Resumen Identidad Cristiana y el Olivo (No. II)

384páginas
©Antolín Diestre Gil
Zaragoza 2011

El futuro de la crisis económica, y la crisis económica del futuro

(Editorial)

La mayoría de los especialistas nos están diciendo que, tras la crisis económica global que se ha estado padeciendo en los países productores y consumistas, ya nada será igual para ese llamadoprimer mundo. China que se ha constituido, según nos quieren hacer creer, en la segunda potencia mundial, después de Estados Unidos, tiene uno de los mayores índices de pobreza por esos otros 800 millones de seres que “mal viven” a pesar de los 300 millones o algo más que representan el avance capitalista de un país, que pretendió ofrecer un espectáculo de poder económico con las olimpiadas del 2008 ¿Hasta dónde esto es una realidad? Poco importa saberlo, independientemente de la deuda externa que mantiene con ella (con China) los Estados Unidos, y de la compra de parte de la nuestra, la direccionalidad de la historia parece conducirse por lo que marca Estados Unidos, y con una Europa acurrucada bajo su sombra. Pero los países emergentes han comprendido y comprobado su poder: saben ahora domesticar a las “multinacionales”. En los países árabes y musulmanes o con mayoría de estos, y cuando escribo esto, se han estado dando los cambios en Egipto, Túnez, Argelia, Yemen, Siria, y en otros, se está promoviendo una referencia liberadora propugnada por los derechos humanos de libertad y democracia ¿Se imaginan a esos países unidos, con una población en la prosecución de una producción barata provocando una economía a lo chino? ¿Se lo imaginan contentándose con unos sueldos bajos, que en muchos casos serán más altos que lo que muchos han podido conseguir hasta ahora, introduciendo sus productos y compitiendo con China y con India? ¿Podremos mantener los salarios nosotros, los que nos denominamos primer mundo, como hasta ahora? ¿Y qué decir de Interamérica y Sudamérica, por no decir del Continente africano?

El que se diga “que el mundo se aleja de Occidente” Y que pareciera que tanto Estados Unidos como Europa estuvieran “sin ideas ni líderes”,[1] es olvidar que el creador de este “nuevo orden mundial”, juntamente con la OMC que animó a China a romper con su ostracismo fue precisamente Estados Unidos. Por primera vez se han dado pasos, aunque controlados, a fin de que toda la humanidad se englobe en una condición en la que se puedan erradicar injusticiaspropiciadas por un primer mundo que se acostumbró, por medio de sus habitantes, a un estatus tan alto que comprometía lo más básico para una mayoría de personas de otros continentes. Esta crisis traerá una ruptura con el pasado de tal naturaleza que nuevos planteamientos obligarán tanto a Europa como América del Norte, Australia, a crear nuevos precios y nuevos salarios, y a que cada zona compita con su mercado concreto con el de los otros. Esta crisis muestra los ajustes que es preciso llevar a cabo para que sea una realidad la “aldea global” ¿Será posible un sacrificio de esta naturaleza para todo ese primer mundo que ha estado acostumbrado a consumir? ¿Se podrán compaginar los impuestos y gastos fijos y básicos a fin de conseguir el mantener los salarios para poder abonar esos gastos fijos básicos para que con lo que reste se equiparen más o menos con los otros salarios bajos de otros países del llamado tercer mundo, teniendo en cuenta el margen de cierto consumismo? Es decir, lo que recupere el Estado de cada nación de ese primer mundo como consecuencia de los impuestos poder afrontar lo que suponen las llamadas potencias emergentes basadas en producciones baratas y en salarios pequeños, y presentarles una política económica competitiva que les permita introducir los productos concretos que equiparen lo que importan de tal o cual otro país o zona. La complicación de todo esto, está siendo estudiada a fin de dar forma definitiva a la realidad global. Pero ¿Cómo podrá subsistirse a la larga, o cuando todo ya se haya intentado, con los otros parámetros existenciales, y las diferencias éticas y espirituales, y comprobarse de nuevo la imposibilidad de permitir la convivencia entre los salarios de la clase política y económica con los del agricultor por ejemplo? ¿Cómo será el salario de un político diputado con el miembro de a pie de su partido, o de un director de banco con relación al deltrabajador en ventanilla? ¿O el de la clase burocrática en China con los pobres agricultores del interior de China?

Independientemente de todas las implicaciones que suponen los interrogantes y silencios impuestos, la direccionalidad para el hombre de la calle nos dice que esta crisis pasará y se solucionará en cierta medida el estancamiento económico. Que se volverá a una aparente mejoría mientras se procuren los ajustes que faltan,pero ¿Será posible una globalización real definitiva? ¿Entrará, como piensa Hans Jonás,[2] al que, entre otras opciones, Hans Küng da crédito en su libro de Ética mundial,[3] en una crisis insolucionable, mostrando una vez más la imposibilidad de que el ser humano haga posible lo último que le queda por hacer: la globalización?

Hemos vivido en una época, tal vez la única, que el ser humano del primer mundo aparentementeno necesitabanada.Pero ahora ha comprobado su vulnerabilidad cuando los errores se han concretado en una crisis. Pero ¿es posible evitar los errores?¿Es suficiente con que se resuelvan las grandes diferencias entre los diferente espacios globales? Cuando decimos esto, somos conscientes de ese segundo y tercer mundo en donde millones de seres que existen son pobres, y, o padecen literalmente de hambre, o están mal nutridos, o están convencidos de que sus vidas podrían mejorar trasladándose al primer mundo. En líneas generales para unos su esperanza se había visto ya cumplida: tenían trabajo, seguridad social y sanitaria, y una adecuada jubilación. Podían desarrollar una existencia en la que la seguridad que les ofrece el dinero, el espacio consumista, y un Estado protector, les ayudaba a prolongar la vida y a pasar el tiempo con más o menosentretenimiento. Los otros tenían (ya no tienen) como esperanza precisamente alcanzar lo que aquellos habían logrado. Y ahora con la dimensión de la globalización, se ha comprobado que para ajustar a esos pobres en un justo ajuste: poder tener una casa decente, comida abundante, ropa, el televisor, poder trabajar y gastar algo,ha repercutido muy negativamente en el mundo que dirige la globalización.  De cualquier forma el límite de la esperanza, es el mismo tanto para esos como para estos. No hay una diferencia sustancial. Su esperanza se está centrando en algo puramente tangible y material. No negamos que pueda haber otros elementos que se integran en esa esperanzahumana. Pero observamos que casi cada uno de estos militantes en mejorar su existencia particular, a lo que tenemos todos pleno derecho, resulta en una conversión a la ciudad secular. El ser humano se ve conformado a una manera de ser y de pensar que se olvida de sus verdaderas raíces y de su designio. No cabe duda que la propia situación de necesidad por la que se ha visto abocado a fijar un rumbo existencial determinado, también le postraba a una cierta distracción respecto a su origen, misión y destino, pero le permitía, en algunas ocasiones reflexionar sobre el por qué y al para qué de la existencia, en un contexto de más allá de lo que este mundo puede ofrecer. Pero cuando te introduces en la ciudad secular se va produciendo un fenómeno de descomposición respecto a lo que el ser humano fue llamado a ser, convirtiéndose irremisiblemente en un ciudadano postmoderno, desprotegido frente a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte.

Se piensa que la secularización es un fenómeno moderno, pero si así creyéramos estaríamos equivocados. Las personas siempre se han inclinado por lo que realmente les es útil para su existencia, aun cuando sea momentáneamente. Lo que sucede en cuanto al pasado, es, que lareligión, era lo útil. La religión se había secularizado, estaba entretejida en los diferentes estamentos de la sociedad. Eso era también el mundo. Porque se trataba de una religión mundanal o mundanalizada, aun cuando, a partir del s. IV respondiera en su terminología al cristianismo. El fenómeno nuevo, por influencia de la revolución norteamericana y francesa, consiste en la ruptura de la laicidad con la identidad religiosa, puesto que el mundo, desde siempre, crea su propia religión, su propia manera de pensar. Y en su convivencia con elementos religiosos, que como decimos formaban parte del entretejido social y de la Autoridad, ha aprendido a evitar de lo religioso lo inservible para su funcionamiento de protección de la ciudadanía. El camino de la libertad y de la democracia le llevó a separarse plenamente de lo que pretendía tener la Autoridad suprema: de la Iglesia. Y en su nueva experiencia aprendió a prescindir de todo aquello que lo religioso pretendía imponer con dogmatismo. Lógicamente ese laicismo que con personalidad propia, se separa del concepto Iglesia, término que viene avalado e impulsado por la noción Constantiniana se beneficiará en cuanto al cumplimiento de los objetivos que le son propios. Pero en su tensión provocada por la separación, produce también una imposición: la de la ideología estatal. Al tener que justificar su autoridad y existencia promueve una dirección ideológica, con unos valores que se convierten para muchos en su religión, aun cuando participen también de laotra, intentando en su conducta cívica y política adaptar lo uno a lo otro. Esta ideología estatal, que siempre ha existido, tiene una manera de pensar y de actuar, con una direccionalidad determinada, proyectándolo constantemente sobre los ciudadanos. Se trata de un modo de pensar y de obrar que se adapte cada vez más a lo que supone ser una autoridad, y a que sea convenientemente reconocida por los súbditos que la acatan como correspondencia a los beneficios que reciben de los que les gobiernan. Esta ideología, dada su funcionalidad, trasciende en muchas ocasiones a los propios individuos que la asumen o la integran, convirtiéndose en una auténtica religión que emana comportamientos morales o cívicos; culturales o deportivos que marcan una actitud o una educación específica, en la que el propio contenido se convierte en su razón de ser; o científicos con repercusiones éticas; médicos, de acuerdo a una concepción académica de la medicina, donde te señala una forma de salud y de alimentación o no etc..

Todo esto configura una manera de pensar y de ser, con un programa que va abarcando la existencia del individuo. Con los medios de comunicación a su alcance crea su propio radio de acción presentando su ideología con un aparente equilibrio, y una naturalidad, en la que todo o casi todo se ha experimentado como cierto, avalado siempre por la Ciencia. De este modo se va engendrando una opinión pública sobre lo que es bueno o es malo, lo beneficioso o perjudicial, lo verdadero o lo falso, lo que merece o no la pena. Y señala como sospechoso a todo aquel o aquello que se sale de la norma que se ha planeado como siendo la normal. De este modo crea los estereotipos. Una persona que decidiera no ver la televisión sería rara. Alguien que mantuviera su propia opinión respecto a guardar un día distinto al establecido socialmente sería un marginal. El concepto de temperancia no estaría planteado sobre lo beneficioso o perjudicial sino sobre la moderación en todo. Y para ello se verá obligado a definir lo que es moderación, con lo que dada la heterogeneidad de la humanidad, y a las reacciones imprevisibles del cuerpo humano, sería mejor concluir con la abstención de lo que crea perjuicios.

De cualquier forma, esta direccionalidad ideológica estatal que invade la vida del individuo está mezclada con aciertos indudables en la calidad de la vida, en el desarrollo, en el sentido de la justicia social, con un Estado protector [4] que produce seguridadsocial,[5] sanidad gratuita, trabajo, protección de la jubilación, acceso a bienes culturales, espíritu tecnológico de resultados que se puedan medir como aceptables.

Pero no debemos equivocarnos entre la realidad social y la sustitución de la verdad trascendente que los individuos en su naturaleza reclaman. El gran problema de muchos cristianos, está, en haberse recluido en esa realidad social, sin un mínimo de crítica, arrastrados por todo lo que ese mundo le ofrece, permitiendo el destronamiento de lo que la Revelación de Dios define como verdad. La gran tentación pragmática está en el relativismo acerca de la verdad y del valor de lo bueno. El interés por lo útil y por lo que me sirve como beneficioso en este momento, puede convertirse en destructor no solamente de mi cristianismo sino en la postración e inseguridad, al descubrir demasiado tarde la invalidez de los asertos y actitudes que emanan como equilibradores de la conducta social positiva, y que repitiéndose continuamente configuran, una voluntad predeterminada, pero que va resultando en ansiedad, angustia existencial, pérdida de sentido de la vida, ignorancia del por qué y del para qué, y esclavitud a lo que esa religión ha forjado, acostumbrándome a no poder evitar su neutralidad lúdica, que ha llegado a convertirse en adictiva.

Es en lo neutro espiritual y moralmente donde el mundo está siendo un auténtico Caballo de Troya en su penetración en las conciencias humanas. Lo neutro es lo más puro en lo referente a lo mundanal. Puesto que Dios y su implicación están ausentes, forjando a un auténtico ciudadano respetable de la ciudad secular. Cuando el Caballo de Troya se introdujo en la ciudad troyana se desoyeron las voces de los prudentes. Y la atracción que poseía ese caballo de dimensiones colosales empujaba a querer saber lo que podía ocultar en su vientre. Aquella amurallada ciudad había sido capaz de resistir los embates del enemigo. Nada pudo contra esa defensa de su propia libertad e identidad. Pero el primer error fue abrir las puertas ante el caballo inanimado que los griegos, como regalo al armisticio pactado, habían dejado ante sus puertas, y que para introducirlo hubo que romper parte de una de las murallas. Durante un tiempo mantuvieron algunos la duda y la sospecha. Pero la noche sirvió para descubrir el craso error de haber permitido semejante regalo. Por la muralla rota se proyectó un ataque, mientras que del vientre del caballo salieron guerreros griegos. Ya estaban dentro de la ciudad, y la defensa natural era imposible utilizarla. Y la derrota llegó.

¿Qué hay de malo en lo neutro de la televisión, cuando existe la posibilidad de saber escoger lo que pudiera discernirse como correcto? Es un asunto de control dirán algunos. Es un invento extraordinario para predicar el evangelio dirán otros ¿Y en el deporte? ¿Acaso no es bueno hacer ejercicio, y desarrollarse físicamente?

No discutamos ahora estos temas, simplemente los traemos a colación a fin de comprobar los frutos de ciertas obras relativas a la adopción de costumbres mundanas y adaptación a la mundanalidad.

¿Cuál es la realidad en los frutos de obrar de esa manera? ¿Hemos podido controlar, discernir lo correcto? La constatación real de la dimensión de la televisión y del deporte no puede ser más trágica. Tanto como la derrota de Troya. Ha servido para anular la libertad de hacer el bien, y destruir nuestra identidad frente al mundo. ¿Exagero? Expliquémonos. Mientras los hijos y los padres se acostumbraban a la televisión no se tenía la libertad de proyectar la ideología del Reino de Dios. La oración y el estudio de la palabra de Dios, de existir, ocupaba un lugar secundario. Con lo que se quedaban desasistidos. Conforme la contemplación fijaba el modelo de lo admisible se producía un proceso evolutivo donde se sustituían los valores y moralidad evangélica por otros extraños a la Revelación. En el trayecto de asunción se adquiría una concepción de la vida de acuerdo a los cánones que marca la experiencia mundanal.[6] ¿Nos sorprende que un porcentaje elevado de la juventud haya abandonado la opción por el Reino de Dios? ¿Y los porcentajes tan altos de vulnerabilidad de los matrimonios y familias?

El motivo, no es la televisión, sino la conversión a una corriente mundanal, en la que el televisor es meramente el emisario estático. La derrota de los troyanos no fue el caballo. El caballo no relinchaba ni era capaz de hacer nada si no se lo usaba. Y se lo utilizó, permitiendo introducirlo, y de ese modo poner en funcionamiento su maquinaria de guerra escondida.

Los hijos y los padres se convierten a lo que se va dictando desde una caja que parece tonta, que hace reír y llorar, pero que trasmite la ideología religiosa de la concepción del reino de este mundo. Dicha caja es capaz de permitir, incluso la pluralidad de opinión, pero dentro de un cercado donde aparece el relativismo moral y la obligación de acudir a la cita a fin de llenar la necesidad creada.[7]

Con el deporte sucede lo mismo.[8] Se nos presenta algo que en sí mismo no entra en la categoría de lo que es bueno o malo. Es neutro. Pero se comprueba que desata pasiones que infieren en la conducta cristiana, además de exigir un canon de cita y tiempo.

Cuando el cristiano quiere darse cuenta no sabe ni puede prescindir de algo que ya forma parte de su existencia y que repercute en el significado de una vida nueva otorgada por Jesucristo. Su existencia está abocada a las fijaciones y costumbres adquiridas por el reino de este mundo. De tal manera está cogido, que su vida espiritual y de acción de proclamación del Evangelio del Reino no tiene lugar. Su existencia está ocupada en muchas cosas que le llevan a desprotegerse de los perjuicios de ciertos actos y comportamientos. Las tentaciones al pecado voluntario (cf. Hb. 10:26-29) se suceden sin parar. Sucumbe fácilmente ante los atractivos sexuales y de otro tipo, ya que la nueva religión con la que convive la anterior, y con la que más está en contacto no le interpela sobre si le estábeneficiando o perjudicando existencialmente. El amor al dinero le requiere casi todo su tiempo, puesto que la religión de aquí abajo le inyecta la necesidad de consumir cada vez más, y las posibilidades que se le ofrecen es preciso aprovecharlas. La utilidad y el pragmatismo imperan con toda su fuerza, y no le deja reflexionar sobre el valor de la vida eterna, sobre el deterioro de su personalidad cristiana, y sobre su proceso degenerativo tanto en lo físico como en lo mental.

Todo está ligado. La ideología estatal con su mensaje de bienestar material y su neutralidad en lo espiritual, no puede producir nada malo en el creyente, incluso en ciertos aspectos es beneficioso. El problema es la ideología que sustenta y escupe a fin de proyectar y alcanzar ese estatus. Para justificar su proceder y convencer a sus ciudadanos es menester comunicar su plan. Esta ideología trasciende y engloba a los individuos que gobiernan o que colaboran en las labores políticas. Y desde luego, alguien, ajeno a la humanidad, en base a la capacidad y recepción de la mente humana, inspira, teniendo en cuenta la condición humana y su necesidad.

Pero esas conductas objetables se han engendrado como consecuencia de estar convertidos a lamoralidad o direccionalidad de la bestia apocalíptica que encarna una ideología confusa y babilónica.[9] No es preciso ser un degenerado socialmente hablando para ser influido e influir secular y babilónicamente. Simplemente, con tal de no haberse tomado en serio lo que implica nacer de arriba, no estar ocupado en las cosas del Espíritu Santo, no haber resucitado para la vida celestial (cf. Rm. 8:5; Col. 3:1-4), es suficiente para traer un vino entontecedor a los que le rodean. Tanto el institucionalismo como la alta tasa de divorcios como el ausentismo a lo primordial, tiene su origen en haber establecido un armisticio con la forma mundana de actuar. Cuando el que dirige una institución es un individuo moralmente objetable, o cuando los dirigentes de colectivos están siendo marcados por las pautas mundanales, los resultados serán desastrosos.

Pero lo peor está, en que no aprenderá a vivir, ni a codificar esa vida eterna de la que nos habla el Mesías en Juan 5:24-26 con la finalidad de resucitar en el último día (Jn. 5:28, 29 cf. 6:39, 40; 44, 47, 53, 54 cf. Col. 3:1-4). Cuando la angustia existencial aparezca estará desprotegido, y se verá tragado por la nada.

El hombre postmoderno ha perdido el contacto con su propia realidad inherente: un ser que necesitó una gran ayuda para nacer, para alcanzar su independencia codificada, y que continuamente se ve asaltado por las preocupaciones, y modificado químicamente por su ignorancia y errores respecto a cómo se debe vivir. En su conversión a la ciudadsecular, le han enseñado a confiar que la Ciencia y la Técnica le resolverán los problemas. Le han hecho creer en una ideología pragmática: incorporar únicamente aquello que se pueda considerar como verdad por sus efectos prácticos; aquello que le sea útil para llevar una vida de confort, y que le solucione la miseria y el cómo vivir bien. Ha aprendido a aprovecharse exclusivamente de lo que le interesa, aislándolo de los valores espirituales que le dan soporte: una verdad espiritual que hace posible eso que es auténticamente útil para el ser humano. Con ello, vuelves de nuevo a prodigar necesidades, que al no poderlas satisfacer con lo que la ciudad secular te ofrece, te dejan vacío, los problemas se acumulan, y lo existencial aparece cada vez más con una mayor cobertura, apagando a tu espíritu,deprimiéndote en ocasiones, y en otras deambulando sin saber a dónde. Y cuando la vulnerabilidad que produce un tsumani o un katrina, se convierte en una catástrofe, la persona que ha quedado con vida, se pregunta dónde estaba el poder humano: no hay Faraón que valga entonces. El dios de este mundo no tiene respuestas: más que la de volver a empezar, y reconstruir sobre las mismas bases.


[1] Ver dos reportajes en El País, el uno de Lluís Basset “Sin ideas ni líderes” (26-12-2010)  y el otro de Andrea Rizzi “El mundo se aleja de Occidente” (07-02-2011).

[2] Independientemente de nuestras opciones ideológicas personales, hay quiénes han observado la posibilidad de que se dé lo imposible de una Globalización definitiva. Hans Jonás (Das PrinzipVerantwortung, VersucheinerEthikfür die technologischenZivilisation, Frankfurt, 1984, pp. 36, 80, 86, 91, 94 & traducción española: El principio de responsabilidad: ensayo de una ética para la civilización económica, Barcelona 1995), muestra el filósofo, que existe la posibilidad de que no haya futuro para la humanidad: “Y querer un merecido fin de la humanidad”, de acuerdo a la trayectoria que los hombres de Estado puedan estar tomando. El filósofo, admite que únicamente la religión tiene respuesta. Y que el incondicional deber de la humanidad a existir no puede apoyarse filosóficamente. Y que solamente la fe en el Dios creador, que la filosofía no tiene a su disposición, puede ofrecernos una respuesta. Pues bien la religión bíblica posee esa respuesta, y nos afirma que la Globalización no será una realidad definitiva, y que las condiciones involucradas, supone un enfrentamiento ideológico entre el Dios que se revela y que representa a su pueblo en la última batalla, y lo que representa al Dragón, la Bestia y al Falso Profeta (ved Ap. 17 y 18, y la explicación que damos en “La vocación de poder en la era de la Globalización (la necesidad de un gobierno mundial como sentido de la historia (pp. 971-1031).

[3] Hans Küng en su Ética Mundial para la economía y la política, ed. Trotta, Madrid 1999, pp. 258, 259.

[4] Estamos hablando de un concepto de Estado que domina en el mundo occidental que marca la marcha de la historia. Lamentablemente comprobamos que una mayoría de naciones no están siendo dirigidas por una noción de Estado, que independientemente de su proyección absolutista en cuanto a su imposición ideológica, que procura el bien común, aun cuando sea manteniendo y ahondando injusticias en otras naciones, es más justa y beneficiosa.

[5] Pero que no existe en la mayoría de los países, creando en algunos momentos lagunas irremediables.

[6] No queremos omitir que también ha habido en la familia imposición de conceptos religiosos provocando una ruptura con las ideas cristianas de los progenitores como consecuencia del fanatismo que se implica en toda imposición.

[7] Existe la posibilidad de la selección de vídeos que puedan recrear y enseñar a la vez, y que pueden sustituir a la “caja tonta”

[8] La práctica del deporte como auto realización en lo que necesitamos de ejercicio es una cosa aceptable. La práctica como espectáculo sea realizado por nosotros o por otros, pero que desata pasiones humanas es inaceptable para el cristiano. Pero todavía es peor la contemplación del espectáculo que provoca sentimientos pasionales, y que nos reclama un canon de tiempo y de lugar sea en donde se práctica o frente al televisor. Las diferencias en todas estas condiciones son evidentes. Y esto lo referimos para aquellos que se consideran cristianos. Evidentemente para un mundo entregado, y que ha perdido el control de la protección del Reino de Dios, y que lo repudia puede resultar mejor que hacer o experimentarotras cosas.

[9] Pedir información sobre estos asuntos: los conceptos Bestia apocalíptica y Babilonia. Al correo:diestre@lleida.com

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