Resumen Testigos de Jehová

605 páginas

ISBN 84-7645-664-6

©1993/2013 Antolín Diestre Gil

Testigos de Jehová

Un análisis de verificación de sus pretensiones, historia y doctrinas

Nuestra tesis doctoral, consistió en la presentación de lo que expone este título. Muchas personas han agradecido la lectura de esta obra. Creemos haber logrado los propósitos por los que confeccionábamos esta tesis doctoral.

El primero era realizar un estudio suficientemente objetivo de las obras principales que originaron el sistema «jehovista». Este estudio nos ha puesto en contacto con las auténticas fuentes de los Testigos de Jehová actuales: éstas son en primer lugar Russell y Rutherford. Pero éstos no tuvieron nada de original; bebieron del manantial que el mo­vimiento Millerita les proporcionó. Russell es un engendro perfecto de las tesis que se probaron como fallidas con el grupo Millerita. Durante siglos se habían estado arrastrando teorías y opiniones que pretendien­do ser bíblicas no hubo la oportunidad adecuada para corroborarlas o desmentirlas en base a una investigación digna de la Palabra de Dios. Hombres piadosos e incluso estudiosos fervientes las mantuvieron sin que nadie se dedicara a contrastarlas ni a refutarlas. Las posibilidades de antaño no eran las mismas que las que ofrecía el s. XIX y ni mucho menos el s. XX y XXI.

La diferencia entre estos hombres, algunos devotos y fervientes como Miller por ejemplo, y los herederos inoportunos como fueron Russell y después sus más inmediatos seguidores, radica en el hecho fundamental de que Miller y aquellos que se unieron con él en una primera etapa usaron los compendios, que después copiarían Barbourg y Russell, con un cimiento y finalidad totalmente distintos. El grupo original millerita se aprovechó de esos esbozos que pensaban correctos de un modo secundario para ratificarse en la proximidad de la segunda venida de Cristo a la que ellos asignaban, erróneamente, una fecha ce­rrada como 1844. Fruto, principalmente, de identificar la «purificación del Santuario» de la que se habla en Daniel 8, con esta tierra.

La llegada de la fecha fue el crisol que la teología de muchos tuvo que soportar. Cuando la decepción fue una realidad, esos esquemas quedaron señalados como inservibles. Se descubrió lo que sólo tenía auténticamente apoyo bíblico: un despertar sobre la segunda Venida de Jesucristo, y el resto, que suponía la mayoría de las interpretaciones que se hacían, se rechazaron o se olvidaron. A partir de ahí se supo que los llamados bosquejos paralelos como el Jubileo de los Jubileos ó 2.450 años (ó 2.500), o el período del fin del Tiempo de los gentiles (2.520 años), o el de las dispensaciones, o incluso el tiempo transcurrido desde Adán, no tenía consistencia bíbli­ca. La Biblia no proporciona ninguna de estas teorías.

Sin embargo, a diferencia de Miller y de otros que durante la historia utilizaron dichas sinopsis con interpretaciones semejantes, no preten­dieron ser exclusivos respecto a la salvación ni formaron organizacio­nes del estilo de la de Russell y de sus continuadores.

Para Russell y los herederos de él los fallos continuos no han en­contrado la respuesta que se merece un mensaje, el del «fallo», tan apropiado para el arrepentimiento y el cambio de dirección.

Nadie que haya podido tener eco suficiente mantuvo teorías tales como las indicadas, a excepción del movimiento Ruselista o de los lla­mados Testigos de Jehová,[1] ya que la experiencia Millerita en ese aspecto fue suficiente para no abrigar ningún sistema imaginario. La presentación objetiva de los aspectos básicos de las obras principales de los fundadores y líderes de los Testigos nos ha permitido saber la realidad del pensamiento de una organización que con ciento cincuenta años de historia ha sabido levantar confusión y polémica en torno a ella.

El segundo motivo por el que queríamos justificar esta tesis era el de describir críticamente los contenidos teológicos y hermenéuticos.

¿Se puede hablar de auténtica teología y hermenéutica en las expo­siciones doctrinales e ideológicas de los Testigos? Nos vemos obligados a tener que decir que no. Si bien es cierto que los Testigos critican el término técnico «teología» para identificarlo con algo «negativo» y compararlo con una concepción en la que está ausente la humildad que debe caracterizar al predicador del evangelio, es conveniente que sepan que la teología no es otra cosa que el estudio del Dios que se revela mediante su Palabra, y que está compuesta de dos elementos expresivos usados continuamente en la Biblia. El ocultar ignorancia mediante la crítica de un vocablo para pretender aparecer como un expositor sen­cillo de la Biblia, sólo sirve hasta que el susodicho criticador es analizado a su vez a fondo. Estoy plenamente convencido de que hay muy pocos entre los miembros de los Testigos de Jehová que sepan entender y explicar adecuadamente en toda su extensión la doctrina del Reino que tanta importancia tiene en las creencias de los Testigos de Jehová. Y de éstos no creo que haya alguien que supere con suficiente honesti­dad objetiva las posibles situaciones de duda que se crea por una teoría confusa e insegura. Nadie me podrá decir que es sencilla y clara la base y desarrollo de la propuesta sobre el Reino de Dios en 1914 que los Testigos exponen. Nuestra presentación ha podido traslucir esta cir­cunstancia de ambigüedad. Por lo tanto, digamos que los Testigos con su expresión doctrinal no han sabido escapar de lo que ellos pretenden criticar de los demás. Por otra parte las manifestaciones y contenidos de Pablo en los capítulos 7 al 9 de Romanos, por no decir de otros textos de esa misma epístola y de otras han provocado, y seguirán haciéndolo, más y más interpretaciones, no sólo por lo complicado que puede ser su estudio, sino sobre todo por la riqueza espiritual y teológica que dichos pasajes ostentan.

Decíamos que la ideología doctrinal de los Testigos estaba despro­vista de una auténtica teología y de una hermenéutica reconocida. En efecto, su «teología» es una «antiteología». Y esto no en el sentido del tópico «anti», «antipsiquiatría» por ejemplo, con lo que se intenta una búsqueda de una orientación nueva en contraposición a una direccio­nalidad que puede llevar a la negación de otras alternativas distintas a esa direccionalidad, y a fijarla de un modo dictatorial e indiscutible, sino en el sentido de una negación real de lo que supone un estudio del Dios que se revela. Uno queda atónito de la posibilidad de lo im­posible. Los Testigos han sido capaces de lograr un sistema doctrinal que consigue adeptos a los que se les hace creer, consiguiéndolo, que dicho sistema está establecido en la Biblia. Es la confirmación, pero elevada a la enésima potencia, de que con la Biblia puedes obtener cualquier postura interpretativa. Y esto no es que sea cierto cuando ana­lizas concienzudamente esos apoyos doctrinales, pero mientras se hace o no, esa posturas, como las de los Testigos, «cuelan».

Si añadimos, como se ha podido comprobar en nuestra tesis, la au­sencia de unas reglas de interpretación en las explicaciones más im­portantes y básicas de los puntos bíblicos que los Testigos enarbolan, comprenderemos el aparente éxito del «magisterio» de la Dirección de la organización religiosa de los Testigos de Jehová.

Los Testigos no sólo se han atrevido a publicar una traducción bí­blica acorde a sus enseñanzas, atentando en muchas ocasiones contra el verdadero sentido del texto y traduciendo contra toda lógica y gra­mática, sino que además no les preocupa lo que un método analítico e histórico puede proporcionar para valorar el texto en toda su dimen­sión. Ni entran siquiera dentro de un fundamentalismo trasnochado y peyorativamente entendido. No se les puede enmarcar con nada ni con nadie. Gozan de una exclusividad a veces, deprimente y desgraciada. Son únicos, independientemente de la existencia de otros grupúsculos, por cuanto se consideran únicos y han hecho todo lo posible para hacer suficiente ruido como para escucharlos y notar que existen pero sin «nueces».

Resumiendo este segundo motivo digamos que una vez analizados y valorados los conceptos ideológicos que se desprenden de las instruc­ciones bíblicas defendidas por los Testigos, podemos decir que hay pocas ideas y métodos que reseñar. La corriente de opinión que se mani­fiesta en los estudios bíblicos fundamentales de los Testigos, responden a la necesidad de fijar sus enseñanzas, más en ocasiones que de preparar y afianzar al miembro en la salvación.

El tercer motivo que se proponía: estudiar en paralelo las tres épocas claramente diferenciadas por las presidencias de Russell, Ru­therford y la de los presidentes actuales con su comité “siervo fiel y discreto”: Knorr, F. Franz, Henschel y Adams creemos que se ha cumplido con creces. Las contradicciones manifiestas y los puntos comunes nos han permitido descubrir, por un lado los aspectos distintos que se exhiben obligatoriamente como fruto de interpretaciones especulativas de una época determinada, y por otra parte los lazos recíprocos y solidarios tanto en la forma como en el fondo de ciertas cuestiones esenciales de su ideario bíblico.

El cuarto motivo radicaba para nuestra tesis en la profundización de la doctrina del Reino de Dios como acontecido en 1914.

Esto ha traído consigo el tener que averiguar en toda su área esca­tológica para inquirir sobre la veracidad de sus conceptos escatológicos.

No sólo ha habido un error grave de interpretación bíblica respecto al período de los «setenta años» de cautividad que Jeremías y otros nos informan, sino un yerro inexcusable desde el punto de vista histórico. Yo diría más, la interpretación bíblica que incorrectamente efectúan los Testigos es un prototipo a conservar de cómo una interpretación es puesta al descubierto como inexacta por una ciencia auxiliar de la Biblia: la HISTORIA con mayúscula, y en concreto por los datos que nos suministra la arqueología, y la manera de obtener esa «historia», en este caso fidedigna, la fecha cardinal que los propios Testigos denominan y que aceptan como siendo el 539 a.J. Es imposible admitir la fecha del 539, fecha que la historia obtiene al poner en línea los reinados de los diferentes gobernantes del imperio neobabilónico desde Nabucodonosor, y pretender que el reinado de éste empezó en el 624 a.J. El 539 a.J. sólo puede obtenerse si se ubica el comienzo del reinado de Nabucodonosor en el 605 a.J.

El tratamiento que realiza de la historia y del texto bíblico el «ma­gisterio» de los Testigos en este asunto de su doctrina más represen­tativa patentiza el tamaño moral y el calibre ético del que hacen gala los verdaderos responsables de la promulgación y difusión de los para­digmas dogmáticos de la religión de la Watchtower. Sin que esto quiera decir que se hayan visto obligados a dejarse arrastrar ante lo que heredan, y ante la sorpresa y el estupor de lo que descubre como erróneo.

Otros motivos secundarios que creemos haber mostrado en esta tesis ilustran suficientemente sobre el carácter uniformista, intransigen­te e intolerante que despliega la Dirección de los Testigos de Jehová mediante lo que ellos intitulan el «Siervo Fiel y Discreto». Una clase jerarquizada y dotada, según su parecer, de un canal privado y directo con Dios con el que se le permite tener los conocimientos bíblicos más correctos y mejores que los de cualquier otro movimiento religioso. Esta clase que mantiene una actitud paternalista y en ocasiones dicta­torial ha inventado normativas y casuísticas con las que proveen a sus miembros para casi toda conducta cotidiana, y para comportamientos muy frecuentes en el desenvolvimiento social.

Valoraciones y aplicaciones pastorales

Un punto de entrada muy importante. La distinción que es preciso llevar a cabo desde el primer momento entre la Dirección de los Testi­gos de Jehová formada por la camarilla responsable del sostenimiento de la obra de los Testigos, y los propios miembros que pertenecen a la organización.

Debo matizar. Creo que hasta los propios responsables, incluso los más directos, son víctimas de las propias estructuras que han sostenido el edificio espiritual de la Watchtower. Es muy difícil que lleguen a reconocer que están en el error cuando el fondo de esas estructuras se ha ido creando con la finalidad de explicar y justificar la situación mantenida como organización. Llegando a este extremo siempre prima la razón primordial de la existencia que la importancia del error teo­lógico. Si se ha fijado en la mente la idea de la razón histórica de ser, como así es en el caso de los Testigos, y ésta es anterior al veredicto que puede resultar de una confirmación clara de la Palabra de Dios, o de una manifestación sobrenatural de Dios, la cual descarta la Watchtower, siempre se juzgará la crisis como algo momentáneo y fruto de la maldad de los hombres y de los demonios. Hemos de comprender que la idea que ya reside en Russell, y que sistematizarán sus segui­dores, y que según la cual, el error es simplemente como un estadio a superar por «una mayor luz», porque el conocimiento es como la luz de la aurora que va en aumento, supone la imposibilidad de un recono­cimiento profundo de los fallos, y de un cambio en la orientación principal. Si a esto sumamos que la doctrina fundamental, la relativa al fin del Tiempo de los gentiles que trae definitivamente el Reino de Dios en 1914, es considerada por los Testigos como una evidencia de su razón de ser, y es la que menos consistencia tiene, siendo totalmente falsa, no vemos la posibilidad razonable de que éstos voluntariamente se paren en sus derroteros.

La actitud mantenida por los Testigos de Jehová ante los fra­casos de sus asertos ha sido la de fortalecer más todavía sus con­vicciones equivocadas. Vuelven la cabeza sin quererse dar por ente­rados cuando les razonas por qué no estás de acuerdo. Cuando les enseñas pruebas cuestionarán, sin haberse cerciorado suficientemente, la documentación donde basas tus hechos indiscutibles. Y seguirán rechazando tu punto de vista cuando apeles a la lógica. Estas personas tienen un tipo de compromiso por el que temen que sus creencias sean invertidas. La fijación de que ellos son los únicos que han sido seleccio­nados por Dios por su fidelidad, y que los demás están errados, le lleva a una ingeniosa defensa para protegerse de sus convicciones. No van a la fuente. No utilizan el mismo recurso que usaron para sacarles de su religión anterior. No son capaces de examinar por sí solos la fe, su fe, como nos pide san Pablo. Hay más elementos en la Palabra de Dios para regular su conocimiento bíblico que todos los comentarios que la Watchtower ha fabricado o los millones que pudiera producir. Si cual­quier Testigo de Jehová probara su fe dejando durante tres meses o menos de estudiar, consultar los escritos de su organización religiosa, y los sometiera a un examen escrupuloso de lo que dice realmente la Palabra de Dios los resultados serían sorprendentes. Ninguno que tiene seguridad en lo que cree debería temer a un desafío que te invita a un estudio personal de la Palabra de Dios, porque si está bien anclado todavía se ratificará más. Y si no lo estuviera lo agradecería por los descubrimientos que tanta significación supondrían para su persona.

Es preciso que el prosélito Testigo tenga en cuenta los pasos que le hicieron abandonar su otra posición.

Es cierto que para algunos el descubrimiento de la Palabra de Dios aunque haya sido por mediación de los Testigos de Jehová habrá resultado en una primera etapa en una bendición, e incluso en otros que estén condicionados por circunstancias intelectuales, de la edad y otras, podrá seguir siendo beneficioso de acuerdo a las coyunturas de tipo social y afectivo que engendra todo ambiente en el que se dan las características que los Testigos proporcionan. Sin embargo, el daño irreparable que ciertos planteamientos provocan por parte de la Direc­ción de los Testigos de Jehová en un cierto porcentaje de los inte­grados se hace necesario un llamamiento de alerta a que tanto éstos como otros posibles advenedizos puedan reflexionar y sacar sus propias conclusiones. Cíclicamente la membresía de los Testigos se ve mermada considerablemente.

Hoy día si pulsamos a nuestra sociedad, el rechazo de lo que significa el nombre Testigos de Jehová es general. Y esto no es porque sean rechazados por lo mismo que lo fue Jesucristo, porque el mundo rechace la verdad (asunto este último cierto). Sin embargo esto no puede ser utilizado por los Testigos como un argumento a su favor. Puesto que no se trata (en este paréntesis histórico provisional en el que vivimos) de que no tengan oportunidad de expresar libremente sus propias ideas, e incluso de desmentir de forma personal y pública lo que de tendencioso y falso pudiera atribuírseles. Independientemente del posible éxito, en ocasiones y temporalmente, de su proselitismo, el repudio en general es fruto de su propia filosofía y de la propia imagen que proyectan en la sociedad en la que se desenvuelven. Esto que aca­bamos de mencionar no impide facetas positivas. Pero aun esto explo­tado en provecho del todo, puede ser peligroso para aquellos que viendo en primer lugar «eso positivo», y confiando, acepten sin un análisis previo y profundo todo lo que implica la doctrina y orga­nización de los Testigos de Jehová. Los Testigos de Jehová, recuérdense bien los motivos de esta tesis doctoral, no son como organización como un profeta de Dios para este tiempo, y no pueden representar correcta y fielmente «los intereses de Dios para este tiempo». Las tres características principales de un verdadero profeta: Fidelidad a la Palabra de Dios, cumplimiento de lo que vaticina y proclamación cristocéntrica del mensaje bíblico, están ausentes en una mayor proporción. Últimamente (de 1990 a 2012) ha habido cambios sobre lo indicado anteriormente. Han progresado muchísimo, aun cuando queden las lagunas que suponen la negación de la persona divina del Espíritu Santo, y de la personalidad divina y eterna de la persona divino-humana de Jesucristo.

La Dirección de los Testigos de Jehová, en lugar de ser un «Esclavo Fiel y Discreto» es un siervo inmaduro. Y admitimos lo de siervo, por­que son serviles en el método y en lo fundamental. Los cambios continuos en cerca de ciento cincuenta años de existencia, las contradicciones, y la falta de claridad en sus exposiciones bíblicas no generan la confianza y garantía que una religión verdadera debe ofrecer. No deberían engañarse más diciendo que los errores se reconocen, y que se trata de una mayor adquisición de luz. No, se trata de auténticos errores irreversibles si no se admite la ausencia de dirección divina. Hoy se dice una cosa y mañana otra distinta. No se puede pretender que Dios pueda estar dirigiendo y revelando una cosa hoy, y diez o veinte años después aspirar a que Dios esté difundiendo algo totalmente distinto. Y si se reconoce que en un cierto momento ha habido equivocaciones ¿qué garantías tengo de que ahora no se esté en algún otro error? Se constata que todos los cristianos incurrimos en desaciertos aun a pesar de nuestra confianza en la Palabra de Dios, pero si la dirección del Espíritu Santo actúa nos lo descubrirá en su momento usando diversos medios: la propia Palabra, el Cuerpo de Cristo basado en la Palabra de Dios, etc. Lógicamente esos cristianos no ambicionan ser de una «clase especial» seleccionada por Dios para ser un canal por donde únicamente Dios anuncia la verdad; de ahí que aprendamos de nuestras propias pifiadas.

Los Testigos de Jehová precisan de esa «muletilla de apoyo» mera­mente humana, y los resultados son evidentes. Déjense esos dirigentes de jugar a ser personas importantes; dejen la aventura sin retorno de la «infalibilidad»; desechen el temor de que si no es con el invento de un «magisterio» que no se equivoca y que «da el alimento a su debido tiempo» se les escapará de las manos la membresía. ¿Les ha servido de algo erigirse en un «comité profeta» para solucionar los diferentes problemas internos y los distintos errores doctrinales a través del tiem­po, reconocidos y no reconocidos? ¡Sujétense a la Palabra de Dios, dejen de un lado las palabras humanas y notarán las bendiciones es­pirituales!

Decíamos al principio de la necesidad de distinguir entre la clase dirigente y la membresía en general. A la vez mencionábamos que cabría hacer incluso algunas matizaciones, y que ya hemos indicado, ante la tentación de buscar culpables. Creo que no se precisa esa búsqueda. Sencillamente hay una realidad que no podemos soslayar ni explicar en todos sus detalles. El fenómeno religioso de la Asociación de Cristianos Testigos de Jehová nos ofrece la panorámica no de cul­pables y de una caza de brujas, sino de víctimas a las que hay que ayudar con paciencia y misericordia. Sin embargo, sí que podemos destacar grados de responsabilidad, y aquí la distinción entre clase dirigente y membresía en general no sería un tópico. Por otra parte, el miembro contribuye a la propagación de errores. Y lo más lamentable es que muchos Testigos de Jehová sufren de una constante duda, y si llegan a salir de la organización suelen tener remordimientos, e incluso en varios casos su vida espiritual se hunde en el ejército del mundo. Esto nos obliga a no permanecer en silencio. Esta tesis doctoral ha permitido enmarcar lo más adecuadamente los principios ideológicos de los Testigos. Nuestro lenguaje en ocasiones habrá podido parecer fuerte. No nos movía nada personal, sino tan sólo la firmeza que resulta de contemplar los estragos que produce una filosofía que amparándose en la Biblia difumina confusión, contradicciones, inexactitudes, falsedades e incluso aberraciones.

La Dirección de los Testigos sigue un legado histórico que les ha inutilizado para una correcta evolución teológica. Esto no quiere decir que no se hayan esforzado y que no se preocupen por presentar lo mejor que saben y pueden, dentro de los límites que sus estructuras han impuesto, algunos aspectos del mensaje bíblico. Los miembros, en líneas generales y sin controles ni inspecciones especiales, parecen correctos y «buenos». Son gente que se interesa por el estudio de la Biblia, aunque de un modo unilateral, bajo la óptica que les dicta «El Siervo Fiel y Discreto». Desde luego no hay una auténtica reflexión personal, ni puede haber una investigación individual (en el sentido de aportar valores teológicos), no hay posibilidad de la creatividad en base a alguno de los dones o carismas espirituales que la Palabra de Dios expone. De cualquier forma el estudio sincero de la Biblia puede producir bendiciones espirituales aunque en diferentes casos, como podría ser en una organización tipo estilo «Testigos de Jehová», se ocasiona estancamiento y sequedad espiritual. La causa de la ausencia del avance bien podría ser la aceptación de errores doctrinales fruto de la interpretación bíblica que dictamina el comité denominado «Esclavo Fiel y Discreto».

Aquí es donde radica el peligro de esta organización: la trayectoria u orientación en la que se ven inmersos para dar consistencia y valor a esa identificación antojadiza les arrastra, sin que puedan remediarlo, a ser los únicos escogidos para todo lo que interpretan y que todas los demás, sin excepción, están en el error y formando parte de la religión del diablo. No sólo esto, se ven incapacitados para observar la viga en su propio ojo, y no están preparados para subsanar esencialmente sus propios yerros. Si desterraran la idea no bíblica del significado impli­cado en la expresión «Esclavo Fiel y Discreto», todo iría mejor.

Si usted está estudiando con los Testigos de Jehová, en principio le felicito en un cierto sentido, puesto que entre la nada o el vacío y la oportunidad de contactar con la Palabra de Dios hace de esto último una elección superior.

En segundo lugar, si usted ha tenido la oportunidad de seguir nuestra investigación, le ruego que analice los textos y argumentos que aquí se vierten; que no se conforme con explicaciones ingenuas que le puedan dar en contra. No ponga nada ni a nadie por encima de la Biblia, que someta todo a la máxima autoridad. Por último provéase de ayudas.

Ahora reflexione sobre algunas puntualizaciones:

Una organización que se precia de «poseer la verdad» no debería traducir una Biblia «ajustada» a sus propios intereses, en vez de amol­dar la traducción a la exigencia del propio texto.

Al principio, cuando usted comenzó a estudiar con los Testigos de Jehová, no les importó que leyera una versión católica o protestante; pero después fueron desplazando esas posibles traducciones en bene­ficio de la versión «Nuevo Mundo».

Dicha versión contiene palabras incluidas entre paréntesis que no vienen en el original; palabras añadidas que tampoco están presentes en los manuscritos que permiten las traducciones, y que ni siquiera han introducido en paréntesis; y traducciones incorrectas injustificables y en contra de toda lógica textual y gramática. Y todo para intentar hacer coincidir la Biblia con sus puntos de vista. Note lo que acabo de expresar. Lo correcto sería que nuestros puntos de vista concordaran con las Escrituras, y si no, repudiar esos pareceres. No se conforme con lo que le digan; compárelo con otras traducciones y compruebe.

Ahora observe un fenómeno que se suele dar en todo tipo de contacto que está programado para influir en los demás sin respetar la libertad de conciencia. Las ideas genuinamente bíblicas que contiene en algún tema el mensaje de los Testigos, puede tornarse en un auténtico peligro si no se toman las debidas precauciones. En efecto esas ideas pueden, llegada la circunstancia actuar como tapadera, y más tarde, cuando el posible interesado se confía y se integra como fruto de lo estrictamente bíblico, de la simpatía y del ambiente fraternal, se deja llevar aun a pesar de no haber analizado lo suficiente otras doctrinas fundamentales que no tienen el debido apoyo, o no haberlas comprendido en el grado de sus posibilidades.

Este fenómeno no es directamente intencional. Y todavía esto es más peligroso. Por cuanto si hubiera alguien que conscientemente manipu­lara este proceso, podría ser claramente identificado y pondría en alerta al posible candidato. Es algo totalmente automático, donde interviene la mente humana respondiendo ante ciertos estímulos sociales, psico­lógicos y espirituales que han podido crearse mediante las estructuras acumuladas por la historia y administración de una creencia. La natu­raleza humana que muestra unos comportamientos estandarizados, y que manifiesta la carencia de la seguridad de estar en la verdad, deseo por la salvación, y sentimiento de protagonismo, puede ser satisfecha en una primera fase con cualquier ideología que de un modo global se preste a nutrir esos menesteres generales, aun cuando los contenidos esenciales que llevan a cumplir esas necesidades contengan presupues­tos falsos o incorrectos. Para que nos entendamos ilustrativamente: Si tenemos hambre y se nos predica que lo que precisamos para resolver nuestra escasez es comida, y se nos promete satisfacer dicha penuria, nosotros ante nuestra hambre aceptaremos los alimentos que se nos provean. Si éstos están contaminados y perjudican la salud, hasta que ese perjuicio se haga patente habrá cubierto un primer objetivo: el de saciar el hambre. Pero ¿qué podrá ocurrir después cuando la contami­nación haga efecto?

La única solución para evitar el vernos involucrados en una espiral incontrolable por nosotros es documentarnos previamente sobre la me­todología correcta y los contenidos bíblicos que responden a un esque­ma cabal. Rehuir el enfrentamiento con la Verdad, con Jesucristo, con nuestro Dios por miedo a ser engañados no conseguiría ese objetivo. Puesto que la indiferencia, la falta de compromiso, y el alejamiento en cuanto a responder a los interrogantes que nuestra propia conciencia plantea sobre nuestro origen y destino, sobre el por qué y el para qué, sobre la vida y la muerte no nos depararía un menor engaño. Tenemos a nuestro alcance promesas que cuando se reclaman mediante la oración logran propósitos eternos. Se nos ha asegurado que podemos disponer del Espíritu Santo para guiarnos a toda la Verdad. ¿Qué falla respecto a estas promesas en una organización del estilo de los llamados Testigos de Jehová?

No podemos dar una respuesta definitiva que explique este fenóme­no religioso que se experimenta en numerosas personas.

Lo que venimos diciendo revela que las condiciones previas, algunas expuestas ya, que debemos exigir a todo aquel que pretende anunciar lo que él entiende como verdad, y por lo que en última instancia nos llevará a aceptar o rechazar una ideología, no han sido consideradas convenientemente por las diferentes personas que pasan por una expe­riencia semejante.

Cuando alguien se autoerige en magisterio de la verdad sin las de­bidas credenciales, las cuales deben estar apoyadas por las Escrituras, debe ponernos en guardia. Ésta sería la primera condición: dónde basa su autoridad. En la segunda habrá que interpelar sobre el origen e historia de su organización, cómo se ha originado y qué principios le sustenta. La tercera se relaciona con el método que emplea en el estu­dio de la Biblia.

Tengamos presente que la primera actuación imperceptible llevada a cabo por este tipo de organizaciones es la de mostrar lo que puede ser fácilmente considerado, por los interlocutores, como errores más evidentes que tienen los demás. No tomemos ninguna postura a favor mientras no sepamos todo el ideario. El segundo paso será el presentar las doctrinas que pueden defender con la Biblia, y que son comunes, en esencia, a la mayoría de las denominaciones indicadas como cris­tianas. En este segundo escalón pueden filtrarse inexactitudes que no se perciben si no hay un conocimiento global de la temática en cuestión. Un ejemplo de esto es la soteriología. Pueden hablar de la expiación y de la justificación en términos muy parecidos a los del cristianismo reformado. Se trataría de declaraciones escuetas e imprecisas. Cuando se profundiza en toda su extensión, teniendo en cuenta su interpretación del Milenio y las dos clases de creyentes, uno descubre que su con­cepción de expiación se aleja del pilar básico evangélico. Para un iniciado es difícil el percatarse de la posible infidelidad de algunos de sus asertos que podrían pasar en un principio por válidos.

Este fenómeno puede producirse además por cuanto hay textos que si no se complementan con otros se construirá una idea incompleta. Este tipo de interpretaciones del que no están libres otros, aprende a selec­cionar aquellos textos que van bien para el proyecto que previamente se ha impuesto. Una simple concordancia bíblica permitiría el tener a nuestro alcance todos los textos de la Escritura en relación a tal o cual tema. Por otra parte exijamos puntualmente cada una de sus doctrinas, sin lagunas y con suficiente apoyo en la Biblia. No aceptemos nada de forma resolutiva hasta que no dominemos toda la concepción global. Con esta provisionalidad encararemos con mayor lucidez el tercer peldaño que procura introducir en la mente las doctrinas distintivas en las que no hay base bíblica.

Es en el primero, cuando no en el segundo, que la mayoría acepta incondicionalmente a la organización, suponiendo el haber asumido los postulados gradualmente sin una visión completa y sin que se haya probado en todos los casos su justificación escritural.

¿Por qué en ese primer avance o todo más en el segundo se admite ya incondicionalmente a la organización faltando lo fundamental? Contestamos primero con lo que implica la propia situación social y religiosa de una buena parte de los individuos que viven en nuestro mundo. En esa disposición se comprueban unos problemas y preocu­paciones que sólo el sistema religioso puede dar satisfacción. Los Testi­gos de Jehová en ese primer y segundo paso aludidos, llegan a demos­trar al individuo en cuestión que una de las causas de sus desdichas es el vivir en una religión falsa, sean o no practicantes. Casi todo lo de los demás es falso, lo de ellos es lo verdadero. No se trata de una demostración, de presentar una verdad y que por comparación eliminas el error. O la de hacer coincidir esas angustias con la ausencia del Dios verdadero y de Jesucristo sino el de presentar de un modo aparentemen­te lógico y coherente los errores y fallos de los demás. Esto hace mella en el individuo. Dado que se encuentran con una gran cantidad de personas desinformadas, o incluso mal informadas, les es fácil llevarlas a su terreno. El método bíblico que siguen es simple y contundente. Si se trata de silencios o lagunas, que según su entender tienen otras denominaciones, no es difícil alardearlos pudiendo crear una favorable impresión de ser grandes conocedores de la Biblia en el prosélito. Si se tratase de equivocaciones no tan claras se limitan a usar la parte de textos que sin los otros adicionales parecen apoyar su posición (es el caso de temas como la Persona de Jesucristo o el Espíritu Santo). Con un ingenioso orden aportan lo que a ellos les interesa realmente. Esto les permite asegurar que son los únicos verdaderos. Y entonces, para­lelamente a lo dicho se repite de una manera o de otra lo que han dejado por escrito en diversas ocasiones: que son el Profeta de Dios para este tiempo. La mente de los prosélitos y de los bautizados sólo escucha en resumen dos asuntos esencialmente: Lo de los otros es falso; lo nuestro es la verdad por cuanto los dirigentes son protegidos de forma especial por Dios para ofrecer la única verdad que existe en este mundo.

Simultáneamente a este proceso de captación se da otro que tiene que ver con los sentimientos y emociones, y que se puede dar tanto en lo genuinamente cristiano como en lo que no lo es. En efecto, cuando usted inicia un diálogo con una persona y, dándose las circunstancias requeridas, pueden desarrollarse los mecanismos de la amistad. Enton­ces usted se ve atraído por la simpatía, el afecto, el cariño, y hasta el desprendimiento; todo esto son cualidades extraordinarias y positivas pero no son suficientes para un asunto tan importante como es el discernimiento de la verdad. Esto igualmente se podría dar en círculos distintos a lo puramente religioso.

Cada persona es una candidata para recibir el evangelio, y cada ser humano a lo largo de su vida pasa por dudas y crisis; necesita comprensión, amor y solución a sus preocupaciones y problemas. Qué duda cabe de que la Biblia tiene lo que usted y yo necesitamos, pero cuando se maneja unilateralmente usted puede recibir, en un primer momento, la impresión de que puesto que son ellos los que le están enseñando esas soluciones a sus problemas, son ellos los que dicen la verdad. Pero recuerde que no son «ellos» ni nadie, sino la Revelación, el poder de la Palabra de Dios. Por lo tanto, a la hora de tratar doctrinas deberá analizarlas con rigor, no dejándose influir por los beneficios recibidos que, en definitiva, los hubiese conseguido lo mismo de haber leído dicha Revelación por su cuenta.

Si usted es ya Testigo de Jehová tengo algo que decirle: que si usted no es una piedra –y me consta que no lo es–, en más de una ocasión la duda le habrá asaltado. En sus continuos contactos con otros repre­sentantes religiosos ha comprobado que no siempre ha podido dar una respuesta clara a la objeciones que le han puesto, ni tampoco ha podido rebatir doctrinas de otros, aun cuando ha hecho uso de los textos que aparecen en la literatura preparada por el Esclavo Fiel y Discreto. Por descontado que esto no se debe a que usted sea tonto o que los demás sean más hábiles que usted. Quizá su explicación más sencilla haya sido que le falta preparación. Pero la duda ha seguido ahí. Sí, ahí; y usted sabe que no puede decirme que no. Lo lógico y normal en otra persona sería una investigación reflexiva (2ª Co. 13:5). Pero en su caso le han enseñado que el que investiga y reflexiona por usted es el Esclavo Fiel y Discreto; de ahí que tenga que ocurrir «un gran cataclismo» para que usted pudiera «saltarse a la torera» al Esclavo Fiel y Discreto. Pero esperar a un desastre es peligroso, puesto que usted puede morir en la hecatombe. Lo ideal sería que recordará lo que le enseñaban en los primeros momentos en los que hizo los contactos con los Testigos de Jehová. Usted recuerda que le hablaban que debía someterse a la Biblia, y que debía desligarse de todo lo humano; que había que hacer caso a Dios antes que a los hombres (Hech. 5:29). ¿Por qué no se aplica esos mismos consejos ahora y decide hacer un estudio personal pidiendo la dirección del Espíritu Santo?

Creemos que es el temor provocado por la literatura de la Sociedad Watchtower lo que fija una angustia constante en la membresía de los Testigos, y que se hace más acuciante a lo largo de sus crisis. Para­dójicamente es ese temor inculcado por casi todo lo que se relaciona con la organización lo que «clava» a ésta a los miembros.

El Testigo de Jehová se ve obligado en más de una ocasión a reprimir datos que no encajan con las enseñanzas recogidas. La duda se aposenta, y cuando algo la reaviva se asusta. Aun cuando la mente se prepara a disipar las dudas, cíclicamente perciben que no han resuelto las dis­crepancias. La lucha interior sólo puede ser ahogada momentáneamente realizando un trabajo intenso de proselitismo. Hablando con otros e incorporándolos al mismo engranaje. Es lo único que les pude dar un cierto alivio, porque su sistema está fundamentado en las doctrinas antes que en una relación con Jesucristo.

El pavor que surge ante la posibilidad de tener que abandonar la organización le hace suponer que tendría un sentimiento de culpabilidad y vergüenza. La mayoría de ellos provienen ya de otra organización, y cuando las dudas sobrevienen es lógico que se rechacen. Si en su esquema todo lo demás es falso, ¿qué podría ocurrir con su vida si tuviera que abandonar aquello que se le ha presentado como alternativa a todo lo falso? Las amistades podrían perderse, el sentimiento de depravación interna podría fijarse, y el Armagedón sería el castigo merecido. Desconoce la doctrina de que tenemos un Abogado para con nosotros a Jesucristo el Justo.

Temen saber más. Cuanto más se sabe y se adquiere una mente escudriñadora puede fomentar disonancia y llevar a una crítica de la autoridad de la Watchtower. La lectura de otros libros no publicados por la «sociedad» religiosa que encarnan los Testigos de Jehová les hace estar influidos negativamente. De ahí que lo mejor sea limitarse a los libros prefabricados por la Watchtower.

Es verdad que ciertos planteamientos de la llamada educación su­perior se oponen a la buena nueva de salvación, pero no es menos cierto que no podemos privarnos de «saber más» para poder alcanzar para Cristo a los que «saben más». Creemos que la fuerza del Evangelio contiene la orientación adecuada para hacer frente al incrédulo. Privarse de un conocimiento por miedo a que pueda ir en contra de la propia organización, es actuar como el avestruz. Sería mejor incrementar los programas que sirven para prevenir al miembro de situaciones incómo­das. Esto es imposible en una organización insegura y temerosa de sus propios cimientos.

El temor al Dios del Armagedón nos muestra cómo de un Dios teóricamente bondadoso podemos pasar en la práctica a un Dios rigu­roso. Esa falta de relación personal con Cristo, y de la ausencia de la presencia del Espíritu Santo residiendo en el creyente, convierte al Testigo en una marioneta en la que la salvación no está asegurada ni siquiera en su Milenio. Es una lástima comprobar la falta del verdadero gozo que provee la comunión con Dios por cuanto la gran Muchedumbre ha sido enseñada en el sentido de no haber nacido de nuevo. Asunto que está relegado exclusivamente a un número literal de 144.000 per­sonas, de las que en esta época no llegan a 8.000.

Dos puntos más. El uno referente a las premisas escatológicas. Después de la crítica tan intensa que se ha subrayado podría inferirse, sin que nosotros lo hayamos pretendido, que dichas proposiciones que tienen que ver con promesas específicas y con la esperanza de un cielo nuevo y una tierra nueva donde la muerte y la enfermedad no existirán jamás, no es preciso o no es importante reseñarlo. Nada parecido a esto ha sido nuestra intención. Pero si ése fuese el sentir después de la lectura de esta tesis querríamos devolver el equilibrio otorgando nuestro testi­monio personal. No hay nada en este mundo que amemos tanto como el final de esta historia secular interrumpida por la venida literal y visible en gloria y majestad de nuestro Señor Jesucristo. Sabemos que sólo en ese momento, la muerte, el último enemigo, será definitivamen­te derrotado en lo que concierne a los creyentes en Cristo. Mi esperanza como cristiano reside exclusivamente en Jesucristo, que me justifica de mis pecados mediante su vida impecable y muerte de cruz; en Jesucristo que me imparte su justicia santificándome mediante la obra y poder del Espíritu Santo; en Jesucristo, que intercede en el Santuario celestial gracias a su triunfo manifestado en la resurrección y ascensión de entre los muertos para aplicarme constantemente sus méritos, poder y perdón en base a su único, suficiente e irrepetible sacrificio realizado en la cruz una vez y válido para siempre; en Jesucristo, que volverá como Rey de reyes y Señor de señores para trasladarme definitivamente y para siempre al Reino de Dios eterno. Gracias a esa vida impecable y a su muerte expiatoria, a su ministerio sacerdotal en el Santuario celestial, y a esa esperanza en el retorno de Jesucristo, recibo poder continuo para hacer la voluntad de Dios. Éste es mi Credo resumido, y éste quiero que siga siendo mi lema a sabiendas de todas las implicaciones que todo ello significa tanto para mi Dios y persona como para mi prójimo.

El segundo punto guarda relación con este sentimiento de descon­fianza que se suele producir cuando te ves obligado a criticar sistemá­ticamente una posición. Esto sería una prueba más respecto a dónde nos puede conducir una interpretación abusivamente errónea. Sin em­bargo es preciso cuando las circunstancias lo exigen, ser firme y lo más contundente posible para no permitir, dentro de los límites de lo evi­table, que la tristeza y la confusión no se propaguen más en un mundo tan necesitado de alegría y de cordura.

Esta obra corresponde a la Tesis Doctoral presentada y sostenida en la Facultad de Teología de Catalunya (Barcelona 1993), de la que se hizo una publicación parcial, exigencia para la obtención del grado de Doctor, con el título “El Fenómeno religioso de la Asociación de los Testigos Cristianos de Jehová” cuyo ISBN fue 84-604-8684-2 y Dep. Legal B- 5732-94, siendo la fecha de su defensa en noviembre de 1993.

El director de la tesis fue el Doctor y responsable del Departamento de Teología Fundamental, Hector Vall Vilardell, siendo lectores Josep Gil Ribas e Ignasi Salvat Ferrer, y la autenticidad reza lo siguiente: “Certifico que Antolín Diestre Gil, va defensar abm data 9 de febrero de 1993 la tesi “El Fenómeno Religioso de la Asociación de los Testigos Cristianos de Jehová” devant del Tribunal format per: Hector Vall Viladrell, Josep Gil Ribas i Ignasi Salvat Ferrer, i que fou aprobada el 9 de febrer de 1993. Barcelona, novembre 1993 Viçens Bosch Miqueda Secretari de la Facultat de Teologia de Catalunya

La Tesis completa fue publicada con anterioridad por Editorial CLIE con el título de Manual de Controversia…Historia y errores de los Testigos de Jehová

1993 por el autor: Antolín Diestre Gil Depósito Legal: B. 17.310-1993 ISBN 84-7645-664-6 Printed in Spain.

Impresión actual por el autor Antolín Diestre Gil con el título: “Testigos de Jehová: un análisis de verificación de sus pretensiones, historia y doctrinas” Zaragoza – Spain 2011

Para la obtención de esta obra infórmese en www.comteologicasesal.org


[1] Que sepamos tan sólo los patrocinadores de la Revista La Pura verdad (Palin Truth), de la llamada Iglesia de Dios, fundada por Herbert W. Armstrong aceptó la hipótesis de los 6.000 años poniendo también como final de éstos a 1975. Donde se aseguraba para antes de 1975 destrucciones de millones, sequías, plagas, la tercera guerra mundial, y para 1975 la finalización de los 6.000 años de cronología bíblica que Dios nos ha concedido de gracia. Véase el folleto sin fecha 1975 en Profecía, pp. 3, 12, 16, 21, 22, 23.


Í N D I C E

Prólogo

TEMAS INTRODUCTORIOS

La base documental de nuestro estudio

La historia y sus protagonistas

Actitudes Eclesiásticas y sociales

Una aproximación a su mensaje y las características de la verdadera religión

SECCIÓN PRIMERA

Análisis de las obras principales de los dirigentes de los Testigos de

Jehová en relación a fechas, acontecimientos escatológicos y posturas doctrinales fundamentales

PRIMERA PARTE

Russel, su escatología y el significado de las fechas

(1789, 1872, 1873, 1874, 1878, 1914)

Primer volumen de Estudios de las Escrituras

Segundo volumen de Estudios de las Escrituras

Tercer volumen de Estudios de las escrituras

Séptimo volumen de Estudios de las Escrituras

SEGUNDA PARTE

Rutherford, sus fechas y obras principales a examen

Millones de personas actualmente vivas no morirán jamás.

Contenidos significativos de El Arpa de Dios, La Creación, y Liberación

Luz, una interpretación sobre el Apocalipsis

TERCERA PARTE

Examen de los contenidos escatológicos de N. Nnorr y F. Franz, Henschel, y Adams

según sus obras fundamentales

¿Cómo obtienen el comienzo del Reino de Dios como siendo el “fin del tiempo de los gentiles” en 1914?

Sucesos importantes que acontecen en 1914

La resurrección de 1918 y los 144.000

La teoría de los 6000 años, 1975 y la última generación

El Armagedón y el Milenio

SECCIÓN SEGUNDA

La concepción del Reino de Dios en 1914 con sus implicaciones

escatológicas y la del nombre divino ¿una posición uniforme

desde 1879 hasta nuestros días

PRIMERA PARTE

Análisis del examen de la religión de los Testigos de Jehová

en base a los contenidos de las época representativas de

Russel y Rutherford

Un paralelismo sobre escatología confuso y contradictorio

Valoración crítica de la persona de Russell respecto a su historia y escatología

Valoración crítica de la persona de Rutherford respecto a su historia y escatología

SEGUNDA PARTE

Valoración crítica de la historia y escatología de la época de Nnorr, F. Franz, Henschel, y Adams

El Reino de Dios

La hipótesis de los tiempos señalados de las naciones como fin del mundo en 1914, y los cuatro datos que le dan soporte

1914, fecha del acontecimiento hipotético del Reino de Dios y el 607 a.J.como caída de Jerusalén, fruto de un error histórico

1914 y el retorno de Cristo invisible

1918, los 144.000 y su resurrección

1975, los 6000 años y la última generación

El valor escatológico del nombre de Dios

El sentido de ciertos textos con relación a la naturaleza divina y eterna de Cristo

El sentido de la deidad de Cristo y la del Espíritu Santo

Valoración histórica y moral de la época actual representada por los diferentes presidentes

Nnorr, F. Franz, Henschel y Adams

– Teocracia frente a democracia

Actos disciplinarios vergonzosos

El siervo fiel y discreto

Normas injustas: La prohibición de transfusiones sanguíneas

Servicio civil sustitutivo

– La teoría de 1975 y la prosperidad de los Testigos de Jehová

– La verdad de la “organización del Siervo Fiel y Discreto”

– Reflexiones críticas y valoración moral

– Conclusión a la sección segunda

TERCERA PARTE

Raíces histórico teológicas

Origen ideológico respecto a las posiciones escatológicas

El origen ideológico de los Testigos de Jehová sobre la noción de que el Verbo,

el Hijo de Dios, es creado

Epílogo: Recapitulación de los propósitos de la Tesis y conclusiones críticas

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