Resumen El Sábado de Jesucrísto

430 páginas

ISBN 84-699-0545-7

©Antolín Diestre Gil

Zaragoza (España) 2013/2014

EL SHABAT CELESTIAL Y EL HIJO DEL HOMBRE SEÑOR DEL SHABAT

El Sábado de Jesucristo y la Ley de Dios Natural integrada por el Espíritu Santo

Este libro sobre el Sábado merecería ser conocido y ampliamente distribuido. Todo él intenta resolver el contencioso que dentro del cristianismo se creó, cuando judeos y gentiles perdieron juntos la referencia que les vincula: el Mesías.

Pero el autor nos proporciona dos elementos nuevos fuera de toda controversia, el tema único sobre el Shabat  Celestial, y el del reposo eterno de Dios manifestado durante cada día de la semana santa creada por Dios, y en el día especial que cierra esa semana santa, el séptimo, el Shabat.

El autor ha sabido compaginar y vincular ese reposo eterno de Dios (Hb. 4:1ss) que podemos experimentar cada día de la semana con el descanso en Cristo que nos refiere el Evangelio (cf. Mt. 11:28-30). Si cada día de la semana podemos experimentar ese reposo eterno de Dios, sabiendo lo que significa e implica, lógicamente también lo experimentaremos en el Shabat, en el séptimo día. Y esto sin las limitaciones obligadas de los demás días, en los que la persona se ve obligada al trabajo y a enfrentarse en un tiempo no sagrado plenamente a las preocupaciones suscitadas por las obras de pecado (cf. Hb. 4:14-16).Mientras que en el Shabat, la persona entra plenamente en el tiempo sagrado, liberado de las cargas del trabajo.

Les vamos a ofrecer una primicia en las páginas que siguen. Y gócense con nosotros.

El Hijo del Hombre Señor del Sábado celestial y el Reposo de Dios (cf. Mc. 2:27, 28 cf. Mt. 11:28-30 cf. Hb. 4:1-8,9-11,12-16; 5:1-6:20)

El método derásico, que utiliza tanto Pablo como Jesús y Daniel entre otros, nos permite comprender este valor celestial del Sabat. En efecto, al utilizar Jesús la expresión Hijo del Hombre, nos invita a investigar (derás) en dónde aparece en el Antiguo estamento la expresión Hijo del Hombre, y mediante la sustitución comprobar que valor tienen los acontecimientos con que se rodea la expresión Hijo del Hombre.

Si se observa en Mateo 26:63, 64, ante la pregunta del sumo sacerdote sobre si era el Mesías y el Hijo de Dios, Jesús responde que sí, y que además “verían, desde entonces, al Hijo del Hombre sentado a la diestra de Dios y viniendo en las nubes” ¿Cómo podía ser así? Jesús viene a decirles, con lo que me estáis haciendo, me vais a llevar a la muerte, a partir de ahí vais a desencadenar todas las escenas que están predichas sobre el Hijo del Hombre, y por lo tanto pondréis en marcha lo sentarme a la diestra de Dios y acompañado de la teofanía de las nubes, que representan la realidad del poder de Dios. Se nos narra, que una vez resucitado, Jesús fue recibido “arriba”, sentándose a la diestra de Dios (Mc. 16:19). Esta ubicación funcional, se repite en diferentes lugares de la Escritura. Pablo lo expresa refiriéndose, a que después de la obra de su vida impecable y de su muerte frente al pecado, se sentó a la diestra de Dios (Hb. 1:3) para acabar con los enemigos de Dios (1:13). Lo vuelve a expresar en 10:10-13. Si ahora lo comparaos con Hb. 8: 1-6, nos daremos cuenta que después de introducir la expresión sentado a la diestra de Dios, sustituye “lo de acabar con los enemigos de Dios” por un ministerio sacerdotal de intercesión a favor de los pecadores, con lo que se identifican las ideas de “acabar con los enemigos de Dios” y “la de su ministerio sacerdotal de intercesión” en un Santuario Celestial “no hecho de manos humanas”, no de esta creación”. Los enemigos de Dios ya han sido clasificados: como el pecado, la muerte, los sistemas de maldad y el dragón (1ª Cor. 15:24-26, 55, 56, pp.).

Estos autores, tanto Jesús como Pablo están utilizando ese método derásico al que aludíamos, obligándonos a que vayamos a donde aparece. El único sitio es Daniel 7:13, 14. Cuando lo consultamos descubrimos algo extraordinario

¿Quién es el Hijo del Hombre, y cómo es el modo de acercarse al Anciano de días?

Dada la magnitud de su obra y mensaje, la expresión “Hijo del Hombre” (vn”ßa/ rb:ïK. {Kübar ´énäš) es la que corresponde a un ser celestial.

Es muy importante la manera en que los verbos hebreos describen la venida y llegada al Anciano de Días. Los tres son diferentes. El primero (hw”+h] hteäa'{´ätË háwâ}) es una forma compuesta por un participio del verbo venir y un perfecto del verbo ser: “viniendo estaba”; el segundo es un perfecto (hj’êm.{mü†â}): “se acercó”; y el tercero es un perfecto en forma causativa (yhiWb)r>q.{qrübûºhî}): lo “condujeron”. El antecedente de todos estos verbos, orientándolos, es la frase “las nubes del cielo”.

Cualquiera que comprueba esta forma de presentarse los verbos,[1] descubre una intencionalidad para describirnos un proceso en el moverse hacia el Anciano de días: se trata de alcanzar al Anciano de días cada vez más cerca: “está alcanzando estar más cerca, llega a estar más cerca, y todavía ha llegado a estar más cerca de Él”.

Este proceso de cercanía deberíamos entenderlo en términos funcionales. Desde un cierto momento histórico que proyectaría una nueva función “está con el Anciano de días”, pero dado su nuevo cambio funcional, se sigue describiendo como llegando a estar más cerca, y en una nueva función se describe de nuevo como más cerca.

La repetición, por otra parte, de tres veces, muy usual en la apocalíptica, para describirnos lo máximo o lo sumo de un plan, de una característica determinada, o de un proceso planificado con una misión concretamente celestial en este caso, aporta un contenido complementario a nuestra deducción.

La métrica configura una estructura poética señalándose la misma característica para el movimiento de cercanía hacia el Anciano de días: Estaríamos, según los especialistas “en presencia de tres tipos de composición poéticas que han sido redactadas según una métrica decreciente, el Hijo del hombre aproximándose cada vez más cerca del anciano de días. Esta métrica va de un golpe de 8 acentos tónicos con el verbo al fin, en una línea de 4 acentos tónicos con el verbo al fin, y en una línea de 2 acentos tónicos con el verbo al final”.[2]

El vehículo de las “nubes del cielo”, se trata de una teofanía representa la compañía de ángeles con que se manifiesta el poder de Dios, se trataría de una teofanía marcada por miríadas de ángeles, mostrándonos que lo que se transporta es un ser celestial afín a la divinidad eterna.

Este vehículo que arropa y transporta del algún modo al Hijo del Hombre combinado con las construcciones verbales y poéticas, nos mostraría una entrada en escena a fin de realizar diferente funciones, evidenciando que la cercanía ha partido del exterior hasta el interior.

La llegada a lo más cerca del Anciano de Días, mediante la secuencia proyectada por el tercer verbo, nos provee el texto la función del juicio (cf. Dn. 7:13). La identificación del Hijo del Hombre con el Príncipe del ejército que ejerce un continuo en su Santuario (cf. Dn. 8:11), durante todo el tiempo en que el cuerno pequeño de Daniel 8 se dedica a desvalorizar el continuo del Príncipe, nos provee una función anterior a esa del juicio, evidenciada en la secuencia proyecta por el segundo verbo; esa del juicio está, a su vez, representada en el texto de Daniel 8:14. El nuevo testamento nos provee, con la identidad que el Mesías Jesús hace con el Hijo del Hombre de Daniel (cf. Jn. 3:13, 14; Lc. 17:22-30), y con su movimiento de ascender y sentarse a la diestra de Dios (cf. Mt. 26:63, 64; Hb. 1:3 cf. Sal. 110:1), la primera función de acercarse, origen posicional que abarca las demás funciones a realizarse en el tiempo a fin de acabar con los enemigos de Dios y del ser humano (cf. Hb. 10:12, 13), y que está introducida por el movimiento del primer verbo.

El retorno del Hijo del Hombre se nos presenta, transformando las “nubes del cielo” en el recibir el reino, dominio y poder característicos de la divinidad, y nos marca el fin de la función del juicio (Dn. 7:14), y el comienzo del traspaso de la garantía de la eliminación del pecado y del resto de los enemigos de Dios, al pueblo de los Santos. Dándosenos a entender, cuando esto suceda, que el recibir ese dominio el pueblo, supone que el Hijo del Hombre ha conseguido en esas funciones a la diestra de Dios, la destrucción de los enemigos, y su posesión del Reino no tiene ningún enemigo (cf. 1ª Cor. 15:23, 24, 25, 26).

La identidad del Hijo del Hombre con el Príncipe del Ejército (Dn. 8:11), y con el Príncipe de los príncipes (Dn. 8:25), atestiguada por la identidad de los acontecimientos y actividades relacionados con el Hijo del Hombre de Daniel 7:13, nos lleva a identificarlo con el Príncipe Mesías de Daniel 9:25, 26, por la identidad obligada del Príncipe Mesías con el Príncipe del ejército y Príncipe de los príncipes de Daniel 8.[3]

La identidad del Mesías Jesús con el Hijo del Hombre está atestiguada por numerosos textos, que de acuerdo a los contextos donde aparecen, nos proveen un conocimiento de Dios y de los contenidos de su Palabra, a fin de que descubramos el cómo fijar nuestra vocación celestial.

La identidad del Mesías Jesús con el Hijo del Hombre está atestiguada por numerosos textos, que de acuerdo a los contextos donde aparecen, nos proveen un conocimiento de Dios y de los contenidos de su Palabra, a fin de que descubramos el cómo fijar nuestra vocación celestial. Y todo esto ¿para qué? Simplemente para demostrar que cuando la expresión Hijo del Hombre se utiliza, en este caso se hace con relación al Sábado, y adjuntarlo con la aparición del Hijo del Hombre en las escenas descritas por Daniel (7:13, 14), se nos está queriendo decir que el personaje en cuestión, es decir el Hijo del Hombre, es un personaje celestial, y por lo tanto todo lo que se relaciona con esa expresión, tiene un origen y naturaleza celestial. Que no tiene un origen humano sino divino, como el Hijo del hombre celestial.

Creemos que Pablo ha sabido rescatar este sentido celestial del “sabbatismo.j (sabbatismòs)”. Dada la circunstancia de ser un intérprete inspirado donde trata de relacionar el reposo eterno de Dios con el Sabbat semanal o sabbatismòs, nos hemos permitido el trasladar en el texto, y no en nota a pié de página, su interpretación sobre el particular.

Contexto: llamamiento celestial y reposo de Dios [4]

Antes de explicar los contenidos del contexto relativos al reposo de Dios, debemos de estudiar el contexto técnicamente, y qué relación puede haber con el Hijo del Hombre celestial.

Estamos comprobando lo significativo del ministerio continuo celestial del Mesías Jesús en el santuario celestial de acuerdo a la epístola a los Hebreos. El autor de Hebreos nos está comunicando que el Mesías está realizando una obra a favor nuestro mediante un ministerio de sumo sacerdote. Había terminado el capítulo 2 asegurándonos, que dado ese ministerio celestial en base a su misión terrestre (Hb. 2:14-18), podemos recibir la ayuda necesaria. El reposo de Dios, independientemente de lo que signifique e implique, que se menciona tanto en el capítulo 3 y 4 (Hb. 3:11, 18 cf. 4:1 ss.), está unido a la vocación celestial (Hb. 3:1). Y se nos dice, que si participamos del llamamiento celeste consideremos al sumo sacerdote Mesías Jesús (3:1). Y se enlaza este llamamiento celestial con el oír la voz celeste de Dios (3:7, 11 cf. 4:1, 2, 3, 6, 7) y con el reposo del Dios del cielo, vinculado a su vez con el reposo sabático del séptimo día (Hb. 4:9-11, 3, 4). Y de nuevo, se nos insta a permanecer en nuestra vocación celeste (4:14) a fin de contrarrestar las debilidades recibiendo misericordia y gracia (4:15, 16).

Se evidencia, y creo que es muy oportuno tomar buena nota, de que la desobediencia de los antiguos (Hb. 4:6 úp., cf. 3:18, 19), y la posibilidad de que también se dé en los que recibimos, en el tiempo presente del Mesías, la promesa de entrar en el reposo de Dios (Hb. 4:1), consiste en no tomarse en serio el llamamiento celestial (Hb. 3:1cf 3:7,8, 12-14), y que de experimentarlo, implicaría superar el contexto de debilidad humana, y aparcar lo terrenal (cf. Col. 3:1-4). [5]

Es preciso explicar: ¿Cuál es ese reposo de Dios? ¿Cómo podemos entenderlo? (4:1-11). ¿Cuál es ese reposo de Dios al que no tuvieron acceso los israelitas (3:11, 19) en sus diferentes etapas por su incredulidad, [6] y que podrían haberlo obtenido en su época, y sin embargo es participando de la obra de Jesucristo y reteniéndola como podríamos nosotros conseguirlo? (3:14 cf. 2:14-18; 3:1). Un reposo de Dios que se experimenta cuando aceptas el llamamiento celestial.

Y el último asunto: De ese Jesucristo se nos ha hablado en el capítulo 2 como habiendo realizado una obra de salvación para el hombre, y que está llevando a cabo una obra de Sumo Sacerdote Celestial (2:14-17; 3:1), y que se le ha comparado con Moisés (3:3-6), respecto del que se comprueba su superioridad, y del que se nos exhorta a participar (3:14) para conseguir lo que no se logró en la época marcada y orientada por Moisés (3:7-11, 16-19 cf. Sal. 95:7): el reposo de Dios (4:9-11, 3, 4 cf. 4:14, 16). Se nos asegura en última instancia, que a diferencia de lo que pudiera haber acontecido con Moisés, Jesucristo, no ha desaparecido sin una continuidad: ha traspasado los cielos, y está a nuestra disposición como Sumo Sacerdote para hacer una realidad en continua progresión ese reposo de Dios, si nos acercamos al trono de gracia para hallar el oportuno socorro (4:14-16 cf. 3:14, 15-19, 7-11). [7]

Todo está circunscrito a la vocación celeste que debemos tener (Hb. 3:1-6:19, 20). Si hacemos caso al llamamiento celestial (Hb. 3:1, 13, 14) saldremos al encuentro del reposo de Dios (Hb. 3:7, 16, 18, 19), [8] y entonces el reposo sabático que aún queda para el pueblo de Dios (Hb. 4:9), en el contexto del llamamiento celestial en Cristo y sin el obstáculo de obras comunes y de dominio de pecado, servirá como espacio temporal sagrado para experimentar el reposo de Dios en Cristo (Hb. 4:9-11), y como modelo para el resto de la semana. [9] En efecto, no olvidemos que en el vínculo que se crea entre el reposo de Dios con el šäbat semanal (Hb. 4:3 pp. cf. 4:3 úp., 4, 9-11) podemos conectarlo con el Hijo del Hombre celestial como Señor del día del šäbat (Mc. 2:27, 28).

Al expresar Jesús, que como Hijo del Hombre es Señor del Sábado, está concediendo al Sábado una dimensión celestial; algo, que forma parte del Gobierno o del Reino de Dios. Al vincular la epístola a los Hebreos el reposo que resulta de hacer sabbatismòs o día de sábado de Hebreos 4:9-11, con el significado e implicación del reposo de Dios que se inicia en el primer séptimo día (Hb. 4:3, 4), se nos está queriendo decir que al aceptar el llamamiento celestial (Hb. 4:14-16; 6: 19, 20), descubriremos en el šäbat semanal contenidos sagrados y celestiales que nos servirán para experimentar el reposo de Dios o el descanso del Mesías (Mt. 11:28-30), [10] tanto en el Sábado, libre de las injerencias de los reclamos materiales y conflictos persistentes originados por los reclamos, y durante el resto de la semana, a pesar de los límites impuestos por el trabajo y relaciones sociales terrenas, y la pujanza del pecado surgida en el contexto del hábitat secular.

Es evidente que dentro de nuestra vocación celestial motivada por la obra ministerial que el Hijo del Hombre o Mesías realiza en el Santuario celestial (Hb. 8:1, 2 cf. 2:17, 18), se nos quiere advertir y asegurar, que cuando llevemos a cabo esa relación celestial con Dios de acuerdo al ministerio sacerdotal del Príncipe Mesías o Hijo del Hombre, descubriremos el significado del reposo de Dios. Debe ser muy importante para nuestra salud espiritual y nuestra permanencia en la fe el que oigamos la voz, el llamamiento a lo celestial que se nos hace, por cuanto, es del único modo que podremos experimentar el reposo de Dios.

Comprensión del origen y naturaleza del reposo divino

“Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo (kata,pausin katápausin), [11] alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado” (Hb. 4:1).

La construcción de este versículo hace referencia a una promesa de entrar en su reposo como que todavía permanece. Lo que quiere decir que en una época anterior se podría haber entrado en su reposo pero no se consiguió. Ya habíamos consignado el contencioso que se creaba y que después explicaremos. Pero lo que se destaca en este primer versículo son dos asuntos importantes: el que parezca que alguno de entre los cristianos no lo hubiera alcanzado tampoco, y por contraste el que existen otros que sí lo han logrado. El vosotros (auvtou/ autoû) incluye esos otros.

¿Qué reposo podrá ser ese que se puede experimentar ya ahora por algunos, aun cuando la solución definitiva al pecado no se habría producido? Un reposo que se puede obtener si se acepta la buena nueva anunciada, y que también a ellos se les comunicó (a los israelitas del pasado anterior a la primera venida de Cristo). Pero que no les aprovechó por no querer oír la Palabra con la fe debida (4:2 cf. 3:7, 8, 12-14).

Sin embargo, si bien aquellos no entraron por su condición de incredulidad “los que hemos creído entramos en el reposo” (4:3 pp.). [12] “Estamos entrando en su reposo” (4:3) aquellos que hemos creído en Dios por Jesucristo el llamamiento celestial (cf. 2:14-18; 3:1, 14). [13]

Es decir, si los israelitas de la generación que nos habla el Salmo 95:7-11, hubiesen creído en Dios y manifestado fe, habrían participado ya entonces de una situación espiritual tal, que les hubiera hecho partícipes del reposo de Dios (cf. Hb. 3:7-11, 16-19). [14]

¿Y a qué reposo se refiere?

Contestemos en parte: Se trata del reposo aquel cuando dijo “que juré que no entrarían en mi reposo” (Hb. 4:3 sp. cf. Sal. 95:11). [15]

En efecto: los que ya hemos creído, tenemos seguridad de poder entrar en el reposo al que hace referencia el salmista cuando dice de los israelitas que no entrarían en su reposo.

Entramos en el reposo, aprendiendo de la experiencia negativa de aquellos (que aun teniendo el sábado) no experimentaron lo que significa e implica entrar en el reposo de Dios, y por lo tanto no entraron (Hb. 4:3 pp.). Pero los que creímos (4:3 pp.), entramos, por cuanto al no darse la desobediencia al llamamiento celestial, pudimos experimentar “lo no negativo”, y experimentamos lo positivo de lo que implica y significa “el reposo divino” cuando aconteció el primer séptimo día en el que Dios reposó y empezó su reposo (4:3 úp., 4).

Si se observa, la manera de entrar en el reposo de Dios, es, teniendo en cuenta dos experiencias:

1)           La que supone no entrar en el reposo: un comportamiento que no ha tenido en cuenta el llamamiento celestial. “No entrarán en mi reposo”. El reposo es lo contrario de lo que resulta de la experiencia de no entrar en su reposo. Y esto “aunque las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo” (Hb. 4:3 úp.): Alusión clara al momento del origen de la institución del šäbat (Gn. 2:1-3). [16]

2)           Y de lo que implica de que en un cierto lugar se diga de que “reposó Dios en el séptimo día” (Hb. 4:4).

“Porque (ga,r gár) en un cierto lugar dijo así del Séptimo Día: Y reposó [17] Dios  de todas sus obras en el séptimo día” (Hb. 4:4). [18]

¿Y qué implica que Dios repose en el Séptimo día? [19]

Independientemente de lo que hemos dicho en nota aparte, digamos:

1)           Dios crea dos obras en el séptimo día: La semana y el šäbat . Se trata de un ciclo compacto, unido, irrompible: los 6 días están unidos al séptimo. El ser humano habría sido creado en sus raíces y naturaleza con la necesidad de la semana: de 6 días unidos al séptimo como reposo, a fin de experimentar el reposo divino.

2)           Dios no es un creador ex – máquina al infinito. Quiere manifestar la existencia de la libertad de pararse, de contemplar la obra creada, y demostrar la necesidad que ésta tenía del reposo del šäbat. El šäbat se convierte así en la compañía del ser humano como vehículo de la libertad, trayendo lo contrario de la soledad y la tristeza: paz, seguridad, satisfación, alegría, salud, equilibrio.

3)           Hay una relación de los 6 días y el 7º ¿Qué supone eso? Lo que suponga el 7º lo será en la medida en que los 6 días preparan al 7º, y los 6 días se programan con el sentido y significado del 7º que se ha de proyectar durante los 6 días. Los 6 días y el 7º es un ciclo, el semanal que no puede romperse.

En conclusión de los versículos 3 y 4: Los que hemos creído (Hb. 4:3 pp.), y no hemos actuado de la manera de aquellos a los que se les dijo que no entrarían en su reposo (4:3 sp.), hemos entrado en el reposo (4:3 pp.), por cuanto hemos valorado el llamamiento celestial que dirige el Espíritu Santo (Hb. 3:1, 7, 8-11, 12-14) y la relación de ese llamamiento con lo implicado con el que las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo (4:3 úp.), de acuerdo al inicio del reposo de Dios en el primer séptimo día (Hb. 4:4).

¿Y que sería entrar en su reposo para aquellos que hemos entrado por causa de haber creído?

El reposo de Dios es el resultado al que se llega cuando uno, al aceptar el llamamiento celestial, se siente libre de cesar de sus actividades para ir al encuentro de Dios, y experimentar su amor en la contemplación y reflexión de su obra creada en la que está incluido uno mismo: la atmósfera de agradecimiento es tal, el conocimiento de Dios en Cristo Jesús, por medio del Espíritu Santo, le ha convencido de la ideología divina manifestada en su Gobierno o Reino celestial, y el sentimiento y experiencia de ser una criatura del Dios Creador se presenta de un modo tan voluntario, que irrumpes en alabanzas y adoración. [20]

Ahora bien, esa experiencia de cesar de las actividades, o el estar libres de los conflictos comunes que se generan a lo largo de la semana, aun cuando se consiga en determinados momentos puntuales, no puede lograrse de una forma plena si no a imitación de lo que Dios hizo cuando paró la creación en su sexto día creativo, e instituyendo el séptimo día como sagrado.

El Reposo de Dios se inicia en el primer Séptimo Día, donde durante todo ese día reposó (Gn. 2:2, 3 cf. Hb. 4:3 úp, 4), pero El habiendo acabado toda su Creación, la da por terminada y buena. Y Su Reposo sigue prolongándose. Su actividad creadora ha finalizado pero está llevando a cabo una obra redentora: el plan de la salvación [21] ¿Y qué tiene que ver todo esto?

Cuando el hombre creado a imagen y semejanza de Dios hizo Sábado en el primer Séptimo Día que Dios posibilitó, entró, experimentó el Reposo de Dios, y quedó instituido para él (cf. Mc. 2:27, 28; Mt. 19:8 úp.). [22] Es decir, aun con la atmósfera espiritual que se experimentó antes del pecado era necesario entrar en el Séptimo Día instituido para hacer Sábado y entrar en el Sábado de Dios, en su Reposo que se había iniciado precisamente en el primer Séptimo Día (4:3 úp, 4).

Es evidente por otra parte que mientras Dios estuvo creando durante los 6 días no existía el Reposo de Dios, tal como El quiere consignarlo a partir del primer Séptimo Día, y sin embargo nadie puede poner en duda la perfección y espiritualidad de Dios. Lo que quiere decir que Su Reposo, es, entre otras cosas, la cesación de crear, con todo lo que implica de libertad, y una relación y comunicación con su obra creada, incluido el hombre, con todo lo que implica de amor.

Posteriormente al pecado han aparecido diversos obstáculos que pueden impedir alcanzar a ese reposo de Dios, a ese remanso de paz, libertad y amor: el trabajo; el pecado que ha engendrado las preocupaciones, tristezas, un deterioro en el modo de trabajar, la enfermedad y la muerte, una direccionalidad impuesta por la corriente social engendrada por el reino de este mundo; la incredulidad, la desobediencia a sus promesas que están conectadas con una aceptación del Reino de Dios o Gobierno celestial de Dios. Todo eso únicamente puede superarse con la aceptación del llamamiento celestial que incluye la experiencia del reposo de Dios, cuando aceptas la semana entera como siendo de propiedad de Dios para ti. Se trata de considerar la semana, es decir todo el tiempo como de Dios. Y Dios se hace presente continuamente. Y eso, te protege en la vida diaria de trabajos, de estrés, de conflictos. El llamamiento celestial te arranca de esta tierra deformada y representativa del ser humano caído, y devuelve tus raíces a tu origen celestial. El tiempo semanal es una creación de Dios, a fin de que el hombre mantenga y fije la idea de Dios con sus principios ideológicos de su Reino celestial, o Gobierno; y descubra en cada ciclo semanal el recuerdo constante del Dios creador que pone como testigo el tiempo sagrado del séptimo día, unido a los 6 días primeros, en el que Dios manifestó su libertad de hacer šäbat.

El Mesías te revela cómo alcanzar el descanso mediante la mansedumbre y la humildad para con Dios (Mt. 11:28-30). Cuando dejándote llevar por Dios y sometiendo tu voluntad a la de El, entras en el reposo de Dios, por cuanto esa mansedumbre y humildad para con Dios te descubre los valores celestes del llamamiento de Dios. Experimentas el gozo del descanso, de la liberación que se alcanza, cuando en obediencia y confianza en Dios, sales al encuentro de lo que Dios ha provisto para experimentar su reposo. Se trata de una experiencia diaria que nos ha de llevar a no romper el ciclo semanal, y entrar en el séptimo día, íntimamente unido a los 6 días, creado especialmente para experimentar plenamente en Cristo, lo que ha supuesto y supone, el reposo de Dios eterno que iniciándose en el primer séptimo día se prolonga hasta la eternidad. Y no puede romperse el ciclo semanal, de los 6 y el séptimo, por cuanto ese ciclo, Dios lo ha hecho con la finalidad de que sirva como testimonio de la creación divina, de su origen celeste y de nuestra dependencia de El; y como vehículo de un mensaje: conforme te identifiques con los contenidos celestes relacionados con el ciclo semanal, experimentarás el valor celestial de lo que supone no perder el vínculo, con este ciclo de 6 días y el séptimo. Y eso, te recuerda constantemente tu creación por Dios, de que Dios es el dueño de tu tiempo, que lo debes aprovechar bien, que él debe de estar en toda tu existencia. Conforme se suceden las semanas experimentas cada vez más el reposo de Dios, porque el tiempo con Dios te trae paz, libertad, amor, control, equilibrio, salud, inspiración, búsqueda de su revelación, del Mesías, y del tiempo sagrado de la institución del šäbat (Hb. 4:4, 9 cf. Mc. 2:27, 28), del que el Mesías o Hijo del Hombre celestial es Señor, y donde la libertad de cesar tanto de obras comunes como de pecado, se favorece como consecuencia de la institucionalidad de Dios del tiempo sagrado en cada šäbat o séptimo día; y te permite experimentar lo descrito sobre el reposo de Dios sin los límites que conlleva la vida en los 6 días restantes. Cuando el Dios de la revelación ocupa el lugar primordial en el tiempo tal como ese Dios lo establece, se rompe definitivamente con el ídolo de la ciudad secular Todo ello se resume y se consigue aceptando ese llamamiento celestial a considerar los valores celestes que Dios ha provisto, y que traen, entre otras cosas en última instancia el reposo divino. Y todo ello está contemplado en el mensaje del Hijo del Hombre cuando nos llama a la mansedumbre y humildad para con Dios (Mt. 11:28-30).

“No entraron en su reposo” (Hb. 4:3sp. 5)

El escritor sagrado ha dicho que aunque el Reposo de Dios existía desde la fundación del mundo, cuando El originó el Séptimo Día, ellos, una mayoría de israelitas, no pudieron entrar en el Reposo de Dios (Hb. 4:3 sp., 5). [23]

Aunque podrían haber aprendido de la manifestación y revelación de Dios, en el hecho de haber decidido Dios reposar en el séptimo día y prolongar su reposo eternamente, y por lo tanto haberlo podido experimentar el ser humano en cada séptimo día, aunque tenían ese testimonio de Dios, no entraron en su reposo (Hb. 4:3 sp., 5).

Un nuevo llamamiento para todos los que faltan por entrar, a que oigan la voz celestial y no se endurezcan (Hb. 4:6, 7, 8.) [24]

“Por lo tanto, puesto que en la actualidad presente, desde la primera venida hasta la segunda venida del Mesías, faltan algunos que entren en el reposo de Dios (…)” (Hb. 4:6)

¿Quiénes son los que faltan por entrar?

Los que no han experimentado el reposo de Dios. Los que no han entendido los contenidos del testimonio de Dios implicados en el reposar desde el primer séptimo día.

Y ¿por qué? Porque se privan de conocer el valor terapéutico y protector implicado tanto en el testimonio de haber parado en el séptimo día después de haber creado la semana con el séptimo día (cf. Hb. 4:3, 4), como en los contenidos del testimonio: Libertad, paz, gozo, contemplación, revelación. Se trata de vivir desligados de la realidad celestial que supone el tiempo marcado por Dios como vehículo de Su reposo, como testigo de su existencia y presencia. Al rechazar el ciclo de 6 días con el séptimo que hace la semana como testigo de la existencia y presencia de Dios, la persona se deja arrastrar por el ídolo de la ciudad secular, por la existencia que el pecado engendra. Todo prima entonces más que Dios. El tiempo, incluida la señal sabática de su origen divino, y la necesidad de salir al encuentro del reposo de Dios plenamente, se somete a las condiciones que reclama la sociedad babilónica. Dios no ocupa el primer lugar; y las raíces, el diseño y el designio del ser humano se modifican en algo distinto a su naturaleza y destino.

“(…) y a quienes primero se les anunció la buena nueva no entraron por causa de desobediencia, otra vez se determina para este tiempo el mismo llamamiento [25] que se hizo por medio de David” (Hb. 4:6 pp, 7, 8):

¿En qué consiste el llamamiento?

Si oyereis hoy su voz, respecto a entrar en el reposo de Dios no endurezcáis vuestra mente (Hb. 4:7 úp.), para que no se tenga que transferir a otro día el llamamiento celestial como se evidencia con ese llamamiento de David. El rechazo y actitud desobediente de entrar en Su reposo, trajo el que de la época de Josué se trasladara a un nuevo día en la época de David a fin de hacer un nuevo llamamiento a entrar en el reposo de Dios. [26]

¿Y cómo lo pueden aceptar?

Sabiendo que queda un sabatismos, un día de sábado, para el pueblo de Dios (Hb. 4:9).

El día del šäbat como séptimo día, es el sabatismos en Cristo (Gn. 2:2, 3 cf. Mc. 2:27, 28 cf. Hb. 4:9-11, 4, 3úp.) que queda para el pueblo de Dios, y sirve en su valor celestial e institucional, inseparablemente unido a los 6 días anteriores, como moderador de cada día de la semana y como instrumento de comprensión del reposo de Dios en Cristo.

“Por tanto queda un hacer sábado para el pueblo de Dios” (4:9). [27]

Se nos había hecho un llamamiento, hoy (cf. Hb. 3:7, 8, ss., 12-15), a que no nos ocurra como a nuestros predecesores, y que no rechacemos la “buena nueva” que crea la situación necesaria para que el dominio del pecado y la ciudad secular que se opone a los valores celestiales, no impidan aceptar el llamamiento a entrar en Su Reposo, y quedando, como todavía permanece, el reposo sabático [28] que se instituyó con el primer Séptimo Día (Hb. 4:4 cf. Gn. 2:2, 3) podamos experimentar el Reposo de Dios [29] (cf. 4:10)

¿Y cómo? Cuando nos integramos en el mensaje del llamamiento celestial (Hb. 3:1 cf. 4:14-16), y entonces rechazamos el involucrarnos en la existencia mundanal, reconociendo el tiempo semanal como creación divina a fin de descubrir en él, los valores celestiales de la presencia, existencia y revelación de Dios, ordenando nuestra vida de acuerdo a esa permanencia de Dios tanto en nuestros trabajos, conflictos y relaciones, tendremos, como consecuencia del reconocimiento de los proyectos celestiales, la libertad de cesar de las obras comunes y de pecado en la institución del día del šäbat, a fin de dedicarlo, sin los límites del trabajo y de una vida en conflicto con la ciudad secular, en una adoración obediente a Dios, y entonces entramos en el reposo de Dios, descubriremos su reposo. [30]

<<Y el que entra “en Su reposo” (en el reposo de Dios), también él reposa de sus obras, lo mismo que Dios de los suyas>> (4:10).

El que entra en el sabbatismòs (Hb. 4:9), en ese día a consagrarse que queda todavía para el pueblo de Dios, entra a su vez y simultáneamente, en el estado de reposo de Dios (Hb. 4:10 pp.); experimenta las características del reposo de Dios que supone aceptar el tiempo semanal (ciclo de 6 días más el šäbat), como testigo de Dios, como valor celestial y creativo de Dios que hace permanente Su presencia y existencia frente, a la sociedad Babilónica, al comportamiento de la ciudad secular, al relativismo, al agnosticismo, al ateísmo, a la indiferencia, a la falta de fe, y a la ausencia de la obra y mensaje celestes del Mesías o Hijo del Hombre celestial. Permitiendo, desde los 6 días primeros de la semana, reconducir, mediante la meditación de los valores celestiales e intercesión del sumo sacerdote Mesías Jesús (Hb. 4:14-16), la experiencia del reposo de Dios en conflicto con la sociedad babilónica o ciudad secular, a la experiencia del reposo de Dios, en el contexto del šäbat donde, “se reposa de las obras como Dios de las suyas” (Hb. 4:10 úp.).

Esta fraseología (reposar de las obras como Dios de las suyas) utilizada en el reposo de cada séptimo día (Gn. 2:2úp, 3úp. cf. Hb. 4:4) supone mucho más que la mera terminología. Nos está recordando que el reposo de Dios en su experiencia más profunda y plena no puede manifestarse sin que la libertad a cesar de hacer obras se lleve a cabo. Y esto de cesar de hacer obras, en el caso del ser humano y de acuerdo a la disposición de Dios, únicamente puede realizarse en el šäbat de cada séptimo día. El ser humano, al verse libre de las obras de cada día de la semana, al otargársele en el šäbat de cada séptimo día un ambiente más favorable para poner su voluntad a disposición de Dios, y librarse de hacer obras de pecado, pudiendo evitar mejor los conflictos y preocupaciones, le permite entrar en el reposo de Dios y experimentarlo. De ahí que el que entre en Su reposo (4:10 pp.) cada día de Sábado establecido por Dios (4:9), y permanezca fiel a esa actitud, está ya ahora reposando de todas sus obras (de las que la propia existencia de pecado o no conlleva) como Dios lo hizo y está haciendo respecto de las suyas (4:10). [31]

Es, en el encuentro con el šäbat de Dios, del que el Hijo del Hombre o Mesías es Señor (Mc. 2:27, 28), habiéndolo instituido de acuerdo a nuestras raíces y necesidades, donde, al aceptarlo y respetarlo, nos encontramos con un principio de obediencia y de fe (cf. Hb. 4:2 úp., 6 úp.). Y es, en esa obediencia al šäbat, orientado por la enseñanza de obediencia del Mesías Jesús (Mt. 11:28-30), donde aparece el modelo a seguir durante el resto de la semana: no hay šäbat sin la conexión con los otros días de la semana, no hay descanso pleno en Cristo sin el šäbat (cf. Mt. 11:28-30). Ese modelo que surge en la experiencia de entrar en el reposo de Dios en el šäbat, debe regir durante el resto de la semana. Y es que, cuando interpretas el šäbat en su dimensión celestial, la que le concede el Hijo del Hombre (cf. Mc. 2:27, 28), entonces, la conexión celestial durante la semana (cf. Hb. 4:14-16) funciona en el sentido de preparación para el šäbat semanal en Cristo, experimentando el descanso en Cristo durante la semana (Hb. 4:14-16). Ese descanso celestial durante la semana, implica en su conexión y relación celestial, entrar en el šäbat libre de pecado, reconciliado mediante la obra intercesora del sumo sacerdote Jesús (cf. Hb. 4:14-16), y de este modo experimentar en el šäbat el reposo de Dios plenamente. [32]

Precisamente, por cuanto tenemos ese reposo sabático cada Séptimo Día es por lo que podemos entrar en su reposo, en el reposo de Dios (4:10), si en el llamamiento que se nos hace a no endurecer nuestros corazones, aceptamos el mensaje de salvación que en Cristo Jesús opera desde su vida y muerte en la cruz hasta su ministerio en el Santuario Celestial. Porque en ese reposo del šäbat se experimenta el Reposo de Dios. Y del mismo modo que el reposo de Dios supone haber reposado Dios de sus obras creativas con todo lo que ello implica y que ya hemos indicado, también nosotros al experimentar cada Séptimo Día el reposo de Dios, supone reposar, cesar de nuestras obras (4:10), tanto de las que se precisaba hacerlo antes del pecado como de las que se proveyeron una vez entrado el pecado. [33]

Los que hemos creído en la obra de Jesucristo que permanece en el Santuario Celestial en base a toda su obra redentora en la tierra, al cesar de nuestras obras de trabajo, y de preocupación por las cosas de esta tierra, cada Séptimo Día, se nos permite reflexionar y experimentar así el reposo de Dios plenamente: un reposo que implica la cesación de trabajar y el ocuparme en nada que no sea Dios, su voluntad salvadora, y la ausencia de pecado y desobediencia.

<<Procuremos, pues, entrar en aquel reposo (katápausin)…>> (4:11 pp.), en el reposo de Dios.

Si estamos procurando entrar en el reposo de Dios estaremos evidenciando que hemos aceptado a Jesucristo con todo su mensaje. Que habremos decidido no endurecer nuestros corazones queriendo permanecer en el pecado; y aun así y todo, si nuestra preparación en Cristo durante la semana es la espera de entrar en el reposo de Dios habremos roto con el hechizo de la civilización, absteniéndonos de toda actividad que pueda perturbar durante las 24 horas del Séptimo Día nuestra relación con Dios, nuestra experiencia reflexiva y comunicativa de estar en el reposo de Dios que se manifiesta en cada Séptimo Día cuando cumples las condiciones que el Espíritu Santo te indica (cf. Hb. 3:7 ss.), en base a la obra y mensaje de Cristo (Hb. 3:12-14; 2:14-17). Demostrando con nuestra tregua en el tiempo que el dinero con todo lo que le rodea no es un ídolo para nosotros, puesto que hemos estado dispuestos a romper con el espacio de las cosas y del consumismo en favor del tiempo sagrado, proclamando que el hombre que no endurece su corazón ante el llamamiento de Dios en Cristo Jesús controla su libertad en el tiempo dando un armisticio a los conflictos personales y sociales, renunciando a la tensión, y huyendo hacia la obra creada y redimida, para estudiarla en el reposo de Dios que se ha de manifestar en cada día con los límites impuestos de la vida diaria común, preparando durante cada semana, la posibilidad de la manifestación plena de ese reposo de Dios en cada Séptimo Día. Cuando se procura esto “nadie cae en semejante ejemplo de desobediencia” (4:11 úp.), tal como cayeron los antiguos israelitas (4:6 cf. 3:15-19), “por cuanto se está entrando en el reposo de Dios” (4:11 pp.). [34]

El versículo 11 está unido, por un lado a los textos anteriores: si no se quiere caer en un ejemplo de desobediencia como el que manifestaron los antiguos israelitas será preciso expresar con nuestra conducta que el Espíritu Santo nos conduce al esfuerzo de apresurarnos, a entrar en el reposo de Dios cada Séptimo Día, haciendo Sábado con todo lo que implica de preparación anterior y de realización en dicho día. Por otra parte está ligado a los versículos posteriores. En efecto, debemos saber, que si no lo estuviéramos haciendo, la palabra de Dios lo discernirá, puesto que se le hacen presentes los pensamientos e intenciones de cada uno (4:12), no habiendo nada que no pueda ver o saber Aquel a quien debemos dar cuenta (4:13).

“Por tanto” estando a nuestra disposición el Hijo de Dios llevando a cabo un ministerio sacerdotal en el Santuario Celestial, podemos recibir la ayuda que precisemos a fin de que nuestras debilidades sean superadas (4:14, 15). Si nos acercamos al trono de la gracia obtendremos el oportuno socorro (4:16)

Es decir, todo lo que implica el lograr entrar en el reposo de Dios se puede conseguir si mantenemos una comunicación directa con la obra que Jesucristo está realizando en el Santuario Celestial.

Conclusión respecto al reposo de Dios

El Mesías Jesús es el dueño de la Casa de Dios, ha continuado su ministerio en un Santuario Celestial y ha conseguido que el reposo de Dios sea una realidad gracias al trayecto preparatorio durante la semana mediante el ministerio de intercesión, y a la posibilidad de que en cada Séptimo Día se pueda hacer Sábado y entrar sin pecado en el reposo de Dios.

Hemos comprobado también que el significado del Sábado en el Séptimo Día incluye la posibilidad de entrar en el reposo de Dios que se inició en ese primer Séptimo Día, el correspondiente a la creación. [35] Vimos que la obra de Jesucristo en el Santuario Celestial es imprescindible para alcanzar la preparación necesaria durante la semana, y poder entrar en el reposo de Dios que se manifiesta, dado el contexto favorable, en cada Séptimo Día, habiendo cesado de toda obra: de las comunes, de las de pecado y del trabajo deteriorado por el pecado. Es de ese modo que experimentas el reposo de Dios alcanzando la paz, la libertad, el amor, la salud en todas sus dimensiones y la plena adoración en espíritu y en verdad, sin los obstáculos de la vida cotidiana.

El Sábado en el Séptimo día se recupera como para lo que era: lo que resulta de cesar de todas las obras que surgen como fruto de tu propia existencia social, y ahora de las que se añadieron con la entrada del pecado, ayudando a otros, por todos los medios (cf. Ef. 2:8-10), a que conozcan la obra redentora y descansar así en el reposo divino. La semana se convierte en un itinerario, que a pesar de las luchas, de los trabajos y de los sinsabores ha de encontrarse con Cristo en los lugares Santos del Santuario Celestial (Hb. 2:14-17, 18; 4:14-16; 6:19, 20; 7:22-27; 8:1, 2; 9; 10: 19-21) para poder compensar la ruta tortuosa que todavía implica vivir en este mundo de pecado; preparando mediante el reposo de Dios en Cristo durante la semana la entrada en el Reposo de Dios cada Séptimo Día. De ese modo llegado el Séptimo Día y haciendo sábado, te aíslas del trabajo y del mundo de pecado, y permaneciendo en Cristo, experimentas el Reposo de Dios que ha de manifestarse, de acuerdo al propósito divino, y a la ejecución que supone la institución divina y la imitación a Dios. El Sábado en el Séptimo día llega a ser factible, cuando has experimentado la redención de Jesucristo. Porque en esa redención, Jesucristo mediante el Espíritu Santo te libera de la tendencia irremediable (Rm. 8:1-3 cf. Jn. 3:5, 6) a transgredir la Ley del Reino de Dios (cf. Rm. 4.7; Ti. 2:14),[36] haciéndote recuperar el que la Ley de Dios quede grabada en la naturaleza humana (Hb. 8:8-12 cf. 2ª Cor. 3:3, 6). Cuando eso se produce, el ser humano se sujeta, con el poder del Espíritu Santo, a la Ley de Dios integrada por el Espíritu Santo (Rm. 8:5-9) que te lleva a salir al encuentro del tiempo sagrado marcado por esa Ley de Dios, y de este modo los relojes biológicos y espirituales se ponen al unísono, tal como en el diseño creativo, antes del pecado estaba dispuesto, preparándose para aquel “día de mañana” cuando de “mes en mes y de sábado y en sábado” vayamos a adorar en la nueva Jerusalén (Ap. 1:10 cf. Mc. 2.27, 28; Ap. 22:2 cf. Isa. 66:23 cf. Jn. 4:20-24). [37]

El Sábado, interpretado de ese modo, implica la comunión con Dios sin los obstáculos de la vida normal, reflexionando sobre lo que es un tiempo santificado: una vida sin pecado en Cristo, y sin los impedimentos del trabajo. Dándole la espalda al pecado, gozando de la paz, la tranquilidad, y el equilibrio; comprobando la libertad de Dios y el amor puesto en su Creación cósmica y en la Redención humana; adorando en espíritu y en la verdad de Dios (cf. Jn. 4:20-24), poniendo los ojos en Jesús, en el autor y consumador de la fe (Hb. 12:2 pp.) que está ahora en la diestra de Dios (Hb. 12:2 úp.) para llevar a cabo un ministerio Sacerdotal (Hb. 2:14-17, 18; 4:14-16; 6:19, 20; 7:22-27; 8:1, 2; 9; 10: 19-21), que aunque es continuo, cuando se entra en el reposo de Dios, haciendo Sábado, no se sufren las alteraciones que supone tu labor social y las preocupaciones de la vida cotidiana; viviendo por anticipación todas las promesas de Dios, en especial la de la vida eterna que se manifestará mediante la resurrección y/o transformación en ocasión de la Segunda Venida de Jesucristo (cf. Col. 4:1-4). [38]

Cuando tenemos en cuenta todo lo dicho hasta aquí, estaremos entrando y experimentando Su Reposo.

No olvidemos el motivo de este tema: se trata de la condición celestial que hemos adquirido todos aquellos que hemos aceptado al Mesías (Jn. 3:12-15, 3-7, 9 cf. Jn. 6:53, 54 cf. Mt. 26:63, 64 cf. Lc. 17:22-30 cf. Hb. 3:1, 7-13, 14, 18 cf. 4:1 cf. Ap. 1:13-20). Se nos ha hecho un llamamiento a entrar al Reino de Dios (Mt. 6:33) naciendo de arriba (Jn. 3:3), y experimentando la vida eterna (Jn. 5.24, 25). Todo esto se identifica con el descanso en Jesucristo (Mt. 11:28-30, 26, 27) y el reposo de Dios que nos habla Pablo (Hb. 3:1, 7-14, 18, 19; 4:1-16) en referencia a la vocación celestial con el Hijo del Hombre (Jn. 3:3-7, 8, 12-15 cf. Jn. 6:53, 54 cf. Mt. 26:63, 64 cf. Dn. 7:13, 14; 8:11-14, 26, 27 cf. 9:23, 24-26, 27). Únicamente aquellos que han aceptado el llamamiento celestial (Jn. 3:12-15, 3-7, 9 cf. Jn. 6:53, 54 cf. Mt. 26:63, 64 cf. Lc. 17:22-30 Hb. 3:1, 7, 8, 12-14, 15), podrán experimentar ese reposo de Dios, y adquirir la ciudadanía celestial (cf. Fil. 3:20), y habitar en la Nueva Jerusalén (cf. Ap. 21:1-3 ss., 8-10, 11 ss.,-22:1ss.-26, 27). Ni el bautismo, ni el creer en Dios, ni el ser activo en la Iglesia son evidencias claras de formar parte de esa vocación celestial, sino el nacer de arriba (Jn. 3:3) mediante el Espíritu Santo (Jn. 3:5 cf. Jn. 16:7-9); el conocer a Dios (Jn. 17:3) que te lleva a identificarte con los principios celestiales del Reino de Dios (Mt. 6:33) desterrando los principios del reino de este mundo; y pidiendo a Dios en el nombre del Mesías (Hb. 4:14-16 cf. Ap. 5:8; 8:3, 4; Jn. 14:13-16 cf. Lc. 11:13) y fijar la creencia permanentemente (Jn. 8:31, 32).

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[1] William Shea en Le Jugement en Daniel 7, op. c., p. 151.

[2] Id., 152.

[3] Recuérdese la sección introductoria y los capítulos correspondientes donde tratamos todos estos asuntos ampliamente.

[4] En primer lugar se presenta la importancia de la figura de Jesucristo, el protagonista de nuestra salvación como siendo semejante en todo a nosotros, siendo poderoso para socorrer a los que son tentados (Hb. 2:14-18). A continuación en el cp. 3 se inicia con un adverbio que alude a lo anterior por tanto ((hothen) (Ver a Maurice Carrez-François Morel en Dictionnaire grec-français du Nouveau Testament, op. c., p. 173. Bover-O’Callagan traducen por donde. El sentido es el mismo, se está aludiendo a lo anterior.).

¿Qué se nos quiere decir con ese adverbio que hace referencia arrastrando lo anterior?

Se nos hace un llamamiento a considerar a Jesucristo tal como se nos ha referido, dentro de una vocación celestial (3:1 cf. 2:14-17) y comienza un segundo aspecto que sigue la línea determinada ya en el capítulo 2 introduciéndose una comparación con Moisés, en la que se va a demostrar la superioridad de Jesucristo precisamente exponiendo la obra que Jesucristo ha podido realizar y que en la época de Moisés no se pudo llevar a cabo. En efecto, si bien Jesucristo es superior a Moisés por cuanto éste pertenece a la Casa de Dios como siervo mientras que Jesucristo es el dueño de la Casa como hacedor de ella (3:2-6), en la época de Moisés no se pudo entrar en el reposo de Dios por cuanto la incredulidad y el endurecimiento de los israelitas lo impidieron (3:7-11). A continuación se hace otro llamamiento a que tengamos en cuenta esta experiencia (3:12-15 cf. Rm. 15:4) para que no ocurra con nosotros igual.

[5] La idea de la incredulidad en contraste con la necesidad de salir al encuentro de lo que implique y signifique el reposo de Dios sobresale por cuanto se inserta la necesidad ineludible de participar de Cristo (3:14) reteniendo nuestra confianza, pero en contraste con el hecho de que los que se portaron incrédulamente no entraron en el reposo de Dios (3:7-11, 16, 19 cf. 3:12-14, 15).Y ahora nótese, porque es muy importante reseñarlo para una mejor comprensión del capítulo 4. Cuando se nos está diciendo que nosotros no nos permitamos caer en semejante ejemplo de incredulidad (3:12), sino que nos exhortemos para no endurecernos como ellos (3:13, 15) y que permanezcamos siendo participantes de la obra que Jesucristo ha hecho en nuestro favor (3:14 cf. 2:14, 15-18), se nos está indicando que si ellos debido a su manera de ser no participaron del reposo de Dios (3:16-19), nosotros debemos aceptar el mensaje hoy (3:15), ya que con Jesucristo, debido a su obra realizada y que continua llevando a cabo (2:14-18; 3:1 cf. 4:14-16; cps. 7; 8-10) podríamos experimentar el reposo de Dios entrando en él (cf. 4:9, 10), y que esa experiencia del reposo de Dios la obtendremos si no perdemos de vista el llamamiento celestial con el que podemos identificarnos, si nos acercamos al trono de la gracia (cf. 4:14-16), y esperamos que llegue el tiempo del cumplimiento definitivo de ciertas promesas (11: 13-16, 39, 40; 12:1-4 y ss) imprescindible para experimentar plenamente el reposo de Dios (12:14, 22-28).

[6] Es evidente que el escritor sagrado está hablando en términos generales del colectivo israelita. El sentido de las excepciones se plantean en el capítulo 11 de Hebreos que no pretende ser una lista exhaustiva (cf. 11:32). Por ejemplo, tanto Josué como Caleb no fueron de los que murieron de la generación del “desierto” a causa de su incredulidad. La lista del capítulo 11 se caracteriza precisamente por contener toda una nube de testigos de la fe, lo que contrasta con la desobediencia y la incredulidad de cierta mayoría.

[7] Hay un contencioso adicional que deberemos dar una solución: independientemente del significado del reposo divino que aclararemos a continuación: ese entrar en Mi reposo, en el reposo de Dios no se alcanzó (lo que descarta la posibilidad de que el Reposo de Dios aluda al descanso de la muerte. Puesto que todas esas generaciones murieron, y sin embargo no entraron en Su Reposo, en el Reposo Divino), ni por ninguno de aquellos que estuvieron vagando por el desierto, a causa de la desobediencia e incredulidad (Hb. 3:8-11, 16-19 cf. Sal. 95:7), ni tampoco por las generaciones posteriores (4:8), ya que David ulteriormente (Sal. 95:7, 8.) anuncia a otro momento distinto en el futuro de Josué y del propio David para insistir en el llamamiento (cf. Hb. 4:7, 8).

[8] F.F. Bruce no oculta el significado de algunos términos que son esenciales para una exégesis esmerada (en La Epístola a los Hebreos, op. c., p. 71-79), aun cuando no acierte en la identidad del único reposo de Dios que existe, y cómo se manifiesta en la humanidad. H. Orton Wiley (La Epístola a los Hebreos, op. c. pp. 139 ss.) si bien nos descubre el valor del reposo del séptimo día, no acierta a ver un único reposo divino en las diferentes apariciones del término reposo que el texto recoge, y no sabe relacionar ni tampoco Bruce y otros la conexión identificadora entre el reposo que se obtiene por la obra redentora de Jesucristo con el reposo divino que se manifiesta en el séptimo día de la Creación. C. O. Gillis (Comentario a la Epístola a los Hebreos, op. c., pp. 44-47) ha sabido relacionar el reposo de Dios que empieza a manifestarse en el primer séptimo día con el reposo de Dios y del creyente, aunque en última instancia no sepa proyectar las consecuencias que se derivan de esta relacionalidad.

Bacchiocchi ha sabido poner en claro (ver tanto en Reposo Divino en la Inquietud Humana, op. c., pp. 128-131 como en du Sabbat au Dimanche, op. c., pp. 52-57) según nuestra opinión, la relación entre el Sábado o Reposo de Dios, que se inicia en el primer séptimo día, y que se le otorga al creyente para que pueda participar del Reposo Divino, alterado para el hombre como consecuencia del pecado. Lo mismo podemos decir del CBA, vol. VII, op. c. pp. 434-438, 428, 429. Francis Augsburger (en Le Sabbatismòs d’Hébreux 4, Servir, I Trimestre 1976, pp. 3, 4) intenta clarificar mediante el análisis morfológico y sintáctico el sentido de la palabra sabbatismòs. Paul Nouan (en Le septième jour, op. c., pp. 127-132) no se ha molestado en descubrir lo que da luz en la comprensión del Reposo de Dios.

[9] La relación entre el reposo de Dios y el reposo del día del Sábado (Hb. 4:1-3 cf. Hb. 4:4, 9), se confirma constatando, no solamente por el aspecto filológico, cuando el autor pasa de katapeu,w a sabbatismo.j  sino por la fraseología que utiliza cuando introduce el sabbatismo.j (sabbatismòs) que corresponde a la que se usa en el reposo del séptimo día: se reposa de las obras como Dios de las suyas (Hb. 4:9, 10 cf. 4:4 cf. Gn. 2:3).

La palabra sabbatismo.j (sabbatismòs), que Bover-O’Callagan traducen por descanso sabático (ver también a F.F. Bruce, Epístola a los Hebreos, op. c., p. 73), procede del verbo sabbati,zw sabbatizö (de acuerdo a A. T. Robertson y a F. F. Bruce “guardar el sábado” cf. Ex. 16:30). El verbo sabbatízö deriva de sa,bbaton sábbaton que en La Septuaginta se refiere siempre al día del sábado o a la semana que culmina con el sábado (ver sobre esto a CBA, vol. VII, p. 437).

[10] Una vez establecidas las características celestiales del reposo de Dios que definen su significado e implicación, y las que contiene el šäbat celestial semanal, digamos ahora como se vincula el descanso de Cristo (Mt. 11:28-30) en el šäbat celestial semanal (Mc. 2:27, 28; Gn. 2:2, 3 cf. Hb. 3:3, 4, 9-11) con el descanso de Cristo en cada día de la semana:

Esta dimensión del Sábado teniendo en cuenta el Reposo Divino, permite enfrentar las cargas y el cansancio. Cuando experimentamos la aflicción y las contrariedades que esta vida nos presenta que configuran las desdichas humanas, al ir a Jesucristo (Mt. 11: 28 pp.) considerándolo por la fe en el Santuario Celestial (Hb. 4:14-16), y puestos nuestros ojos en él (Hb. 12:2), cada día de la semana, encontramos verdadero descanso aprendiendo de Él que es manso y humilde (Mt. 11:28-30). Este descanso condicionado a la mansedumbre y humildad para con Dios, se establece plenamente, cuando siendo manso, dejándote conducir por Dios, y siendo humilde, sometiendo la voluntad a la de Dios, aceptas, el descanso sabático semanal como integrado en la mansedumbre y humildad para con Dios, y los valores celestiales involucrados en el šäbat celestial semanal del Hijo del Hombre (Mc. 2:27, 28). Reconociendo el valor del reposo divino que se quiere manifestar en el tiempo sagrado instituido, aprendes de Jesucristo siendo manso y humilde para con Dios, y te conviertes en un candidato obediente en todo aquello que Dios ha establecido a fin de experimentar la protección divina.

Tanto la Semana como el Sabbat han sido creados por Dios. En la medida en que te conduces con mansedumbre y humildad para con Dios, aceptas sus recomendaciones a protegerte, y por lo tanto aceptas la semana como proveniente de Dios, te sirve como referencia constante de que Dios existe y la ha creado para beneficio tuyo, y poder ir cada día de la semana a encontrar el descanso en Cristo cuando en tu lucha contra las preocupaciones de la vida y de las tentaciones buscas tu vocación celeste y tu encuentro con Dios en el Santuario que el Mesías oficia como intercesor y ayudador tuyo (Mt. 11:28-30 cf. Col. 3:1-4; Hb. 4:14-16). Ahora bien, durante la semana hasta llegar al cierre de ésta en el Sabbat, has podido encontrar el descanso en Cristo pero con las limitaciones que lleva consigo el trabajo y las preocupaciones; en el Sabbat celeste establecido por Dios en Cristo, puedes experimentar el significado del reposo eterno  de Dios más plenamente, sin los límites de las obras de trabajo y de pecado. Si se ha experimentado el descanso en Cristo durante los diferentes días de la semana yendo al trono de la gracia y obteniendo el oportuno socorro, entonces el viernes a la puesta de sol, en el comienzo del Sabbat, has cesado de hacer obras de trabajo y manteniendo la obra de intercesión del Mesías, entras en el tiempo sagrado del Sabbat sin los límites de las obras de trabajo y de pecado, pudiendo experimentar el significado del reposo eterno de Dios plena y completamente.

[11] La Septuaginta utiliza este mismo término, pero en forma verbal (kate,pausen de kata,peuo) cuando traduce el reposo de Dios en el séptimo día en Génesis 2:2, 3, mientras que en hebreo usa el verbo šäbat.

[12] La forma verbal (Eivserco,meqa eiserchometha) denota en presente una acción continua.

[13] Es evidente que la creencia desde la iniciativa del Espíritu Santo a la salvación hasta el cumplimiento de la promesa de la Segunda Venida de Cristo pasando por la experiencia del Nuevo Nacimiento, con el proceso de crecimiento espiritual que eso implica, vamos desarrollándonos en ese entrar continuamente del Reposo de Dios.

No olvidemos que el Hijo del Hombre celestial nos insta a conocer a Dios (Jn. 17:3) y el Reino de Dios (Mt. 6:33 cf. Mc. 1: 14, 15), y el cómo formar parte de él mediante el nacer de arriba mediante lo que significa e implica el mensaje y la obra del Hijo del Hombre celestial (cf. Jn. 3:3-6, 7, 12-14, 15).

[14] Si hubiera creído en Dios respecto al llamamiento celestial y lo hubieran fijado la generación israelita, habría podido experimentar el reposo de Dios. Sin embargo lo implicado en el pecado y la naturaleza pecaminosa que habría permanecido, no hubiera permitido una experiencia más profunda. Esto nos invita a pensar en dos aspectos relativos al reposo de Dios. Que se podría haber estado participando del reposo de Dios aun permaneciendo en un proceso de aceptación y crecimiento en el conocimiento de Dios, y de un abandono de lo que puede ser erróneo. Sin que esto nos diga todavía el cómo y el cuándo de la experiencia del reposo de Dios. Y en segundo lugar la creencia y la aceptación no son propiamente el Reposo de Dios sino que crean un ambiente espiritual que te capacita para que en su momento entres en el Reposo de Dios.

No cabe duda que la expectativa anunciada por el profeta (cf. Isa. 6:19-25) hubiera podido ser una realidad para Israel, pero la condicionalidad de su cumplimiento trajo la imposibilidad por la actitud israelita. Si hubiese acontecido de acuerdo a lo previsto, la experimentación del reposo de Dios sería parcial y no plena, pero de acuerdo a la circunstancia estaría justificado el emplear igualmente la expresión “entraron en mi reposo”, aun cuando la totalidad de la experiencia requiera una progresión y un añadir y quitar elementos relativos a la conducta y actitud del ser humano.

De cualquier forma la existencia de la problemática del pecado no impide el poder participar del reposo de Dios.

[15] Es decir, de acuerdo a la cita del Salmo 95:11, ahí se hablaba de un reposo en ocasión de la presencia israelita en su peregrinaje por el desierto, y que cuando llegaran a la llamada tierra prometida en Canaán no entrarían en el reposo de Dios (cf. Hb. 4:8).

Observemos que el reposo al que se dice haber entrado o al que se tiene acceso (4:3 pp.), es el reposo que los israelitas antiguos no alcanzaron (Sal. 95:11 cf. Hb. 4:3 sp.), y viene por la misma palabra katápausin (kata,pausin katápausin). El final de la frase de este versículo es reveladora, porque se nos ofrece la primera visión del reposo al que se hace referencia.

[16] Aquí comprobamos que el reposo de Dios tiene que ver con el momento que se inicia al final de la realización de las obras creativas. Ese tiempo es el Séptimo Día en el que Dios hace Sábado o Reposo originando Su Reposo, y otorgando al hombre un ejemplo a partir del esquema de 6 días y uno “el Séptimo” en el que debería hacer Sábado repetitivamente cada fin de la Semana creada, como recuerdo de la obra Creada, así lo entendieron tanto Moisés (cf. Ex. 20:8-11), que es el que escribe Génesis bajo inspiración divina siendo el transmisor del Decálogo que el propio Dios había escrito, como Jesús (Mc. 2:27, 28 cf. Mt. 19:8 úp.).

[17] El autor de Hebreos sigue a la Septuaginta en la elección del verbo katépausen de katapáuö, que utiliza dicho término en Génesis 2:2, en el lugar de šäbat que trae la versión hebrea, para que el lector pueda, además del texto citado como apoyo para su identificación, establecer el tipo de reposo al que se hace mención. Sabemos que el reposo del Séptimo Día supuso una cesación del trabajo creativo, y una manifestación de la libertad, de la paz, de la contemplación de la obra creada, entre otras cosas, algunas de ellas ya explicadas en otros apartados; y por otra parte el reposo de Dios tiene su origen en ese primer Séptimo Día al que se llega después de los seis días anteriores, con lo cual había un propósito definido por parte de Dios en manifestar Su reposo en cada Séptimo Día que se produjera. El autor ha querido intencionadamente advertirnos que el reposo de Dios aludido en ocasión de lo que narra el Salmo 95:7-11, es el mismo reposo de la creación que se prolonga para Dios hasta la eternidad con unos contenidos y características, y que había de manifestarse, de acuerdo a unas condiciones, para la humanidad, en cada Séptimo Día (Gn. 2:2, 3 cf. Ex. 20:8, 11), y en cada uno de los demás días del ciclo semanal, vinculados al Séptimo día, y dentro de los límites impuestos a la falta de libertad plena en adorar en los conflictos diarios.

No obstante nuestro autor de Hebreos no copia a la Septuaginta, aquí (en el v. 4) ha insertado “ö Theòs en” (o` qeo.j evn) que no aparece en la versión de los Setenta.

Todavía más, mientras que la Septuaginta no hace diferencia, en cuanto al término escogido para determinar el reposo de Dios en Salmo 95:11 (el sustantivo katápausis ) y el utilizado en Génesis 2:2 y Ex. 20:11 (el verbo katapáuö), la versión hebrea emplea en el primer caso münûHä, en el segundo šäbat. En cada šäbat existe münûHä. La cesación de la actividad trae el ambiente de lo que implica el reposo iniciado y prolongado a lo largo de las 24 horas del Séptimo Día, o de tiempo prolongado e indeterminado para Dios.

[18] Alusión al primer séptimo día mencionado en Génesis.

[19] H. Orton Wiley (en La Epístola a los Hebreos, op. c., pp. 146, 147) hace un comentario que merece la pena consignarlo para entender mejor lo relativo al Reposo de Dios:

<<El relato del Génesis aclara además que “bendijo Dios al día séptimo y lo santificó, porque en el reposó de toda la obra que había hecho en la creación (Génesis 2:3). Resulta evidente de esta cita que hay una relación vital y estrecha entre el reposo de la creación y el reposo del Séptimo día. (1) Es un reposo después de seis de trabajo; (2) Es un reposo en el que Dios mora, y esta presencia permanentemente santifica tanto el reposo como el día de reposo (…) ¿Pero cuál es el séptimo día en el que Dios reposa? Es aquel que sigue a los seis días de actividad creadora, marcado por un principio y un fin (…) Aunque en la creación el reposo es el eterno “hoy” de Dios, también designó el séptimo día según lo computa el hombre, como un “día santo” o “día de descanso,”  (…)>>

La cita del autor coincide con un pensamiento que es preciso reseñarlo.

El Reposo de Dios tal como veremos con más detenimiento se relaciona con el Reposo del Séptimo Día que Dios instituyó para manifestar en él su Reposo que comenzó precisamente en ese primer Séptimo Día, y que podría experimentarse cada Séptimo Día por cuanto así lo quiso el Creador. El propio Adán tuvo la oportunidad de estar en ese Reposo de Dios mediante el reposo del séptimo día instituido por Dios. El reposo en cada séptimo día que hubiera servido para participar del reposo de Dios, quedó inutilizado por el pecado y alteró al ser humano hasta el punto, de que la transgresión de la ley de Dios, la incredulidad, la desconfianza, si no encuentran solución, impiden el experimentar ese reposo de Dios aun cuando se estuviera guardando el Séptimo Día.

[20] Y si bien esto último lo puedes comprobar en cualquier momento como aconteció con Adán y Eva antes del pecado, se les había señalado un día especial de adoración y reunión (Gn. 2;2, 3 cf. Ex. 20:8; Hb. 4:4, 9 cf. 10:19-25; Lc. 4:16; Hech. 17:2, 3; 13:14-16; 42-46; 16:11-13; Mc. 2:27, 28 cf. 19:8 úp.), para que dejando todas las demás actividades, que impiden el vivir plenamente el reposo de Dios, pudiesen entrar en el reposo de Dios inaugurado, manifestado en el primer Séptimo Día, e instituido para que pudiera experimentarse cada Séptimo Día (Hb. 4:3 úp, 4).

[21] Sin embargo Jesucristo nos dice que sigue obrando y que él, imitador de su Padre, también obra (cf. Jn. 5:17). Ahora comprendemos mejor ese pasaje de Jesucristo: Si bien Dios ha cesado su actividad creadora con su Reposo que inició en el primer Séptimo día transcurrido en la creación, El se ha visto involucrado en su obra redentora, en su plan de la salvación. Jesucristo está llevando a cabo una obra redentora, de salvación y de curación en el día de hacer Sábado, al igual que su Padre, que no es transgredir el Sábado.

[22] Nótese que el pecado no se había introducido todavía (Gn. 2:2, 3 cf. 3:1-6), y además se le había encargado una tarea de trabajo al hombre (Gn. 2:15) que al comienzo del siguiente Séptimo día tendría que haber cesado. Con esto se nos enseña que a pesar de la ausencia del pecado es preciso experimentar el Reposo o Sábado de Dios, cada Séptimo Día instituido para tal efecto. En segundo lugar: el trabajo es necesario y está fuera del contexto del pecado, sin embargo precisa una cesación, de acuerdo al ejemplo divino (Gn. 2:2, 3) y a la interpretación del mismo (Ex. 20:8-11 cf. Lc. 4:16) que nos describe lo que nos expone Génesis 2:2, 3.

[23] Teniendo los Israelitas colectivamente como tenían el Séptimo Día, donde Dios manifestaba Su reposo iniciado y desarrollado a partir del primer Séptimo Día, e institucionalizado y creado por el propio Dios con la llegada de la semana a la que completa, para que el ser humano pudiera entrar experimentando el reposo de Dios, se dice que no entraron en ese reposo (4:5, 3), en Su reposo que se origina en el primer Séptimo Día (4:4), y que transcurre para El hasta la eternidad, y que se manifiesta cada Séptimo Día, desde la Creación, en aquellos que aceptan la buena nueva de la salvación en Jesucristo y creen en los valores del reposo de Dios, incluido todo lo que implica el hacer Sábado en el Séptimo Día donde Dios manifiesta Su reposo.

Ya hemos indicado en otra nota que se está refiriendo al comportamiento de una cierta mayoría incrédula (cf. Mt. 19:8 pp.), pero aquellos que por fe vieron a Jesucristo (cf. Jn. 8:56; 5:46, 47; Hb. 11:13; Gn. 32:24-30 cf. 18:1-33; 19:1-3) y creyeron en lo que implicaba la promesa del plan de la salvación propuesto por Dios en El (Gn. 3:15; Gál. 3:8, 16, 17 cf. Gn. 18:18; 22:18; 26:4; 28:14;1ª Cor. 10:2, 3, 4; Jn. 1:29 cf. Hb. 9:1 y ss.), acumularon la fe necesaria para experimentar el reposo de Dios que se manifiesta en el Séptimo Día instituido para tal efecto.

[24] Este era el problema de esas generaciones israelitas, con las excepciones ya indicadas: que al ser incrédulas, contumaces, no pudieron entrar (4:6). No tenían en cuenta la vocación celestial. No consideraban el tiempo que consumían como testigo de Dios, y por lo tanto no consideraban a Dios como haciendo acto de presencia en su existencia. Esto les desprotegía frente a la ciudad secular, prefiriendo vivir de acuerdo al tiempo mundanal.  No estaban dispuestas a cesar de pecar, a proveerse de los medios, que por anticipación Dios había previsto, en base a Jesucristo, en los ritos que señalaban la redención en y por El: en el Cordero que quita los pecados del mundo (Jn. 1:29 cf. Hb. 9:1-9, 11-14, 22-28).

A partir del pecado para poder experimentar el Reposo de Dios, y entrar en él, es imprescindible cesar, “hacer sábado” en cada Séptimo Día, de todas las obras; pero ahora hay un elemento adicional que traduce el verdadero “estar” en el Reposo de Dios cuando haces sábado en el Séptimo Día: y es el haber cesado de hacer obras de pecado, cumpliendo así con el propósito original y objetivos por el que fue instituido.

De ahí que tampoco les sirviera el reposo de cada Séptimo Día, puesto que se precisa reposar de todas las obras. El entrar en el reposo de Dios exige estar en paz con El, con los demás y consigo mismo. Exige sentirte libre de abandonar todo tu trabajo para entrar en comunión con El. La libertad de cesar, cada semana en el día que Dios ha establecido, implica amar a Dios, buscar la adoración y alabanza por Su obra creadora y redentora.

No podrías estar en paz con Él si no te has asegurado Su perdón por la elección de una actitud o de una ideología que te lleva al error y al alejamiento de Él. Tampoco puedes estar en paz con El, si rechazas voluntariamente lo que El provee como marco sagrado temporal para manifestar Su Reposo, ya que te estás privando de lo que implica una línea de bendición que El ha provisto, y creas una direccionalidad y programación en la que no se ve necesario ajustarse a todo lo implicado en el mensaje de Dios, repercutiendo en tu relación de fidelidad para con Él, y engendrando situaciones anómalas para con los demás y contigo mismo.

[25] Las expresiones otra vez determina un día: Hoy” “Si Josué les hubiera dado el reposo” “no se hablaría de otro día”, se refiere a la determinación de un día distinto para volver a hacer el llamamiento. El hoy no expresa otro día de reposo sino otro día en hacer de nuevo el llamamiento a no endurecer el corazón

[26] Es evidente que si el reposo de Dios hubiese que interpretarlo como siendo la entrada en la tierra de Canaán, en ocasión del día en que Josué les introdujo (4:8 pp.), no hablaría Dios después de otro día, de otro momento, en ocasión de David (4:7): de otro hoy para oír la voz de Dios a fin de no tener que endurecer los corazones, y de ese modo poseer la posibilidad de entrar en el reposo de Dios que se inicia en el primer Séptimo Día, y que se instituye desde ese momento como el Día de hacer Sábado, reposo, y de ese modo, cuando se comprende la realidad  y dimensión celestial, entrar en el reposo de Dios.

[27] Ver respecto a sabbatismo.j (sabbatismòs) notas 94 y 103, y notas siguientes.

[28] Bacchiocchi (en Reposo Divino para la Inquietud Humana, op. c., p. 129) ve una intención en el autor de Hebreos cuando se siente libre en cambiar el término común para descanso katapausis, por la expresión más específica sabbatismòs, y añade: <<Que ese vocablo se refiere explícitamente a la observancia del séptimo día, está probado por el significado que este término tiene en los escritos de Plutarco, Justino Mártir y Epífano entre otros. Además el verbo afín sabbatízö “reposar” se emplea varias veces en la Septuaginta (…) refiriéndose claramente a la observancia del sábado>>

<<Estos factores abogan decisivamente en favor de la interpretación de “sabbatismòs – reposo sabático” como una referencia al descanso del pueblo de Dios (4:9) en el séptimo día>>.

[29] Samuel Bacchiocchi dirá (du Sabbat au Dimanche, op. c., p. 56):

<<Así este reposo del Sábado que “permanece” para el pueblo de Dios no es simplemente un día de reposo; para el autor de la epístola, es una ocasión de entrar cada semana en el reposo de Dios, es decir de liberarse de las cargas de trabajo para aceptar libremente los beneficios de la creación – redención de Dios>>

[30] Este reposo que permanece para el Pueblo de Dios, no es algo a alcanzar en el futuro. El reposo de Dios que existe desde el primer Séptimo Día (Hb. 4:3 úp, 4) se conjuga continuamente con el reposo sabático que se le dio al ser humano desde el principio (Gn. 2:2, 3), cuando se instituyó para él la necesidad de hacer Sábado cada Séptimo Día (cf. Mc. 2:27, 28) y ha de proseguir a lo largo del tiempo.

El verbo permanecer apoleipetai que aparece en Hebreos 4: 6, 9, es un pasivo presente y no implica una perspectiva de futuro simplemente. Lo mismo ocurre con el v. 10, los verbos eiselthôn y katepausen no están en futuro sino en aoristo. La idea tiene que ser recogida como algo que existiendo ya desde el pasado continua a través del presente, pero de un presente que sigue. En efecto el Reposo de Dios no finaliza nunca, y permite que se experimente ya en cada día sabático (unido a los 6 días anteriores) que Dios instituyó desde el primer Séptimo Día para que el hombre pudiera entrar en su reposo cada Séptimo Día, y en el resto de los días de la semana, con las limitaciones que en esos días comunes generan los conflictos, trabajo y ocupaciones.

Insistimos en las ideas vertidas fuera de esta nota ¿Para qué queda o permanece un hacer sábado en el séptimo día para el pueblo de Dios? La idea que se va arrastrando es la siguiente: Desde el principio existía un reposo para el ser humano en cada Séptimo Día que Dios instituyó (Hb. 4:4 cf. Gn. 2:2, 3; Ex. 20:8, 11; Mc. 2:27, 28; Mt. 19:8 úp.), y que dio origen también al reposo de Dios (Hb. 4:3, 4), y por lo tanto existe el reposo de Dios a través de la historia. A ese reposo se puede entrar, tal como ya hemos dicho pero profundizando más, a través de la aceptación del mensaje de Dios en el que está comprometido Jesucristo, y del significado e implicación de hacer sábado cada séptimo día que está incluido en dicho mensaje (Hb. 4:3, 4 cf. 3:8-11, 16-19). Pero los israelitas en su mayoría, rechazaron el mensaje de Dios (4:5-8), y aunque se había legislado a favor del sábado no podían entrar en el reposo de Dios ni comprender el significado e implicación de hacer sábado en el séptimo día, mientras no compaginaran el llamamiento celestial, los valores celestiales del tiempo creado por Dios a fin de estar presente en las actividades de cada día y en el šäbat. Por el contrario se mantuvieron incrédulos. De ahí que se nos haga un llamamiento a nosotros hoy a no endurecer nuestros corazones y a no rechazar el mensaje implicado en la obra de Jesucristo que continua en el Santuario Celestial (3:12-15; 2:17 cf. 4:14-16) y que tanto tiene que ver con la entrada en el reposo de Dios, y se nos recuerde que para que todo eso pueda ser una realidad, no debemos olvidar que existe un tener que guardar Sábado en el Séptimo Día (4:9) donde se manifiesta cada semana el reposo de Dios, y de ese modo poder entrar en ese reposo divino (4:10).

[31] Ya hemos dicho en otro contexto que las obras redentoras, las propias que se hacen en el reposo de Dios, son inherentes al propio reposo. Cuando, canalizando el šäbat se descansa física y sicológicamente, se está llevando a cabo obras de redención: la rehabilitación de nuestro organismo. Cuando se hacen obras por los demás, son obras redentoras que entran en el reposo de Dios. Como puede observarse, esas mismas obras también se pueden realizar en cualquier día, de ahí que se pueda experimentar el reposo de Dios en esos días también, pero siempre con la propia limitación que supone la aparición de los trabajos, conflictos, que la propia vida resultante del pecado y de existencia en la ciudad secular, suponen. La creación del šäbat en el séptimo día te permite proyectar la libertad de huir de esa sociedad babilónica, aislarte del modelo de la semana concebida mundanalmente, y entrar en el šäbat que facilita experimentar el reposo divino.

[32] En efecto, a lo largo de la semana me veo obligado a entrenarme siguiendo fijamente lo que Jesucristo como Sumo Sacerdote está realizando y aplicando en el Santuario Celestial en mi favor (Hb. 2:14-17, 18; 4:14-16; 6:19, 20; 7:22-27; 8:1, 2; 9; 10: 19-21 cf. 1ª Jn. 1:5-10; 2:1-6), lo que demuestra que el estar en Cristo, y no conducirme según la carne sino según el Espíritu Santo (cf. Rm. 8:1-14), no evita las luchas de hacer morir a la carne (cf. Rm. 8:13; Gál. 5:19-24), los trabajos y el tránsito por un espacio lleno de maldad y de pecado. No puedo experimentar el reposo de Dios de modo pleno, más que cuando en total libertad entro en él sin las limitaciones que la vida diaria me impone. Y para ello necesito abandonar el espacio e ir en busca del tiempo sagrado, que Dios instituyó para el hombre como siendo el marco temporal idóneo para poder manifestarse el reposo de Dios, y de ese modo experimentarlo a modo de anticipación respecto de cuando, extirpado totalmente el pecado del Universo y de la propia naturaleza humana, en base a la obra de Jesucristo, podamos sin límites de ninguna clase progresar todavía más en lo que a entrar en el reposo de Dios se refiere. Pero ahora ya podemos experimentar, gracias a Jesucristo y a su obra intercesora (4:14-16) junto a la posibilidad de hacer Sábado en el Séptimo Día que Dios instituyó (Hb. 4:4, 9 cf. Gn. 2:2, 3; Mt. 19:8 úp.) entrar en el reposo de Dios.

[33] La dimensión de ese sábado a celebrar cada Séptimo Día, es verdaderamente inigualable. Jesucristo le ha devuelto al hombre la libertad de no pecar además de representarle perfectamente. De ese modo lo constituye en la posición adecuada que existió para el primer Adán en el primer Séptimo Día, cuando todavía no había pecado. Cuando acepto a Jesucristo como mi liberador y sustituto entonces se entabla una relación personal e identificadora (Gál. 2:19, 20; Fil. 1:21 cf. Mc. 2:27, 28; Lc. 4:16; Mt. 19:8 úp.), recuperando mi oxigenación espiritual, la redención del pecado, y el que éste ya no domine la situación. Esa nueva situación creada por y en Jesucristo es la que me reconduce a descubrir el significado y el sentido de hacer Sábado en el Séptimo Día. El, por medio del Espíritu Santo me capacita a comprender que aun más que para la primera pareja humana, que sin haber pecado, le era igualmente imprescindible hacer Sábado cada Séptimo Día, preciso yo, y cada uno, el poder aislarme del espacio y alcanzar el reposo de Dios, quien siendo perfecto decidió engendrarlo y cumplirlo tras la obra creativa.

[34] “Apresurémonos a entrar en aquel reposo” (4:11 pp.) “Apresurémonos”: Aoristo Subjuntivo volitivo (ver Robertson, vol. V, op. c., p. 394).

Una vez que el autor ha consignado lo que supone entrar en el reposo de Dios, insta a los cristianos a conseguirlo por cuanto ello supone aceptar el llamamiento a no endurecer los corazones, con lo que esto implica, y a reconocer en el hacer Sábado en el Séptimo Día, de acuerdo al propósito divino. De ahí que la forma verbal exprese en aoristo subjuntivo que el resultado de no caer en la desobediencia está condicionado a entrar en el reposo divino en el tiempo presente. Lo que, por otra parte, hace sobrentender que el entrar en Su Reposo, no es algo conseguido ya definitivamente, y que una vez conseguido ya no sea preciso más esfuerzo.

La construcción de la frase está pensada como siendo algo que se precisa actualizar a través de la historia puntual de cada cristiano en todas las épocas. Va a ser necesario que cada semana durante el transcurso de ella, y al final, se haga por un lado la preparación adecuada en Cristo Jesús; y por otro se tenga en cuenta el tiempo establecido por Dios desde el primer Séptimo Día, para que cesando de la actividad profana con todo lo que conlleva en la actualidad, se logre conjuntamente entrar en el reposo de Dios.

[35] La seguridad de vida eterna conseguida por la obra de Jesucristo, el Verbo Creador, es una realidad. Esa vida eterna que está reservada con Cristo en Dios (Col.3:3) para la resurrección del último día (Jn. 6: 39, 40, 44, 54 cf. 1ª Cor. 15:51-55) cuando Cristo se manifieste en la parusía (1ª Tes. 4:13-17 cf. Col. 3:4), hoy ya la podemos experimentar, en parte, por anticipación mediante la resurrección espiritual que se ha obrado en Jesucristo (Col. 3:1 cf. Hb. 4:14-16; 6:18-20; 9:11-14, 22-28; 10:19-21; 12:22-24), implicando una nueva creación (2ª Cor. 5:17 cf. Ap. 21:4, 5).

Ahora tenemos el recordatorio y reflexión sobre la primera y segunda Creación. Pero estas obras realizadas por medio del Verbo Creador o Jesucristo para beneficio nuestro, y que crea una atmósfera espiritual inigualable, precisa de una profundización y de una fijación en nuestra naturaleza como nunca antes (cf. Hb. 12:2), y para ello Dios posee el marco adecuado: Su reposo que El ha querido manifestar en cada Séptimo día para el hombre.

[36] Recordamos que el término traducido, en estos textos, por iniquidad es el vocablo griego a-nomía (no considerar a la Ley de Dios, transgresión de la Ley de Dios, vivir sin toda la Ley de Dios, actitud que manifiesta no tener en cuenta en todo a la Ley de Dios).

[37] Los valores trascendentales de hacer Sábado en el Séptimo Día, entran dentro del marco de la institucionalidad dándole una perpetuidad ratificada por Jesucristo cuando refiriéndose a otra institución de la época de la creación expresa un concepto de aplicación universal: lo que es en el principio es normativo y sirve como canon para posteriores interpretaciones (Mt. 19:3-8 cf. Gn. 2:2, 3).

Cuando se ponen en paralelo los texto motivo de esta nota (Ap. 1:10 cf. Mc. 2.27, 28; Ap. 22:2 cf. Isa. 66:23 cf. Jn. 4:20-24), uno descubre que la dimensión celestial del šäbat, se perpetúa gracias a la soberanía del Hijo del Hombre elestial que se constituye en Señor del Sábado (Mc. 2:27, 28 cf. Ap. 1:10). Cuando pones en contacto Ap. 22:2 con Isa. 66:23, descubres mediante el método derásico de la complementación, el mensaje de la perpetuación temporal del šäbat. En efecto, alguien había descartado como impropia la reiteración de Isaías, en cuanto a que de “mes en mes y de sábado en sábado”, en el contexto de la tierra nueva, se tuviera que ir a adorar a la presencia de Dios en la Nueva Jerusalén (Isa. 66:22, 23 cf. Ap. 21:1-4, 5: 22:1, 2). Apocalipsis recoge lo que se hará mensualmente comer del árbol de la vida. Tema recurrente en Génesis, antes del pecado (cf. Gn. 2:7, 8, 9), cuyo tema temporal nos lo propone Isaías 66: 23. Con los textos de Isaías y Apocalipsis combinados de acuerdo al método derásico, se nos propone que de sábado en sábado se irá a adorar de forma especial ante la misma presencia de Dios en el tabernáculo de Dios que para aquel entonces es la Nueva Jerusalén celestial (cf. Ap. 21:1-3), y que de mes en mes, limitado a una vez al mes, se tomarán de las hojas del árbol de la vida, puesto que gracias a la vida eterna recuperada por el Mesías Jesús, se nos concede el acceso a las hojas que proporcionan sanidad total e integral (Ap. 22:2 cf. Isa. 66:23). El comer del árbol de la vida, supone la iniciativa en obediencia a lo que resulta de la obra que el Mesías ha realizado por nosotros, ratificando nuestra sumisión voluntaria y en libertad a esa vida eterna conseguida en él y por él.

[38] Teniendo en cuenta la interpretación que nos ofrece el texto, tal como hemos ido indicando, el hacer Sábado cada Séptimo Día no puede considerarse como un símbolo o como una prefiguración futura del reposo de Dios. En el Sábado que fue instituido para el ser humano desde el primer Séptimo Día cesó Dios su obra creativa, guardándolo y acabándolo, e integrándolo en el reposo de Dios, puesto que se extiende desde ese primer Séptimo Día en el tiempo. El Sábado es una realidad permanente que se conjuga perfectamente con el Reposo de Dios. El Sábado, Séptimo Día, forma parte inseparable del Reposo Divino. Dios ha querido, instituyendo soberanamente el Séptimo Día como siendo el día en el que el hombre debía hacer Sábado (Gn. 2:2, 3 cf. Ex. 20:8, 11; Mc. 2:27, 28: Hb. 4:4, 9), que Su Reposo se manifieste plenamente en cada Séptimo Día de la semana. Y del mismo modo que el Sábado se instituyó, sin la existencia del pecado, dentro de un marco temporal, el del Séptimo Día de cada Semana, aun existiendo paralelamente el Reposo de Dios que se inició en ese primer Séptimo Día, perdurará para siempre tal como se anuncia por Isaías (66:23, 24 cf. Hb. 4:4, 9-11) en categorías temporales y en un contexto escatológico de Cielo y Tierra nueva (cf. Ap. 21, 22). No se olvide que el Reposo de Dios que se inicia en el primer Séptimo Día extendiéndose hasta el futuro eterno está enmarcado en categorías plenamente temporales.

Es por ello que los que argumentan que el Sábado, pudiera tener una función tipológica, desaparecería en la primera venida de Cristo, prejuzgan lo que no se puede encontrar en la Palabra de Dios. El Sábado ni nada anterior al pecado puede entrar en una función tipológica.

Aun aceptando por un instante dicha función tipológica Bacchiocchi (en El Reposo Divino para la Inquietud Humana, op. c., p. 156) ha reflexionado sobre este asunto de la siguiente manera:

<<¿Cómo pudo haber terminado la función tipológico – simbólica del sábado con la primera venida de Cristo, siendo que el descanso final sigue estando en el futuro. Retener el simbolismo del reposo futuro que espera el pueblo de Dios y a la vez desechar el soporte del símbolo, a saber el descanso del sábado presente, es una contradicción. ¿Cómo puede el sábado alimentar las esperanzas del creyente en la felicidad futura, si su celebración presente, que es su prefiguración y su anticipo, es rechazada e incluso condenada?>>.

Pero está condescendencia argumentativa sirve tan sólo para descubrir la inconsistencia de los que han convertido al Sábado, que Dios instituye para siempre, en algo puramente literario. De ahí que el propio Bacchiocchi interprete la explicación tipológica como algo unilateral:

<<Por otra parte, está interpretación unilateral del sábado como anticipo de una realidad futura, destruye la unidad orgánica existente, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, entre la dimensión temporal del séptimo día y la escatológica>> (íd.).

En efecto, lo que hace la epístola a los Hebreos no es mostrar al Sábado como una prefiguración o simbolismo tipológico sino como una realidad que perdura y se conjuga perfectamente con el reposo de Dios, al que no es preciso esperar al futuro para dar origen a su existencia, ya que desde el primer Séptimo Día se constituye. Precisamente, según Hebreos, con el hacer Sábado en el Séptimo Día, se está entrando en el reposo de Dios, durante la historia en la que se da el pecado, si los que oyen no endurecen su corazón y aceptan la buena nueva basada en Jesucristo. Teniendo en cuenta la dimensión del Sábado instituido para el hombre, tal como ya hemos explicado, se puede vivir anticipadamente lo que se hará más pleno cuando en la Tierra nueva y Cielo nuevo no exista el pecado. Y del mismo modo que aun cuando en la creación podamos decir de los seis días previos al sábado que todo es bueno seguiremos entrando en el reposo de Dios cada Séptimo Día cuando hagamos Sábado, y entonces, debido a la ausencia del mal y del pecado, de la angustia, del dolor, del sufrimiento, de la enfermedad y de la muerte, experimentaremos el reposo de Dios, que ya estaba existiendo, más totalmente.


ÍNDICE

Prólogo

Con todos mis respetos a Juan Pablo II: A propósito de su carta “dies

dimini” frente al Sabado del Señor Jesucristo

El valor de un día de reposo y su limitación

Los efectos de la imposición de un día que resulta ser el entregado por Dios a la

humanidad

Una exposición en resumen de los contenidos de “dies domini y su permanente

contradicción y error

Primera parte

Análisis de los errores infalibles de la carta “Dies Domini” y de la

infalibilidad papal

Capítulo I. La infalible Palabra de Dios frente a la Carta “Dies

Domini” del Papa Juan Pablo II (ep.I.)

La palabra de Dios la única Autoridad en la que basar la fe doctrinal y

cualquier conclusión interpretatíva

Las bases de la carta Dies Domini sometidas al escrutino de la Palabra

de Dios

Kuriake hemerá ¿el domingo?

Análisis de Apocalipsis 1:10

La cita de la Carta a Las Magnesium IX:I de Ignacio de Antioquía: ¿un testimonio a favor del

domingo en detrimento del Sábado?
Juan Pablo II cogido en su propia trampa de la Ley de Dios: Los reconocimientos

al Sábado son incompatibles con su interpretación errónea sobre el primer día de la semana

El domingo ¿celebración de la “nueva Creación”? ¿fiesta semanal por

la gloria de Cristo resucitado?

La ley de Dios caza a Juan Pablo II

Capítulo II. La infalible Palabra de Dios frente a la Carta “Dies

Domini” del Papa Juan Pablo II (ep. II-V de DD.)

Del Sábado al Domingo y el primer día de la semana

Mc. 16:2,9; Lc. 24:1; Jn . 20:1 ; Mt. 28:1

El día de pentecostés y el derramamiento del Espíritu Santo (Hech. 2:1)

No hay base para el paso del Sábado al domingo: el primer día de la semana No

es el día del Señor

¿Qué dice el texto de 1ª de Corintios 16:2?
¿Qué dice el texto de Hech. 30:6-13?

Segunda Parte. Una interpretación de la Ley en contra del Sábado y la

réplica de la Ley a favor del Sábado

Capítulo I. El Domingo Papal y su aceptación por el Protestantismo; la

interpretación bíblica protestante sobre el domingo y su recepción por el

Papado; La Ley de Dios

La posición del protestantismo histórico respecto al Sábado

La posición del protestantismo fundamentalista y la respuesta autorizada

del Nuevo Testamento

Capítulo II. Pablo y la Ley de Dios

Romanos 4:15

Romanos 5:13

Romanos 3:19, 20-28

Romanos 6:14, 15-18,20,23

Romanos 7: 1-6 (cf. 7:7-25; 8.1-39)

Romanos 10:2, 3-5, 6, 8-10

Romanos 13: 8-10 cf. Gálatas 5:14

2ª Cor. 3:1-6. 7-9-18

Estudio de Hb. 8:8-10 para una comprensión de los contenidos de la Carta de

Cristo en tablas de Carne

La grabación del a Ley de Dios en el corazón en qué consiste: quién graba,

qué graba, en qué radica la experiencia y el resultado

¿De qué manera los contenidos esenciales de 1ª de Corintios son

equivalentes a la Ley de Dios?

¿Cuales son los mandamientos de Dios que están en vigencia?

Los “mandamientos de Dios” (1ª Cor. 7:19) no integran el mandamiento de la

circuncisión

Los mandamientos de Dios (1ª Cor. 7:19) no incluyen articulados legales que

son enemistad (Ef 2:15, 14)

La anulación del acta de los decretos (cheirógraphon) (Col. 2:14)

¿A qué Ley se hace referencia cuando se dice que sirve hasta la venida

la siguiente, y que ya no estamos bajo esa Ley como ayo? (Gal. 3:19-29)

El mandamiento del Sábado sí que está en vigencia según Pablo

Respuesta a las preguntas del fundamentalismo protestante sobre la Ley y el

Sábado después de nuestro estudio

Capítulo III. Los sábados ceremoniales y el elemento legal estatal del

sábado semanal “que era contra nosotros” junto al aspecto legalista y al

modo de guardarlo, y todo lo que es sombra de lo porvenir o un asunto de

opiniones no impone al cristiano (Col. 2:16, 17, 14; Ef. 2:14, 15 cf. Rm.

15:4)

El contexto más amplio y lo que no puede significar el texto. Respuestas a

R. Brinsmead respecto a sus argumentos en relación al Sábado, a Colosenses

2:16,17 y a las pruebas de la Verdad de la Iglesia Adventista

¿Cuál es la prueba del Evangelio?

¿Cuál es la prueba de la Verdad para la iglesia Adventista? ¿el Sábado? *La de

la obediencia *La del amor *La de la fe

El conocimiento de Dios con la Verdad que va siempre al encuentro de la

auténtica Verdad que es Jesucristo

La prueba de la Ley de Dios y del Sábado: anomía, kakós, kalós

Las preguntas claves y sus respuestas significativas. Respecto a la confesión de

“Señor” y la invocación del nombre de Cristo (Rom. 10:9)

El Contexto amplio de Colosenses 2:16 y la Ley de Dios

Jesucristo y la Ley de Dios

Los Apóstoles y la Ley de Dios que permanece en vigencia

Pablo y la anomía

La obra de Salvación en relación a la Ley de Dios, según Pablo

El Apóstol Santiago y la Ley de Dios del Decálogo

El Apóstol Pedro y la conducta del anómws (2º Ped. 2:8, 9)

El contexto restringido de Colosenses 2:16 y “la Comida y la Bebida”

La orientación Ideal respecto a la Alimentación que debe regir para el ser Humano

Jesucristo y el principio teológico de que “al principio no fue así”. Análisis de

los textos en relación al a comida: Mc: 7:18-23; 1ª Cor 8:1, 7-13; 10:23-25-27-31,

19, 20; Rom. 14,1-6, 10, 13, 14-17, 19-21; 1ª Tim. 4:1-5 (Nota 71)

Colosenses 2:16 y la bebida según las Escrituras

¿Cómo resolver el planteamiento erróneo que sobre la palabra “vino” se lleva a

cabo?

Los términos hebreos que definen fundamentalmente el concepto vino

La condena en el Antiguo Testamento del consumo de cualquier vino o

bebida fermentada: Una Teología y la abstinencia total de las bebidas alcohólicas:

teología de la Bebida

En relación a todos los miembros cristianos en general

En relación a los obispos, ancianos

Respecto a 1ª Tim. 5:23 (nota 95)

Acercamiento al texto de Colosenses 2:16: Contexto más inmediato

Las aportaciones del estudio del contexto amplio y restringido

¿Cuál es la interpretación que realiza Brinsmead de Colosenses 2:16?

¿Qué dicen ciertas autoridades representativas de Colosenses: 2:16?

¿Qué nos aporta el contexto de la propia epístola?

Filología y exégesis de los contenidos del texto

Solución y significado a Colosenses 2:16

Tercera Parte. LA TEOLOGÍA E HISTORIA DEL SÁBADO Y EL

ORIGEN DEL DOMINGO

¿Cómo fue al principio? (Mt. 19: 8 u.p.) Jesucristo el Creador de todo y del

Sábado

Historia de la Creación (Génesis 1 y 2)

Naturaleza del Texto: literatura y Creación

El Género literario del relato de la creación no es mítico

Creación Inicial y Estilo genealógico con realidades históricas integradas

Estructura y Exégesis

Los Días de la Creación

La única interpretación válida: la literalidad de los días de la Creación por

lo morfológico, semántico, estructural y  contextual

Capítulo I. El Sábado de Jesucristo y lo que fue en el Principio

Los valores teológicos en el contenido de Génesis 2:2, 3

Una idea ultimada, plena y perfecta

EL séptimo Día y el Origen de la semana: El significado teológico del Tiempo

El Sábado como Creación en el Séptimo Día: su Importancia y sentido

Valor del Séptimo Día y no de otro día distinto

Que el Sábado no es de origen Judío ni Mosaico sino en la Creación

con valor perenne y universal

Que el Sábado del Decálogo que alude a la Creación no es algo que

responda a una ley ceremonial

El carácter Institucional: bendecir y santificar el Séptimo Día y sus implicaciones

La Imagen y Semejanza de Dios en la Imitación del Reposo Sabático por

el Hombre

La imagen Sabático Divino como señal de que la paz, la bondad, el orden y la

perfección de la Creación han culminado el Amor de Dios

El significado de éxodo  29:8-11 y su Conexión con Génesis 2:2, 3
El significado de Marcos 2:27, 28 y su conexión con Génesis 2:2, 3 (cf. Mt. 19,8)
El sentido y Contenido de Hebreos 4:1-11 y su Conexión con Génesis 2:2,3

Planteamiento introductorio contextual: El reposo de Dios entre Moisés y

Jesucristo

Exégesis del capítulo 4 de Hebreos teniendo en cuenta el contexto para

comprender el origen y naturaleza del reposo de Dios

¿Y a qué reposo se refiere?

¿Qué reposo y que significado?

Todavía queda el sábado en el séptimo día para entrar en el Reposo de Dios

La entrada en el Reposo de Dios, hacer Sábado en cada Séptimo día, gracias

a Jesucristo

El Sábado instituido por Dios en el principio, antes del pecado, se constituye

Jesucristo Señor (Mc. 2:27, 28 cf.  Gn. 2:1-3)

El Sábado es para experimentar y hacer el Bien en plena comunión con Dios en

Jesucristo por medio del Espíritu Santo, sin los obstáculos de una voluntad a pecar y

del trabajo común (Mt. 12:10-12 cf. Mc. 3:4 ss.; Lc. 6,6-10; 13:14-16; 14:1, 3-5)182

Este hacer el Bien en el Sábado define la manifestación del significado y sentido

del Reposo Divino en la obra redentora o liberadora de Dios (Jn. 5,9, 10, 16-18; 9.1-

16 cf. 7:22, 23, 24)

El Ejemplo de Jesucristo y su advertencia respecto a la existencia del Sábado

hasta el fin (Lc. 4:16; Mt. 24: 20)

¿Cómo entendieron los discípulos la enseñanza de Jesús respecto del Sábado?

Lucas 23:54-56 cf. Marcos 16:1, 2, 6; Mateo 28:1, 6; Juan 19:31 ss., 42; 20:1,2

Hechos 13: 14-16, 42-44-46; 16:12, 13, 17:2; 18:4 cf. 20:7; 1ª Corintios 16:2

El Día de la Soberanía del Señor Jesucristo: Apocalipsis 1:10

Capítulo II. Roma, La Iglesia Católica ROmana y el Origen del

domingo

El Culto Solar Romano en referencia al Domingo con la influencia del

Mitraísmo, y su proyección Político Religiosa

Introducción: El Origen

El Significado del Culto Solar en el Ideario Imperial Romano hasta Constantino, y

en su relación con el Día del Sol o Domingo y con la Iglesia de Roma

Antecedentes relativos al Día del Sol o Domingo o Primer día de la

semana y la corriente antijudía

La corriente gnóstica de ciertos padres de la iglesia representativos y la

llamada gnosis cristiana con su interpretación espiritualista, sincretista y opuesta

al Sábado; la línea antijudía de la gnosis  cristiana y de los llamados Padres de la

Iglesia paralela a la del Imperio Romano

Antijudaísmo Romano y el abandono gradual del día dedicado a Saturno

como preferencial con la aceptación del día del Sol, dada la aceptación de la

teología solar mitraica

Actuación de Constantino como representante del Ideario Imperial Romano y

su proyección en la Iglesia junto a Eusebio de Cesárea y los obispos de Roma

Resultados de la aplicación de la Teología Solar por Constantino

Valor del Solis Dies como representativo de la permanencia de las

implicaciones de la Ideología Solar

Estructura Monárquica Absolutista a través de la Autoridad

Suprema mediante el título Pontius Maximus y Orden Unitario que se

proyecta desde el Cielo a la Tierra

Culto a la Persona, la creencia en la inmortalidad, Violencia, Guerra

y Persecución Religiosa

Lo que exterioriza la asunción del día del Sol

La asunción de la Religión Astral y la influencia de la Teología

Solar en la Iglesia de Roma y la aceptación del Solis Dies

Las Leyes Imperiales, las Episcoplaes romanas y las Conciliares

ratifican el cambio presionando a favor del domingo o día del Sol y en

contra del Sábado

Aceptación de una Liturgia identificadora con las religiones de

Misterios: Valores Sacramentales

La Presencia de las Claves político-religiosas, como resultado de la

Transferencia y Pervivencia del ideario Imperial Romano-

Constantiniano en dicha iglesia

Cuarta Parte. La Historia se repetirá: El Sábado del Rey Jesucristo, el

Reino de Dios y el Holocausto Dominical

El Origen del Sistema Papal y su Significado: Claves e Ideología

El destino de la historia mundana es lograr la unidad de toda la humanidad

bajo un gobierno único

La tendencia irrevocable del Sistema Papal al Poder y a la Unión

El objetivo de la Unión de la Iglesia Papal y el Estado más importante del

momento, un asunto histórico pendiente ¿para qué?

El Domingo Eucarístico y la Libertad Religiosa

BIBLIOGRAFÍA

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