Resumen Globalización

610 páginas Vol.I
657 páginas Vol.II

ISBN: 84-690-0080-2

© Antolín Diestre Gil

2006

LA VOCACIÓN DE PODER EN LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN
– la necesidad de un gobierno mundial como sentido de la historia –

Volumen I

¿Qué es lo que ha marcado una direccionalidad en la historia, a pesar del conflicto continuo? ¿Qué fuerzas son las que han intervenido en la realización de esa direccionalidad, de ese avance de la historia? ¿Qué y quiénes están involucrados en el proyecto histórico humano? ¿Hay un antes y un más allá histórico de la historia humana? La respuesta a estos interrogantes tiene que ver con nuestro presente actual, con el futuro más inmediato y con el fin real de la historia tal como la conocemos. El valor de saber lo que planteamos se relaciona estrechamente también con nuestra seguridad personal. El ser humano, en general vive desesperanzado, aun a pesar de que en ciertos trayectos y espacios haya hombres que actúen todavía con esperanza. Vivir es esperar, pero ¿qué se puede esperar en un mundo cuyo futuro se está acabando, cuando se desconoce lo que es confiar? Nuestro mundo se ha convertido en un contorno cuya única salida, humanamente hablando, es la promesa de un Nuevo Orden Mundial ¿Y después qué? De ahí la importancia de que contestemos en esta obra a esas cuestiones, cuyas respuestas podrían ayudar a que el hombre aprendiera a evitar el posible detonador de la angustia, a salir al encuentro de la auténtica esperanza, a saber renunciar, a luchar, a asumir los padecimientos y privaciones a fin de ejercitarse y alcanzar el crecimiento y la madurez que le enseñen a reconocer los errores y a aceptar el cambio. Pero ¿qué cambio? Para nosotros la esperanza se mide por la capacidad de convertir la tendencia a lo inevitable que resulta del dominio que provoca el sufrimiento y la enfermedad estructural, en un dominio de signo distinto y que para lo cual  deberá confiar en un poder externo. La esperanza la medimos también en aprender, en imaginar y ser útil a los demás. Sin embargo vivimos por primera vez en la historia, en una era en la que la esperanza individual está embarcada, aunque no quisiere, en la suerte de la esperanza puesta por la humanidad dirigente. Esa humanidad ha apostado por un Nuevo Orden Mundial, por una determinada economía aplicada irremisiblemente de modo global, y una distribución del trabajo y de lo fabricado de acuerdo a unos intereses; y por una cierta ideología resultado de una mezcla de lo secular y de una religiosidad popular, tendente a la unidad de todo y de todos. Nuestro trabajo va a consistir en explicar cómo y por qué se ha llegado a esta situación, y qué significado tiene ese Nuevo Orden Mundial, qué repercusiones va a tener en los individuos, y cuál va a ser su servicio en última instancia

Lo sugestivo de la llamada globalización es que aparece ante nosotros como siendo irremediable, y como ha dicho alguien, se trata de un concepto que implica una exigencia ideológica, una normativa para fundamentar ciertas conductas. [1] Pero la naturalidad con que se pretende explicar el proceso social en marcha y sus consecuencias, no responde únicamente a lo que supone la imposición de una evolución tecnológica o necesidad del sistema económico actual que reclamaría una adaptación a la globalización como respuesta a lo que esa situación global hubiera creado. Hay algo más. Hay un sentido propuesto en la historia que ha orientado un devenir histórico que hace posible el planteamiento actual. Independientemente de las injusticias que trae consigo la globalización, y de que no podemos dejar de ser solidarios, y buscar fórmulas para los excluidos, no se puede prescindir de aquella. Hacerlo supondría, en el estado actual, una mayor injusticia. Los excluidos son todos aquellos que viven a expensas de lo que decidan los que detentan el poder económico, aun cuando se pueda paliar esa situación con medidas que hagan más sufrible su situación.

Lo que manifestamos respecto a la globalización, y que habremos de profundizar en su lugar, es pura resignación. Explicaremos como encaja este asunto dentro de las pautas que mueven al comportamiento histórico, y cual, de acuerdo a la direccionalidad impuesta en la historia, los contenidos ideológicos y resultados que ha de llevar la globalización.

El Sentido de la Historia

Lo que importa en la historia es lo que imprime una marcha a ésta hacia un objetivo determinado por la propia dirección proyectada. Todo lo demás colaborará sin ninguna pretensión. Cuando se estudia la historia, se observa en el conjunto de las naciones que han existido y de los acontecimientos, que en la mayoría de los casos y sucesos no han tenido una relevancia histórica como para señalar las pautas que crean esa direccionalidad. Vamos a investigar cuáles son las claves que enseñan lo que imprime una direccionalidad hegemónica en la historia, de tal manera de que todo se mueve hacia unos objetivos controlados por esa corriente hegemónica. La posición actual de Europa y Estados Unidos no ha surgido al azar, es fruto de bases que se pusieron en el pasado construyendo un puente con el futuro diseñado ya en el ayer. Como decía Franklin Delano Roosevelt: “en política nada es casual. Si algo sucede estad seguros de que se planeo así”. [2]

El objetivo de este trabajo, además de lo indicado en otros lugares, es descubrir el sentido que la historia ha proyectado a fin de llegar al nuevo ordenamiento mundial que abre ante nosotros en el siglo XXI, la apetecible Unidad Mundial que durante todo el trayecto de la historia se ha ido gestando ¿Qué papel juegan Europa y Estados Unidos en este menester? ¿Cómo han alcanzado esta hegemonía mundial que marca el futuro de ellos y de los demás?

Si bien la historia no está predeterminada “y nada de lo ocurrido tuvo que suceder inevitablemente”, [3] con la perspectiva que nos concede la historia hoy, podemos contemplar las coordenadas que desde que podemos contabilizar la historia se trazaron, hilvanándose toda una serie de hechos que marcaron una direccionalidad, que ha resultado en el actual proyecto de Nuevo Orden Mundial. Hay unas pautas que hacen posible la marcha de la historia. Unos motores que mueven hacia un destino determinado, no por una predestinación ciega, sino por lo que previamente los ha puesto en curso: unos contenidos ideológicos que asumen como motivación y meta primaria la autoridad suprema y la unidad del género humano: una vocación de poder a fin de alcanzar una misión trascendentalmente humana: la unidad.

La dimensión trascendente de la historia no es simplemente lo que apunta Juan Pablo Fusi, que “para saber lo que es el hombre o lo que es una nación, habría que saber cómo han llegado a ser lo que son”. [4] En un análisis parcial, y a medio camino de lo trascendente, puede ser útil ese ejercicio intelectual. Pero lo auténticamente trascendental  es saber cómo ha llegado a ser nuestro mundo lo que hoy es globalmente. Las naciones hoy, son lo que son, en la medida en que estén involucradas en la globalidad; y en la proporción en la que pueden influir a la realización y permanencia de esa integridad unitaria ecuménica en un constante perfeccionamiento.

Comportamientos históricos que indican una estructura y programación

El verdadero motor de la historia, tal como nos proponemos comprobar en este trabajo, está en lo que origina la idea de la Autoridad Suprema y el de obtener la Unidad mediante el dominio o poder y una ideología determinada que mantiene, a lo largo de la historia unos contenidos comunes.

Cuando reunimos los diferentes puntos de vista que los filósofos de la historia expresan, podemos concebir la existencia de unas leyes que parece cumplir la historia, como fruto de la programación que previamente se inserta en ella, y como consecuencia de una actitud repetitiva que fija de modo irreversible un comportamiento y un designio, que irá provocando todo un trayecto que al final desembocaría en el logro de aquello que sobresalía como una marca continua.

Hemos descubierto que hay un sentido de la historia. Ciertas naciones actuando con una ideología determinada, han marcado el rumbo de la historia. La hegemonía de algunos Estados o Gobiernos ofrecen el espectáculo de que es el poder y la supremacía lo que les ha otorgado aquella, proyectando una direccionalidad con un objetivo determinado. Y esto, no se debe al azar. Hay una especie de destino cuando se ponen en funcionamiento unos factores determinados. Cuando se busca el dominio, se integra, aunque no se quiera en un proceso que cumplirá unas leyes que ya están preparadas para todo aquello en lo que interviene el poder y la autoridad suprema.

El propio poder y supremacía no se alcanza si no se tiene vocación para ello. Y esta vocación no puede surgir si no hay una ideología que la sustente. Y esa ideología no puede poner en marcha los resortes que conseguirán el poder y la autoridad suprema si no responde a un plan que uno descubre debidamente estructurado, y que le invita a pensar en un diseñador e inspirador.

¿Qué se nos revela al analizar la historia?

Esta pregunta pretendemos responderla a fin de descubrir en el comportamiento histórico una estructura y programación. Independientemente de la existencia de todos los pueblos y etnias, y de la importancia que algunos hayan podido tener en ciertos momentos concretos, lo realmente válido para la historia mundana es lo que destaca ejerciendo una hegemonía, poder y autoridad, a la vez que inocula una semilla que provee el avance hacia el destino histórico. Aquello que recoja esta consigna dará otro paso importante en la prosecución del propio fin de la historia mundana; a su vez orientará la historia hacia su resultado final. Mientras ese fin no se logre el trayecto continuará, hasta que todas las coordenadas estén a disposición del heredero del penúltimo escalón.

La valoración histórica tiene en cuenta tan sólo aquello que contribuye a la marcha de la historia en lo referente a la culminación del objetivo de la propia historia. Aun cuando pueda haber conflictos, donde se enfrenten dos poderes, esto forma parte de la trama que la propia historia lleva consigo para consolidar la Autoridad de aquel que ha de colaborar en el trazo de la historia que lleva hacia su fin primordial.[5]

El segundo punto que se nos hace saber es el del destino de la historia que ha de coincidir con la razón de ser de todo aquel que se apropia del poder y de la autoridad con todo lo que estos conceptos implican para el logro del resultado final.

Nos proponemos el demostrar que el destino de la historia mundana es lograr la unidad de toda la humanidad bajo un gobierno único, mediante lo que implica el contenido ideológico y la proyección de la Autoridad Suprema.

Cuando se estudia la naturaleza, origen y éxito de los imperios universales se descubre, tal como nuestra investigación documenta suficientemente, unos elementos comunes a todos ellos, y que además pasaban de uno a otro, aportando matizaciones y complementos. [6]

Tres aspectos sobresalen: 1) Un Poder exterior al hombre que se le denomina la Divinidad, que inspira y revela una serie de principios por los que conseguir el Poder y la Autoridad suprema; 2) la constitución de un Poder representativo de esa Divinidad en la tierra, que asume las veces de ese Dios por lo que los seres humanos se ven como obligados a supeditar su conciencia, rindiendo un cierto culto a la personalidad a través de la obediencia y aceptación de las premisas que constituyen a esa Autoridad; 3) una finalidad: la de proyectar la ideología que dice ser inspirada con el objetivo de conseguir la unidad mundial para que todo el mundo se someta a las directrices expuestas. [7]

Desde el origen Babilónico, del primer imperio que se puede catalogar como universal, pasando por el Medo–Persa, el de Grecia y Roma, que son los que ponen las bases del comportamiento histórico, aparece esa conducta que dará sentido a la historia, y que engendrándose el Sistema Papal, a través de la Roma Constantiniana, la heredará, consiguiendo, a pesar de las vicisitudes, imprimirla en la historia hasta el punto de permitir colocar a Occidente en el pináculo de la hegemonía mundial.

Cuando se estudia el proceder de estas naciones se ve la misma constante: los “dioses” o la divinidad, de un modo u otro, creaban una institución en la tierra que luego se propagaba a través del tiempo, y que como fruto de la evidencia del poder y del dominio justificaba su realidad y veracidad, contribuyendo a la seguridad de los seres humanos que protagonizaban dicho momento histórico, y a la prosecución de la unidad mundial. Para el instante de la decadencia, ni los originadores ni conquistadores estaban presentes para contemplar la ruina de lo que con tanto orgullo habían construido bajo el lema, inspiración y poder de los dioses. Pero lo que ignoraban era, que tanto en la victoria como en el fracaso se había inyectado en la historia un proceso, que aunque llevado a cabo por etapas, llegaría a su final. Y es que la constante, anteriormente dicha, esencialmente se cumple, a lo largo de un trayecto histórico que cubre hasta la época de la Revolución Francesa, y que se reinicia posteriormente tras un breve paréntesis.

Alguien podría sustentar el hecho, que a pesar de la evidencia de que los imperios, con clara y manifiesta vocación universalista, programan su quehacer político para conseguir la unidad, no la obtienen; pero no hay que olvidar que no es un fracaso el que no se haya conseguido la unidad mundial por parte de los que la pretendieron. Simplemente que para fijar ese sentido irreversible era preciso actuar en cada momento histórico como si se fuera a conseguir, y aportar los factores necesarios que provocarán, en última instancia, el desenlace terminal. La historia, a través de nuestra perspectiva documental, había sobrentendido esa tensión e imperfección, y que la unidad definitiva se alcanzaría una vez cumplidas unas condiciones con las que se llenaría el ciclo histórico necesario, dándose entrada a una situación como la que vislumbran nuestros ojos hoy. [8]

A esos tres puntos enumerados es preciso añadir ahora un cuarto: la necesidad de una gobernabilidad mundial. La vocación de poder ha confeccionado en última instancia la necesidad de una gobernabilidad mundial si se quiere subsistir, y no hundirse en el caos que demanda la economía mundial que permite a las grandes potencias mantener su estado de bienestar frente al estatus de las secundarias. Es decir se ha entretejido con la vocación de poder una situación económica, comercial, monetaria y política que reclama un “gobierno mundial” que haga posible una unidad de comportamiento y de salvaguarda de los intereses occidentales liderados por Estados Unidos y Europa.

En conclusión, nuestra investigación histórica descubrirá cuál es la direccionalidad que se revela en la historia.

Dejaremos establecido que hay un sentido en la historia. Que desde Babilonia, pasando por Medo-Persia, Grecia y Roma se ha proyectado una direccionalidad tendente a la unidad mundial por el que ostenta la autoridad suprema. Esta autoridad suprema se justifica como obtenida por la divinidad, a fin de cumplir con la misión de la unidad. Normalmente todo este trayecto y esfuerzo histórico se ve acompañado por unos intereses puramente mundanos, donde la economía y la política se manejan y se imponen, de acuerdo al vehículo y valores de lo que implica esa autoridad suprema y misión de unida mundial. Asuntos estos que se constituyen, como demostraremos en los auténticos motores de la historia.

¿Qué sentido se marca cuando la autoridad suprema y el objetivo de unidad mundial se proyectan en la historia? La respuesta nos dará la comprensión necesaria para entender el comportamiento actual de la globalización, y las fuerzas en conflicto o en línea que manifiestan vocación de poder, y cuál es la referencia Dios y Su Reino en ese contexto.

Esta exposición nos ofrece lo más completo que se ha escrito desde el punto de vista histórico para comprender de modo científico y racional los contenidos de la apocalíptica, ya que ésta no es otra cosa que historia anticipada.

Esta obra pretende demostrar fuera de los determinismos históricos, que existe una direccionalidad en la historia motivada por la vocación de poder que se manifiesta mediante la proyección de una autoridad suprema y el objetivo de lograr la unidad mundial. Por primera vez se hace un estudio en conjunto de los acontecimientos históricos que poseen una relevancia histórica, y que marcan la marcha de la historia hacia el fin nunca conseguido: el de imponer una autoridad suprema con el signo del logro de la unidad. La globalización ha investido al poder de los requisitos necesarios para que por medio de una economía y democracia global se pueda, una vez más, pretender y soñar con la gobernabilidad y unida mundial, bajo el ordenamiento nuevo que la sociedad reclama. Nuestro análisis va a propiciar, que si bien se siguen las pautas marcadas por esa “autoridad suprema”, no habrá solución a los problemas humanos, aun cuando todos los resortes del poder y de la llamada unidad se pongan a disposición de ello. Únicamente el cumplimiento de la promesa de la segunda Venida de Jesucristo, la intervención de Dios en la historia humana puede resolver definitivamente y para siempre la problemática humana.

Esta obra fue publicada por ed. Clie con el título “El sentido de la Historia y la palabra profética”. Recibió el galardón de ser finalista al mejor libro del año en Estados Unidos por la Evangelical Christian Publisher en los Estados Unidos. Ahora, con el nuevo título, se amplió en alrededor de 500 pp., y se corrigieron varios detalles en la exposición.

Para más información y documentación www.comteologicasesal.org


[1] Ver Foro “Ignacio Ellacurí” en La globalización y sus excluidos, ed. Verbo Divino, Estella – Navarra 1999, p. 9.

Estamos de acuerdo, y aludiremos a ello en su lugar, que no sería preciso en la actualidad hablar de la globalización como de una necesidad ineludible, pero quienes la promueven están actuando de acuerdo a una anticipación cuyo contenido implica medidas políticas que reclaman un poder que es preciso poseerlo con la suficiente antelación que permita aplicar en su momento y de un modo aparentemente natural las disposiciones oportunas a fin de que ese poder se consolide. Y para ello es preciso dominar económicamente a todo el mundo. Que todo el mundo sea dependiente de una economía cuya hegemonía descansa en Estados Unidos y en Europa (en segundo lugar). En su momento estudiaremos cómo la ideología está inmersa en este asunto económico, ya que se precisa para controlar las situaciones económicas, de trabajo, de inflación, etc., de los diferentes países donde toda una gama de multinacionales y empresas auxiliares poseen intereses que de verse afectados repercute negativamente en la estabilización política y posición de bienestar de la población occidental. Conforme esa globalización sea cada vez más aplicada, y los problemas inherentes vayan surgiendo, se precisará de una ideología moral que sirva para encontrar un mayor equilibrio que contente como lo más justo a los pobres y a los que viven en los países ricos donde se detenta el poder. Lógicamente los gobiernos de esos países pobres no harán otra cosa que aprender a subsistir de acuerdo a las directrices marcadas por los creadores del nuevo ordenamiento mundial, cuyo liderazgo reside en Estados Unidos y Europa. Que duda cabe que el sistema político – religioso que impere en el mundo occidental será el que llevara a cabo esa labor de apaciguamiento, a la vez que extrema su postura ideológica mediante la imposición de una autoridad suprema, que vendrá como autoridad moral o espiritual, y de la unidad del género humano.

[2] Recogido de la revista “Más Allá”, número monográfico, junio de 1993, p. 12.

[3] El catedrático de historia Juan Pablo Fusi (en su conferencia “Bajo el signo de la historia” recogida en El País digital {17-11-1998, nº 928) nos dirá “que la historia responde no a un destino ciego e inexorable, sino a la virtud, inteligencia y sabiduría de los hombres, y, por supuesto, a la perversidad, estupidez e ignorancia de esos mismos hombres”. En efecto no responde a un destino ciego, sin embargo una vez inoculada y aceptada una direccionalidad, el comportamiento histórico responde al diseño que la vocación de poder engendra, a fin de cumplir una misión, que ese poder considera ineludible.

[4] Id.

[5] Por ejemplo, el Islam surge como opción de poder, y se enfrenta con ese propósito al Occidente Europeo, pero llega un momento histórico que el Islam se paraliza, sucumbiendo definitivamente al poder militar y económico del mundo occidental, liderado en aquel entonces por Europa y su implicación. Asunto éste, el de la paralización del que no ha levantado cabeza, y que demuestra una situación de continua dependencia de Occidente.

Refiriéndonos a algo más particular, durante el tiempo en que se gesta la direccionalidad histórica que se nos visualiza con el resultado de la actualidad occidental que detenta el poder político y económico, se ofrece el espectáculo de una lucha entre el modelo absolutista estatal engendrado por el Sistema Papal surgido de las raíces Romano Constantinianas, y el propio Papado. Esta lucha, que irá perfilando una trayectoria que hará necesaria una ruptura radical entre esos dos componentes, traerá consigo, mediante la Reforma Protestante y Revolución Inglesa primero y la Revolución Norteamericana y Francesa (con su significado e implicación) de modo decisivo después, la destrucción definitiva del llamado Antiguo Régimen, y la desaparición de la estrategia Papal que había utilizado hasta entonces, consiguiéndose en última instancia un ostracismo y una separación del componente estatal y del eclesiástico: la llamada Iglesia y el Estado se desunen.

[6] Añádase a esta lista lo que se anuncia por medio del Papado y de su delegado el Estado cristiano durante la historia europea anterior a la Revolución Francesa.

[7] Vamos a comprobar y demostrar que la realidad teológica o religiosa ha estado siempre presente, bien imponiéndose o bien siendo atacada, en lo que marca el avance de la historia, y con una intencionalidad clara de querer hacer la historia.

[8] La unidad nunca se alcanzará, pero el objetivo a fin de conseguirla siempre ha de estar en marcha. Al final el objetivo de la globalización, en cuanto a una unidad mundial, aparecerá como probable, pero su posibilidad definitiva se verá alterada. Estas afirmaciones no demostradas ahora, las estudiáremos y comprobaremos en su lugar correspondiente.


I N D I C E
SECCIÓN INTRODUCTORIA

¿Hay un sentido en la historia?

Capítulo I ¿Qué dice la historia? Nuestra tesis
Contenidos, Método y Propósitos
– Existe un sentido
– La Autoridad suprema y la misión de la Unidad
– Siempre se considera que hay una misión divina
Capítulo II Los protagonistas del Nuevo Orden Mundial

SECCIÓN PRIMERA
La gestación de la Globalización en un
Nuevo Orden Mundial

Primera Parte
El sentido de la historia que ha llevado
a la era de la Globalización
Capítulo I: Los imperios universales: aportaciones para la direccionalidad de la historia
Capítulo II: El Imperio Romano y la proyección en la direccionalidad de la historia del programa de la Autoridad Suprema y de la Unidad mundial

Segunda Parte
El origen de la supremacía unionista
del Sistema Papal impuesta al Estado
Capítulo I: El origen del sentido de la Supremacía Papal
orientando la hegemonía de Occidente
– Actuación de Constantino como representante
del Ideario Imperial Romano y de su proyección
en la Iglesia junto a Eusebio de Cesárea y los
obispos de Roma.
El heredero de Grecia y Roma y el sentido de la historia
Capítulo II: El concepto de Autoridad en el Cristianismo
– Origen, valor y significado del Reino de Dios en la Historia
– La Autoridad del Dios de la Biblia contraria a la existencia
de una monarquía humana que le represente.
– Pertenecer al Reino de Dios es radicalmente incompatible
con la creación de un Estado que se autodenomine cristiano
– Naturaleza del Reino de Dios en contraposición a la del Estado,
y la actitud de Jesucristo frente al Estado
– Definición y naturaleza del Estado
– Notas 73, 74, 76: explicación de textos a la no violencia
en el Evangelio
– La Separación de Iglesia y Estado (Mt. 22:21)

SECCIÓN SEGUNDA
El resultado del sentido histórico obtenido
por la confluencia del Imperio Romano
y la Iglesia Católica Romana: El dios de este mundo
y la concepción estatal
Primera Parte
Entre la división y la unidad: Una Constante Histórica: El Conflicto por la
Autoridad Suprema y la Hegemonía de Occidente
Capítulo I: Significado de la división y de la unidad:
el origen de Europa y del Islam, sentido y significado
– Origen y naturaleza de la apostasía Constantiniana
y su proyección en la Iglesia Católica Romana: significado
de Clodoveo y Justiniano
– La unión de la Iglesia y el Estado ¿una Abominación desoladora?
(cf. Dn. 8:11, 12, 13 cf. 11:31; 12:7, 11) ¿Qué se configura
con lo que supone la fórmula Pontifex Maximus
que desde Babilonia representa a la autoridad suprema,
donde el poder temporal y el espiritual reside en una persona
que se considera escogida por Dios para detentar dicha autoridad?
– Nota Y sobre el servicio militar en la primera época patrística
– La justificación a partir de Constantino de la guerra
y el servicio militar
– Agustín de Hipona y la teología de la guerra justa
– Nota 23, 24 sobre las guerras del Antiguo Testamento
– La Iglesia Católica Romana encarnada en la figura histórica del
Papado sucede en el lugar de Roma personificada en el Ideario
Imperial Romano de los Emperadores
– El sentido de la Supremacía Papal: Época Constantiniana hasta
Justiniano; la unión de la Iglesia y el Estado
-La necesidad de un sistema de gobierno eclesiástico
monárquico y de la implicación del primado de Pedro
para la direccionalidad histórica impuesta por el proyecto
Constantiniano
– El sentido del alzamiento político del Papado en el 508 con
Clodoveo, instalando su proyecto político religioso integrándose
en el devenir de la apostasía histórica
– La aplicación de sumo pontífice como fórmula política
a fin de presentarse como Autoridad Suprema para una
misión divina de Unidad
– La aplicación política del texto espiritual de Mt. 28:18
en conexión con la pretensión de ser el Vicario de Cristo
en la tierra (cf. Mt. 16:13-16, 18)
– Las repercusiones del uso de una fórmula político pagana
en el valor esencial del Príncipe Mesías como único sumo
Sacerdote responsable de una ministerio sacerdotal en el
Santuario Celestial
– El sentido y naturaleza de la apostasía Constantiniana
– El origen de la apostasía en la Serpiente, y su proyección
en la historia desde Babilonia: la continuidad de la
apostasía en la historia
– La configuración de la abominación en la Iglesia
Constantiniana como consecuencia de la proyección de la
Apostasía en la historia occidental
– Significado de la división y de la unidad
– ¿Qué era y significaba el Imperio Romano como
elemento permanente en la historia?
– ¿Cómo se articula esa permanencia?
– ¿Qué supuso la invasión de los Bárbaros como novedad integradora
a lo que se traslada a la historia del Imperio Romano
– El alcance geopolítico de la división
– División continua representativa del mundo entero
– Europa y el Islam
Capítulo II: Un ejemplo de la lucha continua, entre el Sistema
Papal y el Estado, por la supremacía y la unión de la
Iglesia y Estado
– Desde los Francos, Merovingios y Carolingios hasta
Gregorio VII
Capítulo III: División en la ortodoxia: Catolicismo Romano
y Griego
Capítulo IV: La fiebre por el dominio universal, la Guerra Santa,
la Santa Inquisición y la Teocracia Papal
Capítulo V: Un nuevo orden mundial propiciado en la conquista
de América por el Imperio Español, la reforma protestante
en Alemania, y la idea revolucionaria Inglesa
Capítulo VI: La Reforma, Lutero, las Guerras de Religión
y la Supremacía Papal
Capítulo VII: Los avisos de la revolución Inglesa, y la idea
Revolucionaria: Puritanismo, Anglicanismo y Catolicismo
Capítulo VIII: La unión de la Iglesia y el Estado en el contexto
histórico de la Revolución Norteamericana y Francesa
– El juicio en la historia a los apoyos del Sistema Papal:
al Antiguo Régimen determinado por el llamado derecho
divino de los reyes
Capítulo IX: La Masonería, origen, naturaleza,
y su influencia en la Revolución norteamericana
y francesa

Segunda Parte
La Globalización del Mal
Capítulo I: La maquinaria del mal vista por la historia
anticipada: Origen de la apostasía y de la abominación
Introducción
– El origen de la unión de los contrarios y sus consecuencias:
origen de la apostasía y de la abominación
– Génesis 3:15 y Apocalipsis 12: Principio y fin de la línea
de la simiente de la mujer, y de la serpiente; la transmisión de la apostasía
y de la abominación
– El Sistema de la iniquidad, en el vehículo de la apostasía
Capítulo II: Valores históricos de la realidad anticipada del
Cuarto Reino anunciado en la Apocalíptica
Introducción
– Las posibilidades históricas que cumplan el texto relativo al Reino Cuarto
Identificación de la División y los “10” con la Arcilla

CONCLUSIÓN de esta Sección Segunda
– Cómo se va imprimiendo el proyecto de Globalización y
ordenamiento mundial, mediante el desarrollo del sentido histórico
que resulta de la direccionalidad impuesta por los que detentan los
motores de la historia: el de la Autoridad Suprema y la misión de la Unidad

SECCIÓN TERCERA
La causa pendiente marcada por el sentido histórico
impuesto por el Sistema Papal representativo
de la direccionalidad inyectada por el
Ideario Imperial Romano-Constantiniano,
la unión y la recuperación de la supremacía
Introducción: La causa pendiente

Primera Parte
La Unión Católica y la supremacía Papal

Capítulo I: La repercusión del gesto histórico de 1798 (pérdida del dominio) experimentado por el Papado en cuanto a la pérdida del poder temporal
y de la unión de Iglesia y Estado con el descontrol y pérdida de los
Estados Pontificios con el trasfondo de la unidad de Italia (1800-1844;
1844-1870): La visualización histórica del Juicio al Sistema Papal
Capítulo II: Desde el Concilio Vaticano I al Vaticano II
Capítulo III: Del Concilio Vaticano II a Juan Pablo II y Benedicto XVI
– Sentido y significado del fortalecimiento del Papado en el
siglo XXI
Segunda Parte
La Unión Europea y la Supremacía Papal salen
del abismo de la guerras y del desconcierto como fruto
de su destino impuesto
Capítulo I: La Revolución Rusa en el contexto del Marxismo– Leninismo,
y la prueba entre la democracia del proletariado controlada por el
Estado, y la democracia capitalista controlada por el estatus de
bienestar y la economía de mercado
Capítulo II: Situación, sentido y destino de la Unión Europea
– Significado de las Guerras mundiales y de la experiencia
del Nazismo
– Oportunismo maléfico del Papado que dará su fruto en el
futuro (cf. p. 360 del Sentido de la Historia)
– ¿Qué es Europa? ¿Unidad o División? ¿Cristianismo y/o
Islám?
– Para qué Europa: Origen, naturaleza, y objetivos
– El significado de la caída del Comunismo y del muro de
Berlín para la opción Europea
– Mastrich y después de Mastrisch

Tercera Parte
Un ejemplo de solución para el choque de
civilizaciones: La Unión de la Cristiandad,
Protestantismo, Catolicismo Ortodoxo,
Catolicismo Romano orientado por la supremacía Papal
Introducción: La unión de la Cristiandad
Capítulo I: El Movimiento Ecuménico: origen y finalidades
Capítulo II: El ecumenismo católico Papal, Ecumenismo
Protestante y el CMI
Capítulo III: El Ecumenismo católico y su inmutable
Doctrina Fundamental
Capítulo IV: Crítica del CMI y las condiciones para la unidad

Cuarta Parte
La Unión de iglesia y estado y la supremacía Papal
Capítulo I: CONCLUSIÓN a la Sección Tercera e
INTRODUCCIÓN a la Sección Cuarta: La unión
del Sistema Papal y el Estado
– La posibilidad de que la orientación política Europea
conceda al Sistema Papal como referente de Unidad al
pluralismo religioso y de las civilizaciones

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