Resumen Hebreos

560 páginas

ISBN: 978-84-615-0346-9

© Antolín Diestre Gil
2010

LA VOCACIÓN CELESTE FRENTE A LA PERPETUACIÓN TERRESTRE EN LA EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

Escribir un nuevo Comentario a la epístola a los Hebreos, tienen que haber motivos suficientes, entre los que se encuentra la seguridad de poder aportar algo nuevo para el hombre moderno.

Independientemente que cualquier libro de la Escritura nos ofrece la Palabra de Dios y aplicable para siempre, es imprescindible enfocarla de acuerdo a las necesidades de ese ser humano que aunque no difiere en lo esencial respecto al de otras épocas, sí que hay que ajustarlo a un contexto histórico y existencial distinto, por la negativa de la conducta humana tanto política como social en querer conocer a ese Dios. Es verdad que hay quienes individualmente consideran a Dios de importancia capital para sus vidas. De cualquier forma vamos a mostrar cómo este libro, considerado por los cristianos inspirado por Dios, posee un mensaje para cada uno de nosotros en nuestra relación personal con la sociedad, la familia, la Iglesia, y para con el Dios que hay que conocer para tener vida eterna (cf. Jn. 17:3).

La presentación responde a un esquema que nos sorprende por su racionalidad y necesidad. Otros ya lo habían descubierto,[1] nosotros lo ampliaremos en el aspecto práctico que supone la estructura literaria a la que responde la Epístola a los Hebreos. Aunque profundizaremos en cada capítulo, digamos ahora que proporciona el siguiente esquema:

A. Origen Celeste

B. Misión celeste

C. En base a una obra terrestre

D. Con la finalidad de salvar, de que experimenten el reposo de Dios, engendrando una vocación celeste en aquellos que siguen la misión terrestre – celeste del Mesías celeste – terrestre – celeste.

El autor y la fecha de la epístola a los Hebreos está todavía, dentro de los círculos teológicos, en interrogante.

Sin embargo no tiene porqué ser muy difícil identificar al autor, y poner una fecha aproximada.

Nosotros escogemos a Pablo como siendo el autor a pesar de las dudas y sospechas que durante todo el siglo XX aparecieron. Nada de esto despejó lo que tradicionalmente se había creído. Independientemente de los aspectos comunes que contiene dicha epístola con las otras de la autoría de Pablo, las diferencias son obligadas por la temática, de ahí que nosotros no hayamos encontrado suficientes argumentos como para negar la paternidad de la epístola como siendo de Pablo.

En cuanto a la fecha de su composición tampoco puede ser lo tardía que normalmente suelen darle algunos, puesto que si la autoría es de Pablo, no podría ser después de la destrucción de Jerusalén, que ninguna de las epístolas la trae. Y que de haber ocurrido sería un motivo para afirmarlo como cumplimiento de una de las profecías de Jesús.

Respecto a la teología elaborada que en el contenido de dicha epístola se nos presenta, tampoco es una objeción seria, frente a la inspiración y dones carismáticos que Pablo dice haber recibido, y la posibilidad de contar con los contenidos del Evangelio de Mateo y Juan.

En efecto Hebreos tiene en cuenta expresiones que está ligadas a dichos de Jesús y que los evangelistas recogen. La expresión (deráš péšer) Hijo del Hombre (citando Dn. 7:13) es un dicho de Jesús que se lo aplica él mismo profusamente (cf. Jn. 3:12, 13), lo une a otro derás “diestra de Dios” (Mt. 26:63, 64 cf. Sal. 110 cf. Mt. 22:42-44), para acabar con los enemigos de Dios (Sal. 110 cf. Mt. 22:42-44). Si bien Pablo no utiliza la expresión “Hijo del Hombre”, sí que utiliza “diestra de Dios” y “para acabar con los enemigos de Dios” que están ligadas a “Hijo del Hombre”. Por lo tanto, desde la ascensión (Mc. 16:19), se sienta a la “diestra de Dios” el “Hijo del Hombre” (Dn. 7:13) para llevar a cabo un ministerio celeste (Hb. 8:1, 2-7 cf. 9:11ss.) tipificado en el Santuario terrestre (Hb. 9:1-8, 9) para acabar con los enemigos de Dios (cf. Hb. 1:1-3, 13 cf. 10:12, 13). Todo esto evidencia que Pablo o el autor de los Hebreos conocía el Evangelio, y se basó en ellos para obtener la teología que nos presenta en la epístola a los Hebreos, independientemente de su don de la inspiración otorgado.

Al igual que Juan que muestra al Mesías de origen celeste, en la tierra, y en una obra celeste (Jn. 3:12, 13), Pablo nos presenta en una buena parte de sus epístolas, el origen celeste del Mesías (Ef. 2:3) con toda una obra celeste de intercesión (Rm. 8:34) iniciado y orientado por la función de sentarse a la “diestra de Dios” (Ef. 1:20; 2:6), y que de nuestra mira puesta en ella depende nuestra vida eterna definitiva en la resurrección (cf. Col. 3:1-4). El paralelismo puesto por Juan entre vida eterna ahora, en el presente, en base a la creencia de lo que implica y significa ese Hijo del Hombre o Hijo de Dios y la resurrección final (Jn. 3:3, 7, 12, 13 cf. Jn. 5:24, 25, 28, 29), es el mismo que Pablo expone, teniendo en cuenta esa misma obra celeste (Col. 3:1-4 cf. Rm. 6:4-11).

El mensaje central de la Epístola, y nosotros daremos buena cuenta de ello, es el Mesías: El Mesías es el centro de toda la epístola con su obra en el Santuario Celeste (Hb. 7-10), en base a su obra terrestre, irrepetible, satisfactoria, suficiente, única, completa con el fin de ayudarnos y salvarnos. Los destinatarios primeros, y que más necesidad tenían eran los hebreos, de ahí su título. Era necesario identificar al Mesías de acuerdo a las profecías que anunciaban una obra celeste de aquel, a la vez de la tipología del sistema de sacrificios que le prefiguraba y le señalaba como antitipo, junto a un Santuario terrenal que con sus funciones simbolizaba a uno celestial.

Los contenidos de la epístola a los Hebreos salen al encuentro de los problemas existenciales de cada ser humano ofreciéndole paz y seguridad. El colectivo Iglesia y el individuo pueden aprender de esta epístola a adquirir una vocación celeste para el día a día, y no perpetuarse.

Para más información y documentación: www.comteologicasesal.org


[1] VANHOYE Albert, La Struture Littéraire de L’Epître aux Hébreux, Desclée de Brouweer, Roma 1963 y 1976.


Í N D I C E

Introducción a la Epístola a los Hebreos
Capítulo I
¿Quién es el Hijo?
Capítulo II
La salvación proporcionada por Jesucristo como sumo Sacerdote
Capítulo III
La vocación celeste y la aplicación del reposo eterno de Dios
(Hb. 3 y 4)
Capítulo IV
El Hijo constituido por el Padre como sumo Sacerdote
de la orden de Melquisedec, y la dedicación o inauguración
del Santuario celestial a través del velo (Hb. 5 y 6)
Capítulo V
El Santuario Celestial y el Nuevo Pacto del Mesías (Hb. 7 y 8)
Capítulo VI
La realidad de un Santuario celestial (Hb. 9)
Capítulo VII
Nuestra vivencia y vocación celeste dependen de
identificarnos con la realidad y significado de Cristo
en el Santuario celestial (Hb. 10)
Capítulo VIII
Los héroes de la fe (Hb. 11)
y las aplicaciones para nosotros ahora (Hb. 12)
Capítulo IX
Últimas recomendaciones respecto a la vida diaria
Capítulo X
Valores prácticos de la Doctrina del Santuario
y de la Epístola a los Hebreos
Capítulo XI (Temas complementarios)
La Ley del Reino de Dios o de los cielos y del Cristo, y la anomía
Capítulo XII (Temas complementarios)
¿Qué es el Reino de Dios y cómo se entra?
BIBLIOGRAFÍA

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