de la iglesia ha obtenido. Pero sí que puede complementar, corregir, y ayudar a comprender mejor el plan de Dios expuesto por ese consenso magisterial eclesiástico.[32]
¿Cómo se compagina el don de pastor y el don profético?
Elena White propone que nunca debe utilizarse sus escritos con la finalidad de imponer una doctrina: la “sola Escritura” sería suficiente. Se trata de la “luz menor que lleva a la luz mayor”. Noten bien esa expresión con que se ha caracterizado al don profético. La luz menor no debe utilizarse si no es con el propósito de reintegrarme a la luz mayor. Si lo utilizo cumpliendo con ese propósito, mientras la luz menor me está llevando a la luz mayor, no puedo decir nunca: “Elena White dice o el don profético dice”. Y cuando la luz menor me ha llevado a la luz mayor, cuando ya estoy en la luz mayor, entonces habría que afirmar “La sola escritura dice”. A partir de ahí cualquier lectura de la luz menor debe someterse la “luz mayor”, una vez que nos hayamos reintegrado a ella gracias al cometido de la luz menor
Siempre me he sentido libre de estudiar la Biblia de acuerdo al don de doctor; bien por lo que se refiere a lo que otros pueden manifestar de dicho don, o bien por lo que el Señor ha podido ofrecerme a mí. Pero también es cierto que nunca, hasta el momento, me he sentido molesto o contrariado con los puntos de vista teológicos que se expresan mediante el don profético manifestado en Elena White. Incluso a veces, cuando mi entendimiento se ha estancado o no ha comprendido un tema determinado, y he consultado el don profético he comprobado, una vez abierto el entendimiento que el punto de vista reflejado por el don profético era totalmente correcto.
¿Quiere esto decir que nunca me hace falta consultar previamente al Espíritu de Profecía testimoniado en Elena White? En varias ocasiones lo hago, pero nunca asumo su punto de vista si antes no puedo comprobarlo claramente para mi espíritu en la propia Palabra de Dios. Esta actitud está conforme con la propia razón de la existencia del don o carisma. El don espiritual (profético) no ha sido dado para perpetuar una holgazanería en el estudio de la Palabra de Dios, sino sobre todo es un servicio iluminador y ratificador. Observo el fenómeno, de que cuando consulto a Elena White, bien para cerciorarme o asegurarme, o bien para encontrar luz o comprensión ante un posible bloqueo que se ha conseguido en mi mente sobre un problema bíblico determinado, se produce, si se trata del primer caso, una mayor confianza y una mayor necesidad de profundizar y consolidar el contenido y significado del texto, puesto que en ocasiones hay matizaciones que señalan aspectos del texto que sería más costoso y dificultoso descubrir; en el segundo caso, cuando la incomunicación y la falta de luz es la nota dominante, se origina, en referencia al comentario de Elena White, un inicio de la apertura de mi entendimiento bíblico que me permite despejar las incógnitas y aclarar la cuestión desconocida hasta ese momento.
De cualquier forma cuando descubro luz en el don profético respecto a un punto de la Biblia, tendré que presentar con la Biblia y la Biblia sola el descubrimiento.
También he notado que en ocasiones el profeta simplifica, resume en sus resultados finales el valor de un texto o de una doctrina que aun cuando tiene su base no ha explicado suficientemente. Incluso a veces ofrece una interpretación restringida a un propósito práctico e histórico, sin pretender distinguir todos los asuntos en relación a ese otro aspecto. Y entonces el “don de pastor o doctor” puede complementar al don profético con una explicación más amplia.
Todo esto me muestra que los dones espirituales que el Espíritu Santo reparte a quien quiere y como quiere se complementan. Que el oficio de Elena White, aunque a veces se comporte como tal, no es el de hacer teología ni el ser historiadora sino el de ser ayuda para la formulación doctrinal y servir de orientación y dirección, necesitando en muchas ocasiones el complemento de otros dones como el de doctor o pastor.
¿Qué es ser lleno del Espíritu Santo?
Cuando una persona se deja llevar por la experiencia marcada por el Espíritu Santo de acuerdo a lo que la revelación nos indica: Jn. 16:7, 8; 14:26 16:13; Rm. 2:4, se produce el sumergimiento (bautismo) en el Espíritu Santo. Ser lleno del Espíritu Santo significa experimentar el bautismo del Espíritu Santo en todo el itinerario de crecimiento que resulta de dejarte llevar por Él en cumplimiento de la promesa que el Mesías nos indica en los textos precitados. Y solicitar, de acuerdo a la experiencia realizada a partir del bautismo del Espíritu Santo y de ser lleno en cumplimiento en ese crecimiento, el poder del Espíritu Santo a fin de afrontar los objetivos de crecimiento y de renovación continua ante las nuevas metas y compromisos que requiere la permanencia en la vida cristiana y en la prosecución de lo implicado en la predicación del Evangelio, en contribución al retorno de Jesucristo. Cuando tú compruebas que de acuerdo a la iniciativa divina has sido convencido de pecado (Jn.14:) mostrándote la evidencia de tu problemática existencial, y llevándote al arrepentimiento, y al conocimiento de la palabra en la seguridad de la creencia, manifestada ésta en los cambios que se operan en tu vida, haciéndote permanecer en ella (Jn. 8:31, 32), en un progresivo conocimiento de Dios, y en un desbancar a la ley automática del pecado, notas el estar lleno del Espíritu Santo. Y éste estar lleno del Espíritu Santo se repite en cada experiencia y momento histórico en que el Espíritu Santo ha de convencerte del arrepentimiento de algo.
[1] Ved sobre esto a Esler (op. c., p. 431).
[2] Esler (op. c., p. 428). Moo (The Epistle to the Romans, op. c., p. 759).
[3] Op. c., p…4333, 434.
[4] Ved id. p. 434.
[5] Esler, op. c., p. 440.
[6] Jesus and the Spirit: A Study of the Religious and Charismatic Experience of Jesus and the First Christians as Reflected in the New Testament, SCM, Londres 1975, p. 294.
[7] Ved p. 251 de este comentario. Cuando tratemos Romanos 13:8-10 comprobaremos la relación que hay entre el amor y la Ley de Dios. Ley del Reino o Ley real (cf. Stg. 2:8-12). Todos los dichos del Sermón del monte contiene la Ley del Reino.
[8] Op. c., p. 443.
[9] Esler, op. c., p. 435, 445ss.
[10] Sobre la vinculación ver a Esler, op. c. p. 448.
[11] Esler, op. c. p. 446. Se puede consultar su trabajo sobre el particular “Paul and Stoicism: Romans12 as a Test Case, NTS 50 (2004).
[12] Ved anteriormente donde explicamos algo este asunto.
[13] ¿Qué significa deráš péšer? En general hacer deráš sería utilizar una expresión del Antiguo Testamento aplicándosela por inserción, sustitución o cumplimiento en el Nuevo Testamento. Cuando eso se hace el contexto del Nuevo Testamento cobra una dimensión nueva, de acuerdo a los valores integrados en el contexto en el que aparece en el texto del Antiguo Testamento. Los acontecimientos y temáticas que rodean a la expresión repercuten ahora en la valoración de la palabra y su contexto en el Nuevo Testamento.
En el caso que nos ocupa en relación a la expresión “Hijo del Hombre”, se trata de un procedimiento en el que se utiliza el texto en cuestión con la finalidad de aplicarse a sí mismo la interpretación escatológica de la tradición mesiánica representada en la expresión y en el contexto en el que aparece. Jesucristo al aludir identificándose con el Hijo del Hombre de Daniel 7:13, 14, nos está queriendo decir, en principio, que su origen es celestial. Ahora todo el contexto en el que se utilice en el Evangelio cobra una dimensión nueva, en virtud de los valores que se desprenden en el contexto donde aparece en Daniel 7:13, 14, y de la temática que Jesús esté tratando en el Evangelio, que se insertará con esos valores del contexto mencionado.
[14] El Nuevo Testamento, mediante el Evangelio, en este asunto relativo al traslado de la obra mesiánica en Daniel, recurre al deráš, convirtiendo al cordero víctima expiatoria del Santuario terrenal en tipológico, exigiendo el antitipo, y encontrándolo en el Mesías Jesús cuando lo presenta como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29, 36 cf. 19:34), confirmándonos el cumplimiento mesiánico a la manera con que Daniel 9:24, 25-27 pp., e Isaías 53, nos presentaban las últimas consecuencias del tratamiento al pecado por el Mesías.
El evangelio nos presenta que lo que se había profetizado del Mesías se está cumpliendo en su época. Y cuándo Jesús, en su total dimensión, se propone como el Señor de David y sentado a la diestra de Dios (Mt. 22:42-44 cf. Mc. 12:36; Lc. 20:42) citando el Salmo 110, está haciendo un recurso derásico, nos está invitando a que cuando vayamos a esa referencia descubramos que además de ser el Señor de David, se le identifica con el Sacerdocio eterno de Melquisedek (Sal. 110:4), asunto que explotará el autor de Hebreos. Tanto Mateo (22:42-44) como Marcos están interpretando que esa presencia a la diestra de Dios se lleva a cabo en su origen, en el momento de su ascensión al cielo (Mc. 14:62). Y desde entonces como dirá Lucas (22:69) y el resto del Nuevo Testamento (cf. Hech. 2:25, 33, 34; 5:31): permanece sentado a la diestra porque representa toda la obra poderosa que del Mesías se había anunciado, y que era preciso realizar.
Si nos damos cuenta, este cuadro evangélico, sin aludir todavía a otros textos, responde al servicio tipológico del Santuario terrenal e busca del antitipo, y toma prestado de la profecía – promesa tanto de Daniel, Isaías 53 y Salmo 110, lo que habría de acontecer con el Mesías: un cordero que muere en el atrio de esta tierra, y que asciende a los cielos para ejercer su ministerio sacerdotal anunciado en Salmo 110 y en Daniel 8:11, 14 cf. 9:24, 25, 26 pp. 27 pp.).
Se puede comprobar todavía más que en Daniel, junto con otras declaraciones mesiánicas, se presenta la profecía – promesa sobre el Mesías y su obra en términos que aluden al Santuario terrenal, actuando éste como un tipo que señalaría la existencia del Mesías que como consecuencia de su misión redentora muere, inaugura un Santuario Celestial y ejerce su ministerio sacerdotal continuo, destacándose dos momentos históricos, en cuyo segundo momento, aparece entroncado el juicio como en cualquier día de las expiaciones del Santuario terrenal (ver Daniel 9:24-26).
Domingo León nos dirá:
<<La tipología de cumplimiento mesiánico como principio interpretativo en el Deráš neotestamentario.
<<La tipología es, junto con el principio de cumplimiento y dentro de él, la clave del Deráš neotestamentario. El principio de lectura, de interpretación y de comprensión del A.T. para el Deráš neotestamentario es la tipología en su más amplio sentido de método de acercarse al A. T. a partir de la proclamación del cumplimiento (Domingo Muñoz León, Derás los caminos y sentidos de la Palabra divina en la Escritura, op. c., p. 230).
<<La carta de los Hebreos presenta, como veremos (…) el envío del Hijo como la culminación de las diversas formas anteriores de manifestación divina por los profetas. Igualmente desarrolla en un grandioso Deráš cristológico el Sumo Sacerdocio de Cristo según el orden de Melquisedek, como sustitución del Sacerdocio levítico y consumación del auténtico y único Sacerdote (Id., p. 249).
<<La culminación en la Carta a los Hebreos (…)
<< (…) la forma cómo la Carta concibe el cumplimiento. Ello sería propio de un trabajo dedicado a la lectura derásica de este impresionante documento. (…) la originalidad de Hebreos ha sido la asunción de todo el material simbólico contenido en el culto del templo y del sacerdocio judío para aplicarlo a Cristo>> (Id., p. 255).
[15] Respecto a la variante de Marcos 14:61 el “hijo del bendito” (o` ui`o.j tou/ euvloghtou/) en lugar de la de Mateo que viene por “hijo de Dios” (o` ui`o.j tou/ qeou/Å). En realidad el significado es el mismo. Pero recuérdese que Mateo es el que marca las pautas.
[16] En Agustín del Agua Pérez (en El método midrásico y la exégesis del Nuevo Testamento, op. c. pp. 178, 181), recordemos:
<<Por lo que se refiera a su uso en el Nuevo Testamento, la expresión “Hijo del Hombre” hay que situarla en la tradición apocalíptica judía donde aparece por primera vez como figura escatológica en Daniel 7:13 s (…)
<<Creemos, por tanto, que los logia del Hijo del Hombre contienen un deráš péšer por el que Jesús se identifica con la figura mesiánica del Hijo del Hombre de la tradición apocalíptica tanto en los logia que se refieren a su actuación presente como a su venida en la parusía>>
[17] Recuérdese que la ubicación del Juicio es posterior al origen de la división en el cuarto reino, y después de que se ha extendido en la historia todo lo relativo a la obra de dominio perseguidor sobre el pueblo de Dios que efectúa el Cuerno.
[18] Los diferentes comentaristas comprenden que Jesús está aludiendo a Daniel 7:13, en los pasajes de Marcos 14:62, Mt. 26:64; 24:30; Lc. 21:27). Ver: M. -J. Lagrange, Évangile selon Saint Marc, Librairie Victor Lecoffre (Gabalda Editeur), Paris 1920, pp. 376, 377 ; también Claude Tresmontant, Evangile de Marc, op. c., pp. 450, 451. En su comentario a Mateo 26:63, 64 (Évangile de Matthieu, op. c. p. 491, 492, interpreta del mismo modo: identifica al Hijo del Hombre Jesús con el Hijo del Hombre de Daniel 7:13); P. Bonnard, Evangelio según San Mateo, ediciones Cristiandad, Madrid 1976, p. 581; Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo (ed. Verbo Divino, Estella {Navarra}, 2004, pp. 58, 128).
[19] Los comentaristas dejan claro que no se trata de un ver con los ojos naturales, se trata de una visión por comprensión de los elementos escatológicos que Jesús cita (ver sobre esto a Lagrange (op. c.); también a Taylor.
[20] William Shea en Le Jugement en Daniel 7, op. c., p. 151, lo ha hecho.
[21] Id., 152.
[22] El famoso e importante comentario a Marcos de Vicent Taylor (Evangelio según San Marcos, edic. Cristiandad, Madrid 1980, pp. 688, 689), ha comprendido, entre otros (J. A. T. Robinson, Jesús and His Coming, Londres 1957, pp. 43-51; T. F. Glasson, The Second Advent, Londres 1945, pp. 63-75): que “no describe una bajada, sino una presentación ante el Anciano de Días”, y citando a Glasson y a Robinson, dirá que estos “ven una referencia a la venganza (juicio) de Dios, y no a la parusía” (el paréntesis es nuestro).
Es evidente que esa “venida en las nubes”, tiene cuatro momentos claramente definidos: 1) La venida o cercanía funcional en nubes en la Ascensión sentándose a la diestra de Dios (Dn. 7:13 primer verbo), inaugurando el Santuario (cf. Dn. 9:25, 24, 26); 2) Sigue sentado a la diestra de Dios produciéndose un complemento con el acercarse más al Anciano de Días (Dn. 7:13 segundo verbo cf. Dn. 8:11, 13, 14), a fin de realizar la siguiente función implicada en el ministerio en el Santuario inaugurado; 3) El de acercarse mucho más al Anciano de Días marcada, dentro del sentarse a la diestra de Dios, donde se da proceso al juicio, cuando el Hijo del Hombre comienza su funcionalidad de juicio (Dn. 7:13; 8:14 cf. Jn. 5:27), y dentro de su posición figurada de estar sentado a la diestra de Dios en su Santuario (Dn. 8:11-13 cf. Sal. 110:1-5), pero a partir del momento que ha de empezar ese juicio escatológico del Hijo del Hombre (Dn. 7:13; 8:14); y 4) Esa venida en las nubes tiene su continuidad, cuando recibe el poder y entrega el Reino a los Santos del Altísimo (7:14 cf. 7:22, 27, 17, 18 cf. Mt.24:30 úp., 31).
La cronología y secuencia distingue claramente los momentos y acontecimientos:
Jesús, el Señor, después de habérseles aparecido (Mc. 16:14) y hablado con los discípulos, asciende a donde es recibido arriba (Mc. 16:19 pp.), y esto se realiza mediante una nube que le ocultó de sus ojos (Hech. 1:9).
La primera venida en las nubes es lo que supone la ascensión.
Una vez que ya es recibido arriba, mediante nubes, se sienta a la diestra de Dios (Mc. 16:19 up.). Téngase en cuenta el significado e implicación de estar “sentado a la diestra de Dios”, y nótese que el texto de Jesús a los dirigentes judíos (Mt. 26:64 pp.), arranca precisamente en esa significación posicional.
Estando ya sentado a la diestra de Dios (Mt. 26:64 pp.), y ejerciendo su autoridad y misión, de acuerdo a lo que implique, sigue “viniendo en las nubes”. Pero ese estar viniendo en las nubes que los dirigentes podrían ver como consecuencia de estar ejerciendo su misión de estar sentado a la diestra, es una alusión clara a Daniel 7:13. Y Daniel 7:13 identifica esa venida en las nubes, no hacia la tierra sino hacia el Anciano de Días que se le ubica estar, en un contexto temporal, sentado para ejercer juicio, y se ubica el comienzo de este juicio, como ya vimos, en un momento posteriormente cercano al final del período de dominio del Cuerno sobre el pueblo de los Santos (Dn. 7:7-9, 19, 20-22).
Lo que quiere decir que venir en las nubes al Anciano de Días, se hace desde la ascensión hasta llegar a la posición figurada, funcional e ideológica de estar sentado a la diestra de Dios, y desde allí en un proceso y contexto temporal que alcanza la ubicación del Juicio de Dn. 7:9-13, 7, 8 (cf. 7:22, 23, 19-21, 26, 27, 24, 25). Al indicarnos esta cercanía hacia el Anciano de Días, en nubes del cielo, desde la ascensión, y desde la posición de estar sentado a la diestra de Dios, es para trasmitirnos que hay una nueva funcionalidad, aunque continua, respecto a lo que implica estar sentado a la diestra de Dios, y ejercer en un ministerio Continuo en el Santuario (cf. 8:11-13, 14; 9:24, 26, 27 pp., 25).
Posteriormente a esta cercanía al Anciano de Días en la nubes, y ejercer en ese ministerio Continuo del Príncipe su continuidad de nueva funcionalidad en el Santuario celeste ante la presencia del Anciano de Días, en base al llamado día de las expiaciones tipológico del Santuario terrenal (Lv. 23:27-30 cf. Dn. 7:13, 9-12, 21, 22 cf. Dn. 8:11-13, 14), el texto nos dice que el Hijo del Hombre, desde su posición ideológica de estar sentado a la diestra de Dios ejerciendo su Ministerio Continuo Sacerdotal de acuerdo a su nueva funcionalidad ministerial, recibe definitivamente el dominio y el reino, y como representante del pueblo de Dios, se prepara para venir con ese dominio y poder o nubes, a rescatar a su pueblo cautivo en la tierra, y darle participación en ese dominio y poder (Dn. 7:14, 13, 17, 18, 22, 21, 27). Los textos evangélicos alusivos al retorno del Hijo del Hombre a la tierra en nubes (Mt. 24:30 úp., 31; Ap. 1:7 cf. Mt. 26:63, 64), posteriormente a la llegada en nubes ante el Anciano de Días (Dn. 7:13, 9-12), están haciendo mención a ese final de la historia de esta tierra que nos describe Daniel 7:14, 22, 17, 18, 27.
En esa correspondencia de Daniel 7:13, contemplada desde la Ascensión de Jesucristo hacia el Anciano de Días, se nos estaría comunicando que la presencia en el Juicio del Hijo del Hombre está asegurada por la Ascensión que registra el evangelio, y su función de “sentarse a la diestra de Dios”. Nada de esto implica que entonces empezara el Juicio, simplemente se nos presenta al protagonista Hijo del Hombre como existente y como estando presente en el Juicio, ya que habría previamente una venida en la nubes hacia el Anciano de Días. El evangelio en Mt. 26:64, junto a otros textos del Nuevo Testamento, nos identifica al Hijo del Hombre con Jesucristo ascendido para ejercer la función de “sentarse a la diestra de Dios”. El profeta Daniel nos anuncia, después de otorgarnos los elementos necesarios a fin de ubicar cronológicamente ese Juicio Celestial (Dn. 7:8, 9-12, 22, 21, 20, 26, 27) como siendo históricamente después del período de hegemonía del sistema de maldad “cuerno pequeño”, y unido en uno de sus extremos de su duración con el fin del mundo en ocasión del retorno del Hijo del Hombre a la tierra en ocasión de la entrega del reino al Pueblo de los Santos (cf. Dn. 7:14).
Si se dan cuenta, la introducción de la escena del Hijo del Hombre, es después de haber ubicado el Juicio. E indicarnos que la labor del Hijo del Hombre celestial es desde su inicio, en la ascensión sentándose a la diestra de Dios, junto al Anciano de Días hasta recibir el Reino para otorgárselo al Pueblo de los Santos. Por lo tanto, si desde el inicio de su labor está con el Anciano de Días, también estará en la época que comienza y dura el Juicio celestial. Ya hemos visto que la manera de estar junto al Anciano de días varía de acuerdo a los verbos hebreos y a la métrica empleada, mostrando un cambio de funcionalidad en cada cercanía junto al Anciano de días, marcada por la matización de cada verbo hebreo empleado.
La simbología de la palabra nube como trasmitiendo una realidad de poder y revelación de Dios, es manifiesta en la palabra de Dios (cf. Ex. 13:21; 14:19; 24:15, 16; 33:9; 34:5; 40:34; 1ª Rey. 8:10, 11 cf. Mt. 17:5).
En L’Apocalypse, Document de la Rédenption, essai sur le langage symbolique (Léxique) de Mme. G. Benjamin Escande, (Paris, Berger – Levrault, Editeurs 1926, p.114, se dice:
« La nube es la imagen del envoltorio exterior de Aquel que no se muestra por sí mismo sino que quiere mostrar su potencia y acción.
“La nube o gloria, es también llamada shekina, palabra hebrea del Talmud viniendo de una palabra que significa habitar, y designa la presencia, la manifestación visible de la invisible majestad de Dios sobre el Lugar Santísimo y sobre el Pabellón del Eterno.” (Sobre el valor de la palabra shekina en los targumim del Pentateuco, puede consultarse a Domingo Muñoz León, Gloria de la Shekina en los targumim del Pentateuco, CSIC, Madrid 1977).
La idea a recoger es la siguiente: La gloria y el poder de Dios se manifiesta, entre otras cosas, mediante la nube. Dios cuando revela su poder lo canaliza y exterioriza mediante lo implicado en la nube metafórica. Si nos percatamos de Mateo 8:38 y Lucas 9:26, comprobaremos que la gloria o nube y el poder con que el Hijo del Hombre se revela, se hace con la compañía de los ángeles.
Nótese el Texto de Daniel 7:13.: Las nubes con que se acompaña al Hijo del Hombre hacia el Anciano de Días, se convierte en Daniel 7:14 en el dominio, gloria y reino (nubes) que se han de dar al pueblo de los Santos (7:18, 22). Si ahora juntamos esto con la siguiente descripción de Mateo 24:30, 31 descubriremos la identidad de significado entre nubes, poder-gloria, y ángeles como transportando ese reino y poder hacia los creyentes de la tierra. El texto de Mateo 24:30, después de acontecida la señal en el Cielo del Hijo del Hombre, las tribus de la tierra se lamentarán, y verán al Hijo del Hombre venir en las nubes con poder y gran gloria. Justo lo que nos dice Daniel 7:14 cuando vuelve de haber estado con el Anciano de Días al que había ido con nubes. Venir con dominio, gloria, poder y reino para dárselo al pueblo de los Santos que había tenido problemas con el Cuerno (cf. 7:14, 22) es lo equivalente a venir en nubes, pero en este caso a esta tierra, en ocasión de su Segunda Venida (Mt. 24:30 úp.), apareciendo la compañía de ángeles como exteriorización de la acción poderosa divina.
De nuevo, dentro del uso del método derásico Domingo Muñoz León (Derás, op. c., p. 379), nos dirá:
“En conclusión podemos decir que los autores del Nuevo Testamento recurrieron a Daniel 7 con la convicción de que bajo la figura del Hijo del hombre estaba anunciada la persona de Jesús (…) la concepción de Jesús sentado a la derecha del Padre y que viene sobre las nubes del cielo contendría en boca de Cristo y de la comunidad palestinense, una forma de expresar la divinidad de Cristo. La idea de que Jesús (el Hijo del hombre) volverá acompañado de sus ángeles (Mt. 13:36-43; 16:27; 24:30; 25:31 ss. Mc. 8:38; 13:27-32; Lc. 9:26; 12:8 ss.) significa aplicar a Cristo una prerrogativa divina (ser acompañado de ángeles). El fundamento para ello sería Dn. 7:14 en que se habla de que el Anciano de días comunica al Hijo del hombre el poder, la Gloria, etc.”
[23] La identidad del Mesías Jesús con el Hijo del Hombre está atestiguada por numerosos textos, que de acuerdo a los contextos donde aparecen, nos proveen un conocimiento de Dios y de los contenidos de su Palabra, a fin de que descubramos el cómo fijar nuestra vocación celestial. Todo esto, el de la identidad de Jesús el Mesías con el Hijo del Hombre y lo relativo a la vocación celestial lo tratamos en profundidad en capítulos subsiguientes.
[24] Los comentadores hebreos (en la Bible commentée, Daniel {según las fuentes talmúdicas, midrásicas, y rabínicas, op. c., p. 206}) identifica al Hijo del Hombre con el Mesías.
[25] Domingo Muñoz Leon (Deráš, los caminos y sentidos de la Palabra divina en la Escritura, op.c., pp. 376-379) se expresa del siguiente modo:
“(…) la referencia a Dn. 7 es indudablemente el punto de partida para una actualización derásica en que la 4ª Bestia es Roma y el Hijo del Hombre es el Mesías.
“El empleo de la denominación de ‘Hijo del Hombre’ aplicada a Jesús y puesta en boca del mismo Jesús por los evangelistas (…) entraña un recurso a la figura daniélica (Dn. 7). Es cierto que esta denominación se emplea a veces sin relación directa con las connotaciones de la figura en Daniel en los contextos de pasión y resurrección, pero hay otros contextos (…)
“el logion de Jesús en el tribunal judío ‘veréis al Hijo del Hombre… venir sobre las nubes del Cielo (Mt. 26:64; Mc. 14:62) contiene la proclamación del cumplimiento mesiánico de la figura del Hijo del Hombre en la persona de Jesús (aunque su realización en parte se remite al futuro).
“En el evangelio de Juan el lugar sin duda principal es la frase de 5:27 “Y se le ha dado el de juzgar porque es el Hijo del hombre”. La alusión a la figura del Hijo del hombre al que se le entrega el juicio en Daniel 7 es también aquí nítida”.
No queremos entrar en detalles, sobre estas citas. El motivo, es para mostrar el recurso derásico que el evangelio realiza respecto de Daniel, y el sentido que los autores ofrecen. Nótese algunas peculiaridades: 1) el autor de estas citas anula la posibilidad de que Antíoco IV pueda estar referido en Daniel 7; 2) La cuarta Bestia como cuarto reino Roma, está dentro de lo correcto, aun cuando puede ser matizada con una complementación diciendo Roma en una primera fase de ese cuarto Reino contemplado en los cuernos y el “cuerno pequeño” que forma parte de la cuarta Bestia, y que prolonga al cuarto reino más allá de Roma, hasta el fin; 3) Los textos de Mateo 26:64 y Marcos 14:62 son considerados como cumpliéndose en parte en el futuro, sin alusión a la segunda venida; 3) La implicación del juicio para con el Hijo del Hombre de Daniel 7 aplicado a Jesús.
[26] El Hijo del Hombre de Daniel 7:13, se identifica por las acciones y características con el Príncipe del ejército de Daniel 8:11, y éste con el Príncipe de los príncipes de Daniel 8:25. A su vez estos últimos con el Príncipe Mesías de Daniel 9, cuya actividad reclama una continuidad expuesta en Daniel 8:14 y 7:13. Miguel, denominado, el principal Príncipe (Dn.10:13), Príncipe del pueblo de Dios (Dn. 10:21), el gran Príncipe (12:1), se ve involucrado en el mismo contexto del rey del norte en versión ser despreciable (Dn. 11:21, 22-40, 41-45) que se identifica con el cuerno pequeño (cf. Dn. 12:6, 7 cf. 12:8, 9, 11, 12) y que lleva a cabo una obra en contra del continuo poniendo la abominación (Dn. 11:31-36 ss. cf. 8:11), con lo que la identidad de Miguel con el Príncipe del ejército o el Príncipe de los príncipes de Daniel 8:11, 25, está claramente expuesta. Y por último, la piedra de Daniel 2, que da sobre la imagen de las naciones destruyéndola, haciéndose un gran monte (Dn. 2:35) o reino de Dios (Dn. 2:44, 45), se identifica con el Hijo del Hombre que recibe el Reino de Dios al final de todo (Dn. 7:14).
Todo esto lo vamos a ver en un próximo capítulo.
[27] El autor le invita a visitar la página Web www.comteologicasesal.org donde facilita la posibilidad de profundizar en este tema consultando algunas de las publicaciones que contienen dichos conceptos.
[28] Aquellos que miraban a la serpiente de bronce con fe en su curación, eran sanados, de ese modo los que consideraran con fe el valor y contenido de la obra y de predicación de Jesucristo, también podrían alcanzar la curación de su condena. Se está utilizando de nuevo un deráš péšer.
[29] Es muy importante comprobar los paralelismos que existen con la época actual representada en los cristianos que dicen aceptar a Jesús, y querer cumplir con la misión de preparar a un pueblo para la segunda venida de Jesucristo. Los que en verdad creen eso, tendrán que demostrarlo cumpliendo lo que implica su razón de ser, si no cumplimos con esa obra sería porque nos hemos paralizado mediante la perpetuación en esta tierra. Los dirigentes que representan ese ideario, tendrían que reconvertirse a la razón de ser, y abandonar todo aquello que les perpetúa: institucionalismo, dinero, poder. Por otra parte deberían reflexionar sobre la programación que han fijado mientras se perpetuaban, y comprobar las metodologías empleadas para el cumplimiento de su razón de ser sujetos a la perpetuación. Sin duda que esas metodologías contribuyen a su vez a la perpetuación, por cuanto se han ideado dentro de la programación de perpetuarse.
[30] Ver todos los textos que hemos analizado en los diferentes capítulos anteriores donde abordamos la obra del Mesías celestial viniendo a esta tierra.
[31] Si bien el término que normalmente es traducido por pastor (poi,menoj) no aparece aquí sino (h`goume,nwn,noij). Sin embargo los valores que posee el término de “conductores” “apacentadores”, el de “velar”, son conceptos que corresponden al servicio y funcionalidad del pastor, de ahí que haya sido traducido por pastores, por ser el sentido que posee.
[32] Ved notas 148 y 163.
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©Antolín Diestre Gil
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