Resumen Job

ISBN: 978-84-615-3588-0

© Antolín Diestre Gil

Publicado en Costa Rica 2009 y en Zaragoza 2013

JOB. EL RESULTADO DEL DIÁLOGO DE DIOS CON EL MAL

El autor se supera con el poder de Dios en este comentario a Job, y ustedes podrán comprobarlo.

Ese diálogo tan horrible de Dios con Satanás, aparece como incomprensible para la mentalidad moderna y antigua. Esos pasajes de Job 2:1-7, paralizan a los estudiosos, y se ven obligados a saltárselos. Pero ya nada será igual, a si se hubieran parado lo suficiente y hubiesen comprendido lo que realmente está involucrado en ese diálogo. Aunque contribuyan a ofrecer aspectos positivos, les será difícil encontrar la respuesta que el ser humano necesita a la comprensión de la existencia del mal. Aparentemente Dios aparece como negándose a sí mismo. El ateísmo de Dios es lo que resulta de no comprender adecuadamente lo que ahí está sucediendo. La existencia de Dios, tiene como soporte el cuidado protector del Dios que ama a su creación. Sin duda que la revelación de ese Dios convence a su creación, de que a pesar de su rebeldía, Él les defiende y les salvaguarda de cualquier intento del mal. Muchas veces, es imposible constatar esa realidad, y Dios quiere justificarse en ese libro inspirado por Él. Job no solamente es la reivindicación de la necesidad de la protesta del ser humano a Dios respecto a los desmanes que conlleva su existencia, sino que también se reivindica a Dios respecto a que se le confunda con un Dios castigador y autor tanto de lo bueno como de lo malo. La enseñanza de la retribución, del pago a lo que se ha cometido erróneamente, junto al silencio divino encuentra en este libro explicación, clarificándose la posición divina.

Vamos a proceder a introducirnos en la estructura del pensamiento hebreo dentro de ese estilo propio poético del libro de Job, a fin de comprender los pormenores que dan soporte a ese contenido revelador. Cuando se pretende en las reacciones de desahogo ocasionadas por la prueba, imputarle a Dios cualquier cosa que no sea lo que corresponde al Dios que nos presenta Jesucristo, resultará en la demostración o revelación de que Dios no es culpable, El se nos hará presente de las diferentes maneras que sabe, y comprenderemos como nunca antes el carácter del Dios que crea y ama. Descubriremos, no solamente la explicación al tema del sufrimiento, y el del silencio divino. Job nos enseña el camino de una protesta a Dios, a fin de que se nos manifieste y nos haga comprender como nunca antes. El libro de Job rinde un servicio a ese ser humano que a veces no tiene respuesta a lo que le está sucediendo. Evidentemente hay quienes sufren más y otros menos, pero todos pasamos por situaciones, alguna vez de modo tan especial que lo contabilizamos como único. Job es el prototipo de cualquier ser humano que experimenta la desasistencia del Dios en el que cree ¿Cómo es posible que Dios permita tanto dolor y sufrimiento que parezca que es Él quien lo lleva a cabo? ¿Es posible servir a Dios gratuitamente, cuando casi todo funciona mal? El tema del Dios Revelador y creador, el del Mal, y el de una humanidad inacabada, se dan cita en esta obra cumbre.

Tendremos que hacer una incursión al Mesías para comprender mejor a Job. En el Mesías se da el sufrimiento y el silencio divino en su máxima virulencia, en el cumplimiento de una misión en la que está en juego nuestra propia existencia.  Los “cánticos del Siervo” con que nos obsequia Isaías sirven para comprender lo que Dios nos regala, y que Job tuvo una vislumbre. El Goel ({ylia]GOæ}Göº´álî) que Job intuye que existe hace su presencia en un momento determinado del relato. El sabe que su redentor vive, y que en última instancia servirá de defensor. Es el propio Dios que, según experimenta Job, no se ha dignado a dar la cara en esos momentos tan extremos, el que al final hará su aparición. Cuando lo haga Job quedará mudo de asombro.

Queremos advertir que este libro se enmarca dentro de una clase, en la que el profesor diserta su curso con una serie de alumnos a los que pretende enseñarles, no solamente lo que satisfacen los requisitos académicos sino a aprender a vivir frente al mal y las crisis que podrían configurar situaciones semejantes a las de Job. En ocasiones el proceso de discusión que nos proporcionan los diálogos nos obliga a tomar partido, y a identificarnos o no con los protagonistas, de tal modo que resultará, en una posible catarsis, liberándonos de ciertas formas de pensar que podrían ser erróneas, o aprendiendo a prevenir situaciones que de no hacerse, nos haría sufrir pudiéndose evitarlo. Por lo tanto, téngase en cuenta esta referencia académica, especialmente cuando tratamos temas introductorios, para los que seremos escuetos, trasladándolos a una amplia bibliografía que podrán consultar fácilmente en cualquier biblioteca teológica.

En otro orden de cosas, advertimos que no vamos a discutir las diferentes opiniones que se expresan respecto a la autoría o la composición. El método histórico crítico, hoy desprestigiado al máximo, se vio obligado en sus momentos de euforia, a no poder concretar una fecha determinada, y a no dejar zanjada ninguna cuestión por la que favorecer la naturaleza del propio método, sí que podemos afirmar que en su lenguaje encuentran los traductores grandes dificultades, aunque superables. La forma de texto más larga de la Septuaginta (unos 100 versículos) respecto al texto masorético, no debe inquietarnos, por cuanto no se aporta nada nuevo. El que contenga, nada menos que más de 100 “hapax legomena”, y muchas palabras raras, junto a varios versículos aparentemente incomprensibles, da una idea de la originalidad y antigüedad de este texto, de la dificultad de su traducción, y de haber seducido a sus estudiosos a convertirse en identificadores y propagadores en cuanto a que nos encontramos frente a una de las obras poéticas más grandes de la literatura universal.[1]

Independientemente de la amplia bibliografía que exponemos en su lugar, hemos tenido en cuenta, especialmente para los temas introductorios, dos comentarios que destacan por sus estudios amplios complementarios sobre poesía hebrea, y el estilo sapiencial, y que recogen a su vez una moderna bibliografía: 1) El Comentario Bíblico Adventista, ACES, vol. III, Buenos Aires 1994; y 2) el católico Nuevo Comentario Bíblico San Jerónimo (Antiguo Testamento), en traducción Española, Ed. Verbo Divino, Estela (Navarra-España) 2005.

¿Cómo entender el diálogo de Dios con el adversario?

Job surge en un marco doméstico identificado en una historia real. Se refiere a la epopeya más grande escrita como representativa de una humanidad marcada por el mal y el sufrimiento.

Se trata de un poema épico cuyo prólogo está escrito en prosa, dando paso al poema escrito en verso, en una manifestación artística sin parangón, teniendo en cuenta el contenido único e inigualable. El lamento, la ley, y la sabiduría se dan cita, expresando unos planteamientos con los que se aprende a vivir de acuerdo a las raíces y diseño con que se nos ha dotado. Acabando con un epílogo que nos permite, teniendo en cuenta lo demás, hacer reflexiones serias sobre nuestra existencia.

Lo primero que se nos presenta son los detalles del protagonista, en su hábitat, y en su calidad humana y espiritual (cf. Job 1:1-5). Nunca antes ni después, a excepción del Mesías, la Biblia presentará a nadie con la extensión que aquí se hace (Job 1:1-5, 13-19). Se ha hecho necesario por algunos motivos. Se ha de exhibir a un protagonista real para que se puedan encontrar aplicaciones reales a todos los seres humanos. El autor[2] se ha visto obligado a conocer sin duda al héroe de la historia. El prólogo debió de escribirse por el autor teniendo la certeza de la revelación de la intercalación del mal (cf. Job 1:6-12; 2:1-6). Job desconoce ese preámbulo en el que aparece como una especie de cobaya entre un diálogo incomprensible, en el que su defensor parece provocar a un adversario a fin de que compruebe su fidelidad. Un poco más adelante describiremos el significado de ese tipo de lenguaje dentro de un contexto de soberanía y protección divina, en el que la expresión del pensamiento hebreo permite licencias en sus declaraciones que como en el lenguaje puramente poético deberemos encontrar los valores representativos para cada caso y momento.

Sin que los seres humanos lo sepan, al menos en la época de Job, y en cualquiera que no se haya hecho una experiencia con el Dios creador y liberador, aparece, en la existencia de los seres humanos un virus inteligente que permanece incubado desde el origen del hombre prototipo (cf. Gn. 3:1-6 cf. Rm. 5:12), dando rienda suelta a su malignidad cuando el ser se desprotege respecto a sus raíces y designio, o cuando se activa como fruto del administrador de ese virus.

Ante los despropósitos que acontecen en la historia de Job: 1) La destrucción de toda su familia y riqueza (a excepción de su esposa) (cf. Job 1:13-19); y 2) La experimentación de una enfermedad sufriente (Job 2:7) a la que no encuentra explicación y a la que se añade la incomprensión de la esposa (cf. 2:9), se intercalan dos causas cuyo origen se encuentra en el Adversario (cf. Job 1:6-10,11; 2:1-5) y dos respuestas por parte de Job (1:20-22 cf. 2:9, 10), al final de dos diálogos que acaban con la permisión divina (Job 1:12; 2:6).

Está condición del ser humano hacia el mal tanto en su experimentación como en su proyección, aparece desde que se hace presente con su vida, y se hace trágica y desgarradora cuando consultas una de las páginas más bellas donde el sufrimiento humano sobresale como exponente para comprender la relación del hombre con lo que supone ser el silencio divino.

En el drama se conjugan los factores teológicos con los psicológicos que emanan de un diálogo fructífero. Lo que se estudia aquí es una aportación de la revelación bíblica de cómo debería de ser nuestra reacción frente a la calamidad que se presenta de modo instantáneo, y que junto al sufrimiento que la propia catástrofe provoca, depende de la naturaleza de nuestra reacción que se sabrá o no controlar el estrés. Y evitar o añadir así más o menos sufrimiento.

Veamos más de cerca la causa, las respuestas y los diálogos.

Fidelidad a Dios frente a las pérdidas, cargándolo a la cuenta divina (Job 1:13-21, 22 cf. 2:1-6, 7-9, 10)

Por un lado, aparece como resultado del primer diálogo (1:6-8, 9-11, 12) una serie de desgracias por las que Job pierde todas sus propiedades y a toda su familia, a excepción de la esposa (1:13-19); por otra parte experimenta en su propia carne el sufrimiento con la pérdida de la comprensión de la esposa (2:1-6, 7-9).

En ninguno de las dos experiencias del momento Job pierde su compostura. A pesar de experimentar el mal y el dolor, Job sabe unificar racionalidad y fe. De su reflexión surge la coherencia (1:20-22 cf. 2:8-10) y la fe en Dios.

Diálogos entre Dios y Satán: dos momentos, dos pregustas, dos respuestas, y distintas repercusiones (1:6-12, 13-19, 20-22 cf. 2:1-6, 7-10)

¿Burda representación de una Divinidad que permite cruelmente la tortura de su creación?

¿O una manera de mostrarnos la realidad del mal en un mundo entregado y a la vez la protección divina?

¿De qué modo real se puede presentar este diálogo?

1) Apocalipsis nos presenta una lucha ideológica entre Miguel y el Dragón (llamado también Diablo y Satanás {Ap. 12:8, 9}), de la que el Dragón resulta arrojado en tierra (Ap. 12:10-12).

2) Evidentemente todavía en la época de Job tenía acceso.[3] Pero ¿qué tipo de acceso?

Independientemente de la realidad histórica de Job, Job se convierte en un prototipo de la humanidad, en una referencia, en la que el conflicto entre el Bien y el Rebelde Mal, ocupan todo el escenario de la Tierra y el Cielo.

Lo que se hace presente es la idea del Mal que ha sido transportada del Cielo a la Tierra y evidenciada en el cielo con una ideología determinada que quiere poner en entredicho la justicia y la misericordia divina.

Los hijos de Dios (cf. Job 1:6; 2:1) están presentes y se hacen presentes permanentemente ante Dios, ocupando sus puestos y cumpliendo con sus obligaciones, y en los momentos donde el culto de adoración por el agradecimiento ha estipulado (cf. Ap. 21)

La idea de Dios, su soberanía, y su concepción de equidad, misericordia y justicia se hace presente llenando todo el espacio, y dialogando con altavoces por todos los lugares donde la obra del Mal ha penetrado, o pretende penetrar, dándose en ocasiones, de acuerdo al plan soberano y misericordioso de Dios, una especie de reencuentro donde los valores del diálogo y de los contenidos ideológicos tanto del Bien y del mal, confluyen en un hablar contrastante.

Desde el momento en que la serpiente antigua, el diablo, Satanás (Adversario de Dios), introdujo la mentira y el engaño, se hace presente en la tierra, “caminando en ella”, y “rodeándola” (Job 2:2 úp).

Y esa experiencia con el vehículo ideológico, lo transporta continuamente a la presencia de Dios, y a todos aquellos que se relacionan con Dios.

Y entonces, y de acuerdo a los momentos oportunos históricos suscitados por la soberanía y misericordia divina, aparece ese conflicto, y esas dos realidades en la forma del diálogo, que el escritor inspirado explica en el libro de Job.

El valor de la pregunta divina

¿De dónde vienes? (1:6, 7 cf. 2:1, 2 pp.) ¿Cuál es el origen y la naturaleza de tu pensar, de tu camino? ¿Cuál es el proceso de tu ideología? ¿De dónde ha partido? ¿De dónde vienes? ¿Cuáles son tus señas de identidad? ¿De dónde eres? ¿Por dónde has venido? ¿Cuál ha sido tu recorrido? (Job 1:7 pp. 2:2 pp.)

Significado de la respuesta Adversario

Mi recorrido es el de la historia de la tierra que empieza con la caída de tu primer ser creado Job 1:7 úp. cf. 2:2 úp.

Que ¿De dónde vengo?

Ya te lo he dicho: de rodear la tierra, es decir de acapararla, de rodearla con mis tentáculos, de aprisionarla, y de limitarla con lo que he inculcado desde Adán.

Sí de rodearla con los límites que supone la libertad sin límites, de rodearla de la cuarentena del pecado, que no es otra cosa que liberar a la humanidad de TI.

Vengo de rodear la tierra, y de andar por ella (Job 2:2úp.). Andar: actuar, proyectar, esforzarme porque todos me conozcan y te desconozcan.

Significado de las respuestas Divinas a las respuestas del Adversario

En el primer encuentro la primera pregunta de Dios y la primera respuesta del Adversario es idéntica a la del segundo encuentro (1:6-8 cf. 2:1-3 pp.) hasta un cierto lugar de 2:3 (cf. 1:8 cf. 2:3 úp.).

Si se observa en el segundo encuentro, Dios añade que Job “retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él, para que le arruinara sin causa” (cf. 2:3 úp.).

En el primer encuentro, la segunda respuesta del Adversario pone en entredicho la fidelidad de Job (1:9, 10), y en su argumento demuestra de que Dios le preserva del mal.

La petición del Adversario, es que quite la protección (1:11) con que ha rodeado Dios a Job (cf. 1:9 úp, 10), y entonces se comprobará la infidelidad de Job.

Los valores de este nuevo diálogo se inscriben de nuevo dentro del marco de la soberanía y permisión divina para salvar a la humanidad, y en el proyecto del Adversario de atentar contra el plan de Dios, exhibiendo malignamente el lado de Dios que permanece oculto mientras no se le conozca (cf. Jn. 3:16).[4]

Dios está diciendo dentro de ese escenario que llena todo el espacio, y que tiene en cuenta la rebelión cósmica del Adversario: Job, es un ejemplo para ti, manteniéndose en los caminos que marcan su raíces y diseño, a pesar de haber experimentado las consecuencias de la desestabilización que tú introdujiste, y que YO he decidido resolver manifestando un plan de la salvación tanto para ti como para el resto del mundo caído.

La consideración de Dios respecto de Job (1:8 cf. 2:3 pp.) se configura en su obra reconocida y aceptada por el  propio Job que ha comprendido la misericordia y la justicia divina aceptándolas. Y esto provoca y promueve un diálogo en el Universo, en todo el Cosmos, y obliga al Adversario rebelde a escucharlo y a contestar.

Es en la actitud, a la que acostumbra proyectar el Adversario que se configura el contenido de 1:9, 10, 11. Lo que responde a Dios, es la obra injustificada del Adversario frente a la obra Divina.

La obra de maldad se ve obligada a tener que reconocer la evidencia que Dios manifiesta de proteger al ser humano que no persista permanentemente en su rechazo (1:10).

Obsérvese cómo se quiere imputar a Dios la causa del ataque contra Job, y como Dios corrige dicha posición. En el diálogo cósmico, el Adversario es capaz de reconocer la soberanía divina: “extiende ahora tu mano, y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema.

Dios en su actuación en la Historia de querer salvar lo que decide perderse, se ha visto obligado a permitir la injerencia del mal, a fin de conseguir soberanamente su propósito de amor, justicia, misericordia y salvación, en cuyo propósito se encontraba la redención del mal personificado.

La permisión divina toma las palabras del Adversario para poder redimir al propio Adversario (1:12): “Puesto que aseguras que su fidelidad hacia MÍ es gracias meramente a que lo he protegido ¿Qué pasará contigo en el caso que te demostrara el serme fiel sin esa protección a la que tu aludes (lo relativo a las posesiones y la familia)?” Lo lógico sería que entonces te vieras obligado a indagar a por qué un ser humano que se queda sin nada, exclusivamente con su vida, que ha de permitir su existencia para demostrarnos su fidelidad o no, es capaz de seguir teniendo confianza en su Dios Creador.

Este es el sentido de 1:12 pp. y 2:6 pp. “He aquí todo lo que tiene está en tu mano” “Él está en tu mano

Puesto que he decidido salvar respetando la libertad. Y tu libertad ha significado proyectar el mal, este mundo que ha caído bajo tu dominio (“está en tu mano”), en Job se evidencia el haberme aceptado, ha retenido su integridad diseñada en sus raíces del principio, a pesar del daño que puedas infligirle como fruto de lo que has introducido como consecuencia de la ruptura del pacto de Adán, tengo confianza por la obra que en él he realizado, y que no ha rechazado, que se mantendrá firme, con lo que te dará una lección importante, y que forma parte de mi redención hacia ti.

No pongas su mano sobre él” “más guarda su vida” (1:12 úp. cf. 2:6 úp.)

Esta parte de los versículos correspondientes, se diferencia en que en el primer encuentro, la soberanía divina se expresa en términos por los que, una vez más, Dios, a pesar de la introducción del pecado, no ha perdido el control de su obra creada que le reconoce como Dios Creador y Redentor, pero al tener que conciliar salvación misericordia, justicia, amor y preservación de la obra creada “que retiene su integridad”, obliga, mientras se desarrolla ese plan de salvación y de solución al problema del mal, a permitir que la obra iniciada en Adán, dentro de la realidad de la libertad en aceptar o rechazar, se manifieste. Pero no va a permitir que en contra de la voluntad del ser humano que “quiere retener su integridad para con Dios”, la obra ejecutiva de tentación para la que el rebelde le apoya su libertad de “no haber querido retener su integridad para con Dios”, pueda alterar la mente del ser humano, hasta el extremo de verse desasistido.

En el segundo encuentro, se nos muestra hasta dónde puede llegar su obra maligna de libertad rebelde, en contra del ser humano con el fin de hacerle desligar de su Creador.

Dios sabe que la introducción del pecado ha supuesto que este mundo tenga otro dios que Dios (cf. 2ª Cor. 4:4 cf. Jn. 12:31; 16:11), y que las pruebas generadas por las tentaciones del “dios de este mundo”, y por nuestra propia lucha entre el bien y el mal, consiguen en última instancia desequilibrios en nuestro ser productores de enfermedad y sufrimiento. Ese es el sentido, una vez más del texto. Tu actuación de rebelión va a generar eso “está en tu mano”. Pero a todo aquel que retiene su integridad para conmigo (Job 2:3 úp.), ha configurado una manera de ser y de pensar que impide que el maligno le pueda tocar en su “núcleo vital” (cf. 1ª Jn. 5:18). Yo le protejo de tal modo (cf. Job 1:12 úp. 6 úp.) que salvaguardo esa manera de pensar y de ser que orienta su voluntad de acuerdo a la voluntad divina, y por lo tanto no podrás atentar contra su vida, no podrás destruir su existencia, su pensamiento conforme a MI voluntad.

Comprendamos mejor ahora la lectura que sigue.

2:3 pp. :

En ese actuar por la tierra, que has acaparado desde que introdujiste el engaño, no has tenido más remedio que encontrarte con alguien, JOB, que retiene su integridad hacia , y que por lo tanto señala tu “andar” por la tierra como malo, rechazándolo.[5]

Y todo ello a pesar, de que tu rebelión me creó una incitación, cuando quise: por un lado respetar tu libertad de existir a fin de que pudieras retornar a la integridad de tu razón de ser; y por otra parte, traer a la existencia a Job con la desprotección del pecado, y con la libertad tuya de actuar que siempre provoca mal, aunque tarde más o menos en evidenciarse.

¿Qué significa el que tú me incitaste contra él?

Es la permisión misericordiosa de Dios de que Luzbel siguiera existiendo, y la voluntad soberana de Dios de proyectar su plan de la salvación hacia el hombre que provoca, configura la incitación a que cada ser humano sufra la experiencia del mal, y sus corolarios del pecado, la enfermedad, el dolor y la muerte, sin una causa directa personal.

“…Arruinarle sin causa…” (2:3 úp.)

Esta expresión entra dentro del sentido que hemos dado a la incitación. A Dios se le incita desde el momento que la rebelión se perpetra, y Él reacciona con querernos salvar.

La presencia del Rebelde en el Universo es una constante provocación contra Dios dentro de la permisión divina a que la humanidad viniera a la existencia. Esa permisión es para concedernos la oportunidad a la salvación de la tendencia proyectada por el Maligno a través de la primera pareja humana. Cuando esto sucede, acontece con la tara del mal y del sufrimiento, permitiéndose a que “sin causa se dé el arruinarle”.

“…Retiene su integridad” (2:3 úp.)

A pesar de esa confluencia de intereses: El Adversario en querer hacer sucumbir, y Dios en querer salvar por lo que se ve obligado a permitir la experiencia del mal, el ser humano como Job, retiene su integridad. El conocimiento de Dios es fuente de vida y de amistad hacia Él (cf. Jn. 17:3). Y por lo tanto dará siempre un resultado de fidelidad respecto de Dios.

2:4-6

“Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida.

Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.

Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida.”

Estos versículos, muestran dentro de la línea que estamos presentando y del género literario empleado de que a pesar de la permisión de Dios en respetar la libertad, tanto del rebelde sin causa como la del ser humano prototipo en Job, Dios cuida al ser humano, a fin de que el mal no invada de tal modo al ser humano que éste se encuentre sin posibilidad de ejercer su voluntad libre en superar al mal.

Vs. 4, 5

Ante la argumentación de Dios no hay respuesta sino la reacción de la maquinaria del mal, de conseguir llevar su objetivo a las últimas consecuencias: a la muerte con un proceso de sufrimiento que logre el vacío de Dios y lo absurdo de la existencia.

Cuando el mal no puede arrastrar al ser humano a su dominio, a la indiferencia, a la infidelidad hacia Dios, a vivir como negando su existencia, entonces lo arrastrará a que aborrezca la vida misma, a experimentar el no sentido de la vida, la vacuidad y el vacío. Y el instrumento es el sufrimiento, y la enfermedad, para lo que el ser humano con su naturaleza de pecado se halla desprotegido.

Vs. 3-5, 7

Estos versículos muestran también, que los planteamientos que Dios hace al mal, dentro del conflicto cósmico le retienen sin poder hacer mal, hay una especie de obligada atención por parte del mal, de una especie de reflexión sobre si arrepentirse o no, hasta que éste vuelve a insistir en no querer someterse a Dios, y Dios seguirá respetando su libertad dentro del proceso de su plan de la salvación en la persona del Mesías (Gn. 3:15 cf. Ap. 12).

V. 6 pp.

El está en tu mano” que es como decir: “Desde que el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la enfermedad, es posible en esas condiciones, y que debo permitir si he de desarrollar el plan de la salvación, que la finalidad tuya de arrastrarle hacia tu ideología se pueda dar”. “Por eso él está en tu mano”. “No es que yo te lo entregue, sino que el pecado de rebeldía introducido por ti, hace posible, en el respeto de la libertad, que él esté en tu mano, mientras dura el plan de la salvación, y se alcance la comprensión de quién SOY”.

V.6 úp. “Guarda su vida

Aun cuando está bajo mi protección, respecto a que no vayas más allá de lo que supondría no poder proyectar el plan de la salvación por lo tanto su vida física, intelectual y espiritual se mantendrá y tu objetivo de querer conseguir el no sentido de la vida, de que me desprecie, no se podría cumplir.

(Y esto ha de suceder en cualquiera que no rechace sus raíces, su diseño y designio).

El sufrimiento en su propia carne (2:7-10, 11-13)

Los pasajes siguientes (2:7-10) son, por un lado una respuesta al desliz ideológico que ha cometido Job de identificar a Dios como causante del mal acontecido, y que volverá a repetir: ¿recibiremos de Dios el bien y el mal no? (2:10 úp.); y por otra la introducción del auténtico responsable del mal (2:1-7 pp.), al que Job no conoce todavía: al Adversario personal de Dios.[6]

Job es desconocedor del drama subyacente a la existencia, y está imposibilitado en conocer la historia de la rebeldía. Esto le ha llevado a crear su propia filosofía del mal: el mal sería la manera de corregir Dios las injusticias y pecados de los seres humanos. Pero él es consciente al mismo tiempo, por sus actos piadosos de que es justo y perfecto, temeroso delante de Dios y por lo tanto no necesitaría de corrección.

¿La permisión de ese sufrimiento, le va a facultar a Job descubrir la realidad de su imperfección, de su naturaleza de pecado?

¿Sirven los seres humanos a Dios mirándose a sí mismos y para su propio provecho?

¿Es posible una piedad desinteresada?

¿Puede Dios crear a alguien que de culto gratuitamente?

¿Qué tipo de alianza es posible entre Dios y el género humano? ¿De tener una visión de la necesidad de un redentor que cura el pecado y la imperfección?

Job tampoco sabe, que la permisión de Dios, de que se experimente el sufrimiento o la enfermedad, sirve como testimonio al propio maligno de que es posible retener la integridad a Dios a pesar del sufrimiento. Y de que él (el adversario) haciendo lo que quiere en contra de la voluntad divina no está dispuesto a retornar a la integridad, y de que Job, a pesar del sufrimiento que Dios se ha visto obligado a permitir para la realización de la salvación, retiene su integridad, aun en contra de la presión de quien quiere demostrar, que le es fiel por la bendiciones meramente. [7]

Repercusiones y resultados en Job

¿Cómo va a repercutir en Job el sufrimiento físico bajo la presión de la tortura mental de la incomprensión, y el posible ataque de aquellos que viven como Job sujetos a una filosofía contraria a los intereses del propio ser humano, y del pensar del Dios al que parecen sujetarse, y de los que necesita Job que le comprendan?

1)      Dios permite una sarna maligna que le hiere a Job en todo su aspecto corporal (2:7).

El dolor es grande, y la molestia insoportable puesto que ha de rascarse con un ladrillo (2:8).

De acuerdo a la filosofía con que participa Job: la de la retribución, Dios tendría que darle una explicación. Esa explicación ha de ser una curación inmediata. Puesto que no va a concebirse el que un justo sufra un castigo de esa naturaleza. Mientras espera una respuesta urgente de su amigo Dios comienza a configurarse el sufrimiento mental por la mujer (cf. 2:9), por los amigos que acuden (2:11-13), por no poder ni saber encontrar explicación al hecho de su sufrimiento sin causa justificada (cf. 3:2-26).

2)      Job necesita que le comprendan, encontrar un consuelo al menos a su mal, a su sufrimiento.

Va a ser en la defensa a sus contras donde Job se deslizará hacia Dios

3)      La esposa (2:9).

Tiene importancia en el análisis de nuestra condición y de nuestra reacción frente al Estrés. El ataque mordaz de su esposa, y la aparición de una enfermedad que sume a Job en una paciente desesperación. Aparentemente, la actitud de la esposa (2:9) podría catalogarse como una reacción normal. Pero se convierte en unos momentos como una figura representativa de la irracionalidad.

La esposa ha vivido todas las bendiciones de Job. Ha participado de todos los gozos, y posibles sombras pero siempre con un saldo positivo.

Ha comprobado cómo la riqueza, un exponente de la bendición de Dios, según habían aprendido de su experiencia, ha sido una realidad. Pero ahora su argumento está fuera de lugar.

Piensa, de acuerdo a la filosofía propia, que el ser fiel e íntegro es el pago a la bendición y protección con que Dios les ha colmado hasta entonces. Si ya no existe esa protección, tal como se traduce por lo acontecido en Job, tampoco debería existir la fidelidad e integridad.

¿Qué está viendo la mujer?

Consumirse a su marido manteniendo su integridad. Le está intentando cuidar, pero ya es demasiado. Su marido ya no la busca, entre otras cosas, para mantener una vivencia sexual. No hay una relación normal en ese estado tan caótico ni pueda haberla. Y en ese caso “maldice a Dios” y “muérete

La mujer demuestra dejarse arrastrar por una interpretación de la realidad en la que está ausentes la convicción, la compasión por el esposo, y la reflexión sobre el daño adicional que puede acarrearle a su esposo. Es evidente que esta mujer no posee ideología. Independientemente del cambio tan drástico experimentado por el alejamiento de su esposo, a causa de su enfermedad maldita, ha vivido estúpidamente los años de riqueza y de gloria pero no se ha preparado para el futuro ¿Qué era para ella la integridad? ¿Cómo podía hablar, ni siquiera de rechazar la lealtad de Job a Dios, si rechaza a ese objeto de esa fidelidad que es Dios? Nótese la irracionalidad:

(1)   Te desprecio porque retienes tu integridad a Dios.

(2)   En lugar de eso deberías maldecirle.

(3)   Y una vez que lo hubieras hecho muérete.

Es increíble semejante explosión de emociones negativas sin sentido: ¿Por qué al final querrá la muerte de su esposo, aun supuestamente, de acuerdo a la construcción escalonada de las anti–ideas vertidas, que Job le hiciera caso? ¿Qué tendrá que ver la integridad a una creencia con el mal que podamos experimentar? Si además del mal que experimento me desligo de aquello que ha dado sentido a mi vida hasta entonces, pierdo capacidad de protección.

En realidad la pregunta sobre si todavía va a retener su integridad a Dios no es una cuestión sino la expresión con odio de lo que constata la esposa: una integridad en Dios por parte de Job a prueba de bomba. Después emite una especie de mal de ojo: maldice a Dios. Y por último un deseo criminal: muérete. Ese final es la evidencia de que la mujer ha comprobado esa fuerza de Job a permanecer íntegro sin rechazar a Dios, a la vez que demuestra su no creencia en el Dios de Job. Dios ha sido para esta señora algo vacío de contenido. Y en lugar de ayudar a su esposo arremete contra él porque la pobre considera a lo que Job creía como Dios el culpable de la suerte de su marido. Pero esta consideración no está motivada porque sienta dolor por su esposo sino porque ya no puede llevar el tren de vida que llevaba.

Job tiene ahora que rascarse de dos cosas que le pican con la máxima intensidad provocando un dolor profundo: esa enfermedad que le ha venido: una especie de sarna maligna (2:7), y de la impertinencia punzante de las palabras irracionales de su mujer. Su compañera se manifiesta contraria a su ideal, y esto le proporciona una soledad inmensa, tan grande como su no comprensión del mal que le ha venido.

4)      La respuesta de Job no se hace esperar (2:10)

Como una mujer fatua has hablado (hasta entonces no había hablado fatuamente) ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no?

Hemos visto el prólogo que está escrito en prosa  (1:1-2:13). También la prosperidad y la condición de Job y de su familia (1:1-5). Hemos comprobado la primera escena cósmica (1:1-5) donde se da permiso a la aflicción de Job y hemos conocido los significados de los valores que ahí se proyectan de acuerdo al pensamiento hebreo y al contexto de pecado y de caída de esta tierra bajo el mal (1:6-12). Se considera la persona fiel de Job, intolerable por el adversario de Dios: No puede reconocer ni comprender la fidelidad ante su planteamiento. Job ha perdido sus posesiones y a su familia, resignándose. En la segunda escena cósmica se comprueba que el maligno no ha conseguido arrastrar a Job (2:1-7a). Es afligido con una enfermedad aparentemente irreversible, y con el abandono momentáneo de su mujer (2:7b-10).

Job está experimentando el mal: se está quedando sin propiedades y sin sus propios hijos (1:13-21, 22). El dolor no se advierte todavía de forma clara. La comprensión del mal que le está aconteciendo no precisa de una explicación complementaria, puesto que Job no traduce su pensamiento más que por un gesto de fidelidad a Dios, además de desconocer los entresijos que han dado lugar a la situación humana en la tierra.

Pero este gesto es espectacular como cualquiera de las reacciones que Job tendrá.

El texto nos dice que Job ha sido consciente de que algo se le ha arrebatado. Y de que algo ha venido a perturbar una aparente tranquilidad.[8] Pero no se hace explícito más que su acto litúrgico que muestra una rabia contenida: el rasgarse su manto y rasurarse su cabeza. Y por otra parte una fidelidad a Alguien con el que ha debido de tener una experiencia profunda aunque parcial: se postra en tierra adorando al Dios invisible con el que le une una buena amistad, a tenor de la seguridad y confianza que le manifiesta: “Sin nada salí del vientre de mi madre y del mismo modo me volveré a marchar cuando deje esta tierra. Dios dio, Dios quitó” (1:21).

El cronista autorizado, introduce una coletilla necesaria: que Job no había pecado ni cometido despropósito alguno contra Dios (1:22).

La actitud de Job es coherente con su creencia. La racionalidad y la fe le acompañan, a pesar del sentimiento del dolor. Es esta coherencia la que le libra a Job a desmoronarse y a perder la capacidad de reflexionar. Esta certidumbre en un Dios con el que ha mantenido una cierta relación personal le sirve ahora a fin de hacer sobresalir una convicción que actúa como protectora de su mente y de su existencia: la creencia en un Dios personal y trascendente al que ha tenido oportunidad de conocer de algún modo.

El estrés negativo es impenetrable en semejante reacción. En ocasiones el ser humano se va a ver asaltado con el terrorismo del mal, y su capacidad de reacción depende de la firmeza de esa creencia, independientemente, de que como Job, se descubra posteriormente fisuras fruto de ignorancias capitales, y que el propio sufrimiento le vapulee incomprensiblemente.

En efecto, aun cuando Job no había pecado ni pronunciado disparate alguno, el drama inspirado permite que se deslice parte de la filosofía que subyace tocante a lo que sucede en este mundo cuando la tragedia se produce: Dios es el que da la bendición pero también el que la quita: “lo que me ha acontecido lo ha hecho Dios”.

Esta filosofía que se repite a lo largo de la historia de Job, es la otra parte de la moneda. Los errores o la ignorancia pueden contribuir a la formación de situaciones que nos lleven a estresarnos y a deprimirnos. Pero no hay nada que no tenga solución. Y el libro de Job va a dar una respuesta no solamente al problema del silencio divino sino también a la identificación del origen del mal y del sufrimiento, y a obtener, con el Dios que se nos revela, un modo de hacer frente a la malignidad del mal.

Observemos la escalada:

1)      Pérdida de las posesiones

2)      Pérdida de la familia

3)      Enfermedad insoportable

4)      Abandono de la mujer

5)      Situación física, mental y espiritual, resultado de un ataque de alguien que se comporta como enemigo pero que Job no conoce, conduciéndole todo ello a una reflexión en la que la razón y la fe están unidas

6)      ¿Cómo le va a afectar esa filosofía sobre Dios ante el descubrimiento de no merecer el trato que está recibiendo?

7)      No hay explicación razonable a lo acontecido

8)      Se impone la necesidad de la comprensión

La llegada de los amigos de Job (2:11-13)

En la situación en la que se encuentra Job, y después de toda una experiencia que le ha llevado a reflexionar sobre su estado, y en el por qué y para qué, piensa en esa llegada de los amigos ¿Le entenderán? ¿Le apoyarán de alguna manera? ¿Sabrán consolarle sin condenarle? ¿Qué solución ante la filosofía del sufrimiento y sobre Dios que se tiene?

La escena es impresionante, reina el silencio más absoluto frente al sufrimiento profundo del que se ha reconocido como justo. No hay explicaciones fáciles.

El silencio es aterrador: El hombre Job se ha quedado solo con su dolor. De pronto el silencio se rompe con gritos desgarradores de los amigos de Job que anuncian su presencia.

Job está desfigurado (no lo conocen {2:12}). Se rasgan el manto, y se echan polvo en sus cabezas en señal de duelo.

2:13

Le hacen compañía a Job, durante 7 días sin abrir la boca. No se aventuran a hablar. Prefieren que él hable primero ¿Estarán preparados para acompañar a Job? ¿Su experiencia con Dios permitirá ayudar a Job en su situación?

Durante esa semana tienen tiempo de reflexionar y de pedir a Dios sabiduría. Job, lleva más semanas, incluso meses reflexionando, y pensando en su existencia ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Por qué Dios está permitiendo que yo sufra si es mi amigo? ¿Por qué me llenó de tanta bendición, y ahora me la quita toda si no soy consciente de haber pecado, ni de haber dejado de cumplir con todo lo que Él me ha estipulado?

Para más información: www.comteologicasesal.org


[1] Así se expresa George Foot Moore de la Universidad de Harvard (citado en Comentario Bíblico {CBA}, ACES, vol. III, Buenos Aires 1994, p. 495).

Puede consultarse la página American Literature Association Versión en HTML , 30 May 2004 … Organized by the George Moses Horton Society for the Study of ….. “Moore, Job, and Poetic Morals,” Siobhan Phillips, Yale University …

[2] Tanto el Talmud, como los llamados “padres de la Iglesia” (también EW.) consideran a Moisés como siendo el autor, antes del Éxodo, pudiendo haber conocido al personaje mientras estuvo en Madián.

Ya hemos mencionado en nuestro prólogo los desastres del método histórico crítico, y en otros lugares el autor de este libro, ya ha analizado lo inservible de dicho método, por lo tanto no merece la pena exponer y propagar las sandeces que dicho método ha traído consigo.

[3] La caída de Satanás podemos definirla de acuerdo a los datos que la Biblia nos proporciona.

1)       Hubo una rebelión (Ezq. 28:13-19) a la que tuvo posibilidad de retornar. Tras la figura del rey de Tiro (28:12) aparece el Ángel que le representa en su maldad, describiéndosenos su naturaleza y objetivo. Pierde el lugar de honor y de importancia que poseía. Todavía tiene una cierto acceso a la presencia de Dios (cf. Job 1:6-9).

2)       Tras la muerte del Hijo, y después de la Ascensión (Ap. 12:4, 5), aparece una batalla ideológica en el cielo (Ap. 12:7-12 cf. 12:6, 13, 14). En la época de Cristo, en ocasión de su muerte, resurrección y ascensión, pierde toda posibilidad de comunicación: Lc. 10:18 cf. Jn. 12:31) confinándosele a este sistema planetario (cf. Ap. 12:6, 13, 14-17) como consecuencia de la primera venida de Jesucristo (cf. Mt. 12:28, 29, 25-29)

3)       Posteriormente a la segunda venida, Satanás es delimitado exclusivamente al abismo de esta tierra sin habitantes, “atado” definitiva mente (cf. Ap. 20:1-3 cf. Jd. 1:6), y de acuerdo a lo que simbólicamente signifique la cadena (= no poder tentar ya a los seres humanos salvos).

[4] El Mesías ha venido a poner al descubierto lo que la Palabra escrita nos va revelando de Dios (cf. Jn. 17:3).

[5] En el diálogo por parte del adversario aparece una provocación como dominando la tierra. Lo que hace Dios es efectuar un juicio favorable a Job, y dejar constancia de que no ha sucumbido frente al surco marcado por el Adversario en su caminar.

[6] Este diálogo que se nos presenta aquí es una manera de explicarnos la intención y obra de Satanás (adversario). Aparece un diálogo, del que explicamos sus valores y representatividad ideológica, a fin de transmitirnos el pensamiento de ese adversario, y la permisión divina que tiene en cuenta la libertad humana, y su plan de restablecer el equilibrio y la vida eterna.

[7] El sufrimiento se produce  al tener que salvar Dios.

Dios al dotar de libertad, y al haber escogido la obra creada proyectarse en desacuerdo al programa y diseño, ha querido una vez que se experimenta el sufrimiento y la destrucción, restaurarnos y salvarnos. Pero lo tiene que hacer dependiendo ahora de una naturaleza condicionada a otros intereses distintos a los que sugiere la creación.

[8] Decimos aparente puesto que el problema humano que se vislumbra posteriormente cuando la lengua de Job se desata, no es algo fruto meramente del sufrimiento sino algo reflexionado previamente por Job y que en ocasión de su drama se exterioriza.


ÍNDICE

Prólogo

Introducción

Definición y naturaleza

de la Literatura Sapiencial

Características de la Literatura Sapiencial

-Proverbios

-Eclesiastés

-Job, e introducción

Capítulo I

Realidad histórica de la existencia de Job dentro del marco de un poema, y la llegada del sufrimiento

-Diálogo entre Dios y Satán “¿Burda representación de una divinidad que permite cruelmente la tortura de su creación?”

¿De qué modo real se presenta ese diálogo?

-¿Qué está implicado teológicamente en este diálogo?

Capítulo II

El comienzo de los diálogos de Sordos y la primera protesta de Job: Desdicha y desesperación (3:2-26 cf. 3:1-31:40)

Capítulo  III

La filosofía del sufrimiento según los amigos de Job: Discurso de Elifaz

y la respuesta de Job

Capítulo IV

La filosofía del sufrimiento según los amigos de Job en el discurso de Bildad, y en la respuesta de Job

Capítulo V

La filosofía del sufrimiento según los amigos de Job de acuerdo al discurso de Zofar, y a la respuesta de Job

Capítulo VI

Los contraataques inmisericordes, y las contra respuestas de Job

Capítulo VII

Dios se comunica con Job y la solución al sufrimiento

BIBLIOGRAFÍA


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