Resumen El trayecto de la esperanza frente a la nada

617 páginas

ISBN: 84-690-0081-0

© Antolín Diestre Gil

2006

EL TRAYECTO DE LA ESPERANZA FRENTE A LA NADA: La existencia, la muerte y la vida eterna.

El título de esta obra es significativo. Y querríamos explicar en la brevedad que nos concede una introducción lo que pretendemos implicar en él.

Estamos confrontando en primer lugar la esperanza frente a la nada. Y lo hacemos a sabiendas de la radicalidad extrema que confieren dichos conceptos. Vivimos en una época, tal vez la única, que el ser humano del primer mundo aparentemente no necesita nada. Cuando decimos esto, somos conscientes de ese segundo y tercer mundo en donde millones de seres que existen son pobres, y, o padecen literalmente de hambre, o están mal nutridos, o están convencidos de que sus vidas podrían mejorar trasladándose al primer mundo. En líneas generales para unos su esperanza se ha visto ya cumplida: tienen trabajo, seguridad social y sanitaria, y una adecuada jubilación. Pueden desarrollar una existencia en la que la seguridad que les ofrece el dinero, el espacio consumista, y un Estado protector, les ayuda a prolongar la vida y a pasar el tiempo con más o menos felicidad. Los otros tienen como esperanza precisamente alcanzar lo que aquellos han logrado. Y ahora con la dimensión de la globalización, los pobres seguirán siéndolo pero a gusto: podrán tener una casa decente, comida abundante, ropa, y el televisor. De cualquier forma el límite de la esperanza, es el mismo tanto para esos como para estos. No hay una diferencia sustancial. Su esperanza se está centrando en algo puramente tangible y material. No negamos que pueda haber otros elementos que se integran en esa esperanza humana. Pero observamos que casi cada uno de estos militantes en mejorar su existencia particular, a lo que tenemos todos pleno derecho, resulta en una conversión a la ciudad secular. El ser humano se ve conformado a una manera de ser y de pensar que se olvida de sus verdaderas raíces y de su designio. No cabe duda que la propia situación de necesidad por la que se ha visto abocado a fijar un rumbo existencial determinado, también le postraba a una cierta distracción respecto a su origen, misión y destino, pero le permitía, en algunas ocasiones reflexionar sobre el por qué y al para qué de la existencia, en un contexto de más allá de lo que este mundo puede ofrecer. Pero cuando te introduces en la ciudad secular se va produciendo un fenómeno de descomposición respecto a lo que el ser humano fue llamado a ser, convirtiéndose irremisiblemente en un ciudadano postmoderno, desprotegido frente a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte.

Creemos que la secularización es un fenómeno moderno, pero si así creyéramos estaríamos equivocados. Las personas siempre se han inclinado por lo que realmente les es útil para su existencia, aun cuando sea momentáneamente. Lo que sucede en cuanto al pasado, es, que la religión, era lo útil. La religión se había secularizado, estaba entretejida en los diferentes estamentos de la sociedad. Eso era también el mundo. Porque se trataba de una religión mundanal o mundanalizada, aun cuando, a partir del s. IV respondiera en su terminología al cristianismo. El fenómeno nuevo, por influencia de la revolución norteamericana y francesa, consiste en la ruptura de la laicidad con la identidad religiosa, puesto que el mundo, desde siempre, crea su propia religión, su propia manera de pensar. Y en su convivencia con elementos religiosos, que como decimos formaban parte del entretejido social y de la Autoridad, ha aprendido a evitar de lo religioso lo inservible para su funcionamiento de protección de la ciudadanía. El camino de la libertad y de la democracia le llevó a separarse plenamente de lo que pretendía tener la Autoridad suprema: de la Iglesia. Y en su nueva experiencia aprendió a prescindir de todo aquello que lo religioso pretendía imponer con dogmatismo. Lógicamente ese laicismo que con personalidad propia, se separa del concepto Iglesia, término que viene avalado e impulsado por la noción Constantiniana se beneficiará en cuanto al cumplimiento de los objetivos que le son propios. Pero en su tensión provocada por la separación, produce también una imposición: la de la ideología estatal. Al tener que justificar su autoridad y existencia promueve una dirección ideológica, con unos valores que se convierten para muchos en su religión, aun cuando participen también de la otra, intentando en su conducta cívica y política adaptar lo uno a lo otro. Esta ideología estatal, que siempre ha existido, tiene una manera de pensar y de actuar, con una direccionalidad determinada, proyectándolo constantemente sobre los ciudadanos. Se trata de un modo de pensar y de obrar que se adapte cada vez más a lo que supone ser una autoridad, y a que sea convenientemente reconocida por los súbditos que la acatan como correspondencia a los beneficios que reciben de los que les gobiernan. Esta ideología, dada su funcionalidad, trasciende en muchas ocasiones a los propios individuos que la asumen o la integran, convirtiéndose en una auténtica religión que emana comportamientos morales o cívicos; culturales o deportivos que marcan una actitud o una educación específica, en la que el propio contenido se convierte en su razón de ser; o científicos con repercusiones éticas; médicos, de acuerdo a una concepción académica de la medicina, donde te señala una forma de salud y de alimentación etc..

Todo esto configura una manera de pensar y de ser, con un programa que va abarcando la existencia del individuo. Con los medios de comunicación a su alcance crea su propio radio de acción presentando su ideología con un aparente equilibrio, y una naturalidad, en la que todo o casi todo se ha experimentado como cierto, avalado siempre por la Ciencia. De este modo se va engendrando una opinión pública sobre lo que es bueno o es malo, lo beneficioso o perjudicial, lo verdadero o lo falso, lo que merece o no la pena. Y señala como sospechoso a todo aquel o aquello que se sale de la norma que se ha planeado como siendo la normal. De este modo crea los estereotipos. Una persona que decidiera no ver la televisión sería rara. Alguien que mantuviera su propia opinión respecto a guardar un día distinto al establecido socialmente sería un marginal. El concepto de temperancia no estaría planteado sobre lo beneficioso o perjudicial sino sobre la moderación en todo. Y para ello se verá obligado a definir lo que es moderación, con lo que dada la heterogeneidad de la humanidad, y a las reacciones imprevisibles del cuerpo humano, es mejor concluir con la abstención de lo que crea perjuicios.

De cualquier forma, esta direccionalidad ideológica estatal que invade la vida del individuo está mezclada con aciertos indudables en la calidad de la vida, en el desarrollo, en el sentido de la justicia social, con un Estado protector [1] que produce seguridad social, sanidad gratuita, trabajo, protección de la jubilación, acceso a bienes culturales, espíritu tecnológico de resultados que se puedan medir como aceptables.

Pero no debemos equivocarnos entre la realidad social y la sustitución de la verdad trascendente que los individuos en su naturaleza reclaman. El gran problema de muchos cristianos, está, en haberse recluido en esa realidad social, sin un mínimo de crítica, arrastrado por todo lo que ese mundo le ofrece, permitiendo el destronamiento de lo que la Revelación de Dios define como verdad. La gran tentación pragmática está en el relativismo acerca de la verdad y del valor de lo bueno. El interés por lo útil y por lo que me sirve como beneficioso en este momento, puede convertirse en destructor no solamente de mi cristianismo sino en la postración e inseguridad, al descubrir demasiado tarde la invalidez de los asertos y actitudes que emanan como equilibradores de la conducta social positiva, y que repitiéndose continuamente configuran, una voluntad predeterminada, pero que va resultando en ansiedad, angustia existencial, pérdida de sentido de la vida, ignorancia del por qué y del para qué, y esclavitud a lo que esa religión ha forjado, acostumbrándome a no poder evitar su neutralidad lúdica, que ha llegado a convertirse en adictiva.

Es en lo neutro espiritual y moralmente donde el mundo está siendo un auténtico Caballo de Troya en su penetración en las conciencias humanas. Lo neutro es lo más puro en lo referente a lo mundanal. Puesto que Dios y su implicación están ausentes, forjando a un auténtico ciudadano respetable de la ciudad secular. Cuando el Caballo de Troya se introdujo en la ciudad troyana se desoyeron las voces de los prudentes. Y la atracción que poseía ese caballo de dimensiones colosales empujaba a querer saber lo que podía ocultar en su vientre. Aquella amurallada ciudad había sido capaz de resistir los embates del enemigo. Nada pudo contra esa defensa de su propia libertad e identidad. Pero el primer error fue abrir las puertas ante el caballo inanimado que los griegos, como regalo al armisticio pactado, habían dejado ante sus puertas, y que para introducirlo hubo que romper parte de una de las murallas. Durante un tiempo mantuvieron algunos la duda y la sospecha. Pero la noche sirvió para descubrir el craso error de haber permitido semejante regalo. Por la muralla rota se proyectó un ataque, mientras que del vientre del caballo salieron guerreros griegos. Ya estaban dentro de la ciudad, y la defensa natural era imposible utilizarla. Y la derrota llegó.

¿Qué hay de malo en lo neutro de la televisión, cuando existe la posibilidad de saber escoger lo que pudiera discernirse como correcto? Es un asunto de control dirán algunos. Es un invento extraordinario para predicar el evangelio dirán otros ¿Y en el deporte? ¿Acaso no es bueno hacer ejercicio, y desarrollarse físicamente?

No discutamos ahora estos temas, simplemente los traemos a colación a fin de comprobar los frutos de ciertas obras relativas a la adopción de costumbres mundanas y adaptación a la mundanalidad.

¿Cuál es la realidad en los frutos de obrar de esa manera? ¿Hemos podido controlar, discernir lo correcto? La constatación real de la dimensión de la televisión y del deporte no puede ser más trágica. Tanto como la derrota de Troya. Ha servido para anular la libertad de hacer el bien, y destruir nuestra identidad frente al mundo. ¿Exagero? Expliquémonos. Mientras los hijos y los padres se acostumbraban a la televisión no se tenía la libertad de proyectar la ideología del Reino de Dios. La oración y el estudio de la palabra de Dios, de existir, ocupaba un lugar secundario. Con lo que se quedaban desasistidos. Conforme la contemplación fijaba el modelo de lo admisible se producía un proceso evolutivo donde se sustituían los valores y moralidad evangélica por otros extraños a la Revelación. En el trayecto de asunción se adquiría una concepción de la vida de acuerdo a los cánones que marca la experiencia mundanal. ¿Nos sorprende que un porcentaje elevado de la juventud haya abandonado la opción por el Reino de Dios? ¿Y los porcentajes tan altos de vulnerabilidad de los matrimonios y familias?

El motivo, no es la televisión, sino la conversión a una corriente mundanal, en la que el televisor es meramente el emisario estático. La derrota de los troyanos no fue el caballo. El caballo no relinchaba ni era capaz de hacer nada si no se lo usaba. Y se lo utilizó, permitiendo introducirlo, y de ese modo poner en funcionamiento su maquinaria de guerra escondida.

Los hijos y los padres se convierten a lo que se va dictando desde una caja que parece tonta, que hace reír y llorar, pero que transmite la ideología religiosa de la concepción del reino de este mundo. Dicha caja es capaz de permitir, incluso la pluralidad de opinión, pero dentro de un cercado donde aparece el relativismo moral y la obligación de acudir a la cita a fin de llenar la necesidad creada.

Con el deporte sucede lo mismo. Se nos presenta algo que en sí mismo no entra en la categoría de lo que es bueno o malo. Es neutro. Pero se comprueba que desata pasiones que infieren en la conducta cristiana, además de exigir un canon de cita y tiempo.

Cuando el cristiano quiere darse cuenta no sabe ni puede prescindir de algo que ya forma parte de su existencia y que repercute en el significado de una vida nueva otorgada por Jesucristo. Su existencia esta abocada a las fijaciones y costumbres adquiridas por el reino de este mundo. De tal manera está cogido, que su vida espiritual y de acción de proclamación del Evangelio del Reino no tiene lugar. Su existencia está ocupada en muchas cosas que le llevan a desprotegerse de los perjuicios de ciertos actos y comportamientos. Las tentaciones al pecado voluntario (cf. Hb. 10:26-29) se suceden sin parar. Sucumbe fácilmente ante los atractivos sexuales y de otro tipo, ya que la nueva religión con la que convive la anterior, y con la que más está en contacto no le interpela sobre si está haciendo mal o no. El amor al dinero le requiere casi todo su tiempo, puesto que la religión de aquí abajo le inyecta la necesidad de consumir cada vez más, y las posibilidades que se le ofrecen es preciso aprovecharlas. La utilidad y el pragmatismo imperan con toda su fuerza, y no le deja reflexionar sobre el valor de la vida eterna, sobre el deterioro de su personalidad cristiana, y sobre su proceso degenerativo tanto en lo físico como en lo mental.

Todo está ligado. La ideología estatal con su mensaje de bienestar material y su neutralidad en lo espiritual, no puede producir nada malo en el creyente, incluso en ciertos aspectos es beneficioso. El problema es la ideología que sustenta y escupe a fin de proyectar y alcanzar ese estatus. Para justificar su proceder y convencer a sus ciudadanos es menester comunicar su plan. Esta ideología trasciende y engloba a los individuos que gobiernan o que colaboran en las labores políticas. Y desde luego, alguien, ajeno a la humanidad, en base a la capacidad y recepción de la mente humana, le inspira, teniendo en cuenta la condición humana y su necesidad.

Pero esas conductas objetables se han engendrado como consecuencia de estar convertidos a la moralidad o direccionalidad de la bestia apocalíptica que encarna una ideología confusa y babilónica. No es preciso ser un degenerado socialmente hablando para ser influido e influir secular y babilónicamente. Simplemente, con tal de no haberse tomado en serio lo que implica nacer de arriba, no estar ocupado en las cosas del Espíritu Santo, no haber resucitado para la vida celestial (cf. Rm. 8:5; Col. 3:1-4), es suficiente para traer un vino entontecedor a los que le rodean. Tanto el institucionalismo como la alta tasa de divorcios como el ausentismo a lo primordial, tiene su origen en haber establecido un armisticio con la forma mundana de actuar. Cuando el que dirige una institución es un individuo moralmente objetable, o cuando los dirigentes de colectivos están siendo marcados por las pautas mundanales, los resultados serán desastrosos.

Pero lo peor está, en que no aprenderá a vivir, ni a codificar esa vida eterna de la que nos habla el Mesías en Juan 5:24-26 con la finalidad de resucitar en el último día (Jn. 5:28, 29 cf. 6:39, 40; 44, 47, 53, 54 cf. Col. 3:1-4). Cuando la angustia existencial aparezca estará desprotegido, y se verá tragado por la nada.

El hombre postmoderno ha perdido el contacto con su propia realidad inherente: un ser que necesitó una gran ayuda para nacer, para alcanzar su independencia codificada, y que continuamente se ve asaltado por las preocupaciones, y modificado químicamente por su ignorancia y errores respecto a cómo se debe vivir. En su conversión a la ciudad secular, le han enseñado a confiar que la Ciencia y la Técnica le resolverán los problemas. Le han hecho creer en una ideología pragmática: incorporar únicamente aquello que se pueda considerar como verdad por sus efectos prácticos; aquello que le sea útil para llevar una vida de confort, y que le solucione la miseria y el cómo vivir bien. Ha aprendido a aprovecharse exclusivamente de lo que le interesa, aislándolo de los valores espirituales que le dan soporte: una verdad espiritual que hace posible eso que es auténticamente útil para el ser humano. Con ello, vuelves de nuevo a prodigar necesidades, que al no poderlas satisfacer con lo que la ciudad secular te ofrece, te dejan vacío, los problemas se acumulan, y lo existencial aparece cada vez más con una mayor cobertura, apagando a tu espíritu, deprimiéndote en ocasiones, y en otras deambulando sin saber a dónde. Y cuando la vulnerabilidad que produce un tsumani o un katrina, se convierte en una catástrofe, la persona que ha quedado con vida, se pregunta donde estaba el poder humano: no hay Faraón que valga entonces. El dios de este mundo no tiene respuestas: más que la de volver a empezar, y reconstruir sobre las mismas bases

Aunque estudiáremos cuál es la situación y condición del ser humano, cuando viene a este mundo, en un intento de explicar el por qué la existencia se presenta con esos corolarios que anuncian la muerte: la enfermedad y el sufrimiento; queremos indicar en qué consiste ese trayecto de esperanza frente a la nada de la muerte. Ese itinerario de esperanza no viene por sí solo como la amargura y la tristeza con que muchas vidas están llenas. Es preciso salir a su encuentro conociendo lo que es la existencia, la muerte y la vida eterna. Esos conceptos, de conocerse, tal cómo nos provee la revelación de Dios en Jesucristo, y que nos integran elementos depurativos que le llevan al ser humano a transitar con seguridad y confianza, configurarán una esperanza auténtica.

Como creyentes en Dios, y discípulos de Jesús, hemos hallado una riqueza espiritual en el conocimiento de Dios y de Jesucristo (Jn. 17:3), que nos ofrece esa esperanza que nos permite afrontar la vida y la muerte de un modo diferente a cuando falta dicha esperanza. Cuando la esperanza, que se nos concede en la fe que se suscita en la profundización de la palabra de Dios (Jn. 8:31, 32 cf. Rm. 10:17), está ausente, nos desprotegemos frente a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Habremos podido encontrar un cierto cobijo en la ciudad secular, pero la existencia se torna cada vez más desconocida e intolerante.

Hemos encontrado en Jesús, la garantía de la vida eterna (Jn. 17:3 cf. 3:16), y en nuestra permanencia en su palabra (Mt. 13:23 cf. Lc. 8:15), hemos hallado la verdad y el compromiso en ella, liberándonos de los miedos y temores (Jn. 8:31, 32) que conlleva la ignorancia respecto a lo que implica vivir la existencia y el destino de cada de ser humano.

Queremos compartir nuestro testimonio: El descubrimiento, en la palabra de Dios, de lo que es la esperanza y la vida eterna; el saber lo que es la existencia y el cómo vivirla; el conocer a Dios y al Mesías Jesús; el haber aprendido el cómo hemos venido a ser por creación, y la causa por la que ha resultado la muerte; dónde reside el núcleo de nuestra identidad, aun cuando la inconsciencia intemporal nos sobrecoja en la muerte, a fin de superar definitivamente esa muerte, mediante la vida eterna con que nos programa Jesús (cf. Jn. 5:24, 25).

Todo esto es imprescindible para organizar una existencia que tiene como referencia constante la cualidad de una naturaleza humana que responde continuamente a su creación y Creador, y que encuentra, después de las turbulencias y desequilibrios de la existencia que se independiza de ese Creador, el cauce adecuado en la redención o liberación que nos ofrece el Mesías.

Tendremos que analizar lo que nos ofrece en realidad esa ciudad secular. Habrá que comprobar lo que lleva en sí misma programado, y compararlo con lo que nos ofrece la ciudad celestial (Ap. 21:2 ss., 9, 10, ss. cf. 11:2). La ciudad celestial (o capital del Reino de Dios) representa al Reino de Dios (Mt. 6:33; Mc. 1:14, 15 cf. Lc. 17:20-36; Mt. 25:31-34 ss.), a los principios ideológicos que sustenta el Gobierno de Dios. Y fueron ideados de acuerdo a las necesidades de la naturaleza humana. De ahí la importancia que poseen para la salud o salvación.

En conclusión, la existencia está relacionada tanto con la muerte como con la vida eterna. Demostraremos en esta obra que una y otra dependen de la forma de existencia que decidimos configurar. Y esa decisión se define en base al análisis respecto al descubrimiento de lo que evidenciamos. Y ese descubrir se relaciona con una conciencia que lucha entre su condición natural deteriorada por una herencia imperfecta, y la llamada espiritual de la nueva conciencia que le propone el Espíritu Santo basado en la Revelación.

El problema de la muerte ¿cómo se resuelve? ¿Resignándonos a recibirla? ¿Inventando una teoría que la dulcifique, o que la haga como inoperante? O ¿analizando nuestras raíces y diseño de acuerdo a lo que podemos comprobar como revelación de Dios?

En nuestro trabajo, pretendemos ofrecer la solución que nos presenta la Revelación Bíblica, sin escatimar las referencias que la experiencia humana nos provee.

Más información: www.comteologicasesal.org


[1] Estamos hablando de un concepto de Estado que domina en el mundo occidental que marca la marcha de la historia. Lamentablemente comprobamos que una mayoría de naciones no están siendo dirigidas por una noción de Estado, que independientemente de su proyección absolutista en cuanto a su imposición ideológica, que procura el bien común, aun cuando sea manteniendo y ahondando injusticias en otras naciones, es más justa y beneficiosa.


Í N D I C E

INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE

La condición mortal del ser humano, su situación

y manifestación: existencia, sufrimiento, enfermedad

y muerte

Capítulo I

El valor de la vida y la angustia

-Encuentro con la vida: la angustia existencial y la fe

-William James

-Kierkegaard y la angustia de saber y necesitar

-El Sentimiento trágico de la vida y la agonía del

cristianismo: Unamuno

-Bertrand Russell, Aldous Huxley, Eric Fromm, Marcuse,

y el alcance de la felicidad

-Paul Tillich y la angustia de la nada

Capítulo II

Ciencia y Espíritu ¿Qué es el ser humano?

-Diseño de una existencia para la eternidad

-¿Qué y cómo es la vida en cuanto al ser humano

y la revelación?

-Revelación personificada que se revela al hombre

en la Historia: Existencia de un Dios trascendente,

todopoderoso y eterno

-La Creación y el Amor de Dios

-Teoría Documentaria y Método histórico crítico

-Historia de la Creación (Génesis 1 y 2)

-¿Cómo nos presenta el Dios que se revela al hombre creado?

El Monismo Bíblico

-Exégesis del contenido antropológico del texto de

Génesis 2:7: El proceso de la creación del ser humano

y una valoración del significado implicado en los

conceptos que intervienen

-La teoría de la Evolución como seudo antropología

Respuesta a Francisco J. Ayala sobre la evolución

creacionismo–fundamentalismo

Final tema evolución
Capítulo III

La teología del pecado y de la muerte: Sufrimiento,

enfermedad y experimentación del mal

-Significado y sentido de la obra de Tolstói sobre la muerte_

-Lo cotidiano de la situación del ser humano evidenciada

por su condición de desequilibrio y muerte

-Explicación teológica de la causa de la condición inhumana__

-¿Cómo se ha originado y desarrollado esto?

-¿Quién ha originado y promocionado todo esto?

Identidad del Maligno

-Las consecuencias de la caída del ser humano de acuerdo

al texto del Génesis

-La muerte, y sus corolarios el dolor y la enfermedad y su

relación con el pecado hereditario

-La Interpretación de Pablo con inspiración divina de los

pasajes relativos al Pecado Original y a sus consecuencias

(Rm. 5:12 ss. y 7:1-25-8:1 ss.)

-Los Trayectos de la muerte: El sufrimiento, la enfermedad,

desequilibrios, condiciones perversas, y la respuesta de la

Revelación de Dios en Jesucristo

El uso de la libertad y la muerte

Una descripción de la condición humana tomando como

prototipo a Job

SEGUNDA PARTE

Teología de la vida: la experimentación de las soluciones

teológico – bíblicas a la situación o condición humana

Introducción

Capítulo I

Lo que la revelación presenta como solución a la

condición y situación, al tema de la existencia y angustia �
1. Cómo librarme de “La nada que amenaza a la

autoafirmación óntica del hombre, relativamente

en términos de sino, absolutamente en términos de muerte”

2. Cómo librarme de la “amenaza a la autoafirmación

espiritual del hombre, relativamente en términos

de vaciedad, absolutamente en términos de falta total

de significado, el absurdo total”

3. Cómo librarme de la angustia de la culpa y de la

condenación

4.  Desesperación e impotencia fruto de una tarea inconclusa

respecto a la Segunda Venida de Jesucristo o entreguismo

a la duda y a la indiferencia, engendrando ambas

situaciones de angustia

TERCERA PARTE

Confianza y esperanza en la vida eterna mediante la

resurrección del ser

-El cómo y el cuándo de la resurrección y la vida eterna

Capítulo I

Antropología bíblica versus inmortalidad del alma:

conceptos antropológicos ajenos a las Sagradas

Escrituras

Capítulo II

El abanico teológico respecto al concepto antropológico, y

al cómo de la resurrección

-El panorama antropológico con relación al ser humano

que muere y resucita en una discusión católica que intenta

acercarse a una concepción antropológica bíblico-unitaria,

pero que no le es fácil olvidar el referente de un alma

inmortal separada del cuerpo

-Un protestantismo bíblico que en su interpretación

imposibilita que el alma pueda vivir sin el cuerpo,

destacando la inmortalidad condicional y ofreciendo

a la teología un paradigma antropológico a reflexionar

-El paradigma bíblico Antropológico

Capítulo III

La aplicación del concepto antropológico bíblico

para una vivencia en esperanza y en autenticidad

1. La condición del hombre en la muerte o la disociación

del cuerpo y el espíritu

-Examen de algunos textos representativos que muestran

la esperanza en algo distinto a quedar en la muerte

permanentemente

2. La nueva situación gracias al plan de salvación de Dios

en Jesucristo: La re-creación del cuerpo con un ‘espíritu’

que por el poder de Dios conserva la individualidad

e identidad. La resurrección de los muertos

-El don del Espíritu Santo como garantía de la Vida eterna

3. El Castigo Eterno de los Impíos

Conclusiones

-Razones por las que ciertos teólogos y organizaciones

cristianas rechazan la inmortalidad innata del alma y

consecuentemente el de un sufrimiento sin fin
CUARTA PARTE

La experiencia de la resurrección espiritual, con la

superación de la muerte espiritual y del dominio

del pecado, la vocación celeste del creyente fijan

la realidad del hecho de la  resurrección de Jesucristo,

y configuran la   seguridad de la vida eterna y la

vivencia personal por la eternidad con

nuestros amigos y familiares

Capítulo I

La seguridad de la vida eterna: Lo que la revelación

presenta como solución respecto a cómo superar el pecado

y la muerte y lograr la resurrección del ser

Resurrección de Jesús de Nazaret

El paradigma para creer y obtener la resurrección

Conclusiones

Bibliografía

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