Resumen Identidad Cristiana y el Olivo (No. III)

396páginas
©Antolín Diestre Gil
Zaragoza 2012

Prólogo

El Apocalipsis ha fascinado siempre. A nosotros nos atrapó desde el primer momento que lo leímos y no entendimos casi nada. Pero es bueno empezar de ese modo. Conforme la persona se vaya familiarizando con el libro lo irá comprendiendo mejor. Cuando descubra las claves de acceso le enriquecerá espiritualmente. Y ya no querrá dejar de entenderlo. La esperanza se configurará. Pero tendrá que asegurarse en ella, y no desviarse para nada de las marcas que el propio Apocalipsis nos presenta, y su relación con los demás libros. En nuestro prefacio ya hemos explicado cómo debemos de entender el retorno de Jesucristo a la luz de lo que nos dice el Apocalipsis y de lo que nos reportan los sucesos históricos y sociales tanto del pasado como los actuales.

Si bien su lectura no es fácil, y muchos lo atestiguan,[1] y siempre tendrá sorpresas de incomprensión, los hallazgos que encontraremos serán suficientes privándonos de la experiencia dolorosa de la frustración. Pero tiene que quedar claro lo que el Apocalipsis desde un principio nos lanza que parecería que se estuviera contradiciendo con la realidad: Se trata de una revelación, de un desvelar, instándonos a leerlo por cuanto nos hará felices (Ap. 1:1-3). Es decir parecería que estuviera sobrentendido, el que su lectura pudiera ser comprendida. Si nos damos cuenta el Apocalipsis no es dado para todo el mundo sino exclusivamente para los “siervos de Dios”.[2] Va a ser necesario que cada persona que se acerca al Apocalipsis se constituya en un siervo de Dios. Y para ello va ser preciso conocer la palabra de Dios, lo suficiente como para acercarse entonces a la lectura del Apocalipsis. Hay una humildad especial que requiere el estudio del Apocalipsis cuyas interpretaciones en toda la historia hasta nuestro siglo XXI han dado mucho que hablar tanto en sentido positivo como negativo. De cualquier forma se descubrirá lo que es evidente: una cierta incapacidad en cuanto a la posibilidad de una interpretación, que en algunos de sus extremos es débil, y que en algún caso es incompleta e incluso errónea. Es por ello que debemos aferrarnos como nunca antes a la potencia de la Palabra de Dios, y pedirle al originador de ese libro que nos libre con nuestra mente finita, de no poseer el ánimo de autocorregirnos en todo aquello que sea necesario para una mejor comprensión. Ciertas cosas de las que escribí en el pasado sobre el Apocalipsis, las mejoré posteriormente, y de otras no escribí porque en esos momentos no tenía seguridad: el tema de las Iglesias, los Sellos y las Trompetas se me resistían. No podía encajarlas dentro del sistema que yo había recogido como el mejor tal cómo se me proveía. Cuando fui descubriendo lo positivo de otros sistemas de interpretación, y aprendí, a ajustar eso positivo junto a lo que el evangelio, las epístolas y apocalíptica bíblica me enseñan, dentro del propio sistema que había incorporado y comprobado como el más útil y necesario, la luz penetró con gran fuerza. Tanto fue eso así que he podido perfeccionar al propio sistema de interpretación que escojo como el preferente. A veces nos encasquetamos un modelo de interpretación del que suponemos que no precisa ningún tipo de corrección pero eso es extremadamente represor. El contenido del mismo modelo hermenéutico obliga a una interpretación que en ocasiones notamos que suena mal, que no puede ser, y todo por empecinarnos en mantener como lo único válido esa manera de presentar el sistema. Pero el sistema de la “historia continua” o “historia de la salvación”, al que se le llama ahora peyorativamente “historicista”, no implica que yo tenga que aceptar por ejemplo 7 períodos cronológicos, en todo el devenir de la historia de la Iglesia, partiendo de las iglesias que se me proponen en Ap. 2 y 3. Es decir que cada iglesia que se menciona en el capítulo 2 y 3 se referiría cada una por separado, desde la primera a la última, y con esa secuencia de aparición a una época concreta, en la que, por otra parte se fijan fechas que nadie puede asegurar ¿Dónde lo dice todo eso el texto? El mensaje a las iglesias, como veremos cuando entremos en el comentario, es aplicable todo él, tanto a la Iglesia de la época de Juan como para la Iglesia de cada generación de cristianos que se va sucediendo en la historia. Y si bien se utiliza a cada iglesia mencionada por Juan existente en el perímetro de Asia Menor como prototipo del mensaje, no están excluidas ni las muchas otras que existían en aquella época de Juan, ni las que posteriormente se irán suscitando en la historia. Y va ser el análisis del Apocalipsis en cada época generacional eclesiástica, el que tendrá que decidir sobre lo que se aplica en las iglesias locales y en la del ámbito mundial de cada momento histórico. Habrá que estudiar el contenido del mensaje a las Iglesias que Juan conocía en ese encuadre de Asia Menor, y que le sirve, dado su conocimiento de la influencia que el mundo social esté teniendo sobre esas iglesias literales y a la inspiración que recibe, para trasladarlo y aplicarlo a cualquier otro momento y/o lugar.[3]

Lo mismo sucede con los Sellos y las Trompetas, tal como veremos en nuestro comentario. Ante la comprensión que el texto nos obliga a hacer, no podemos restringir los aspectos positivos, que encierra la actuación que contiene el primer sello, únicamente para la época primitiva. Pero ¿Por qué yo voy a privarme, y Dios lo fuera a consentir, de los beneficios implicados en el primer sello? Desde luego voy a tener que observar el texto para cada sello, y comprobar su avance y englobe, y lo que abarca. En cuanto a las Trompetas hay detalles y datos que nos obligan a considerarlas de distinto modo a trompetas que se tocan a partir de un momento de la historia. Es decir la primera, según cierto pensar, abarcaría un tiempo histórico determinado con una fecha, en su final empezaría la segunda hasta una fecha determinada, y así sucesivamente ¿Dónde lo dice eso el texto? ¿Y qué nos querrá decir el texto, cuando se nos presenta el toque de la sexta trompeta (Ap. 9:14), y no acaba hasta después de toda una historia transcurrida que abarca casi hasta el fin de la historia, después de haberse cumplido la sucesión de cabezas de la bestia apocalíptica? (cf. Ap. 11:14).

Tenemos que aprender de qué forma, y qué es lo que nos aporta el texto, sirve el Apocalipsis para cada generación de cristianos teniendo en cuenta de que es un mensaje para “las iglesias” o para la Iglesia o pueblo de Dios en la sucesión del tiempo histórico desde la primera Venida hasta la Segunda. Y todo esto lo vamos a estudiar proyectando el método de la “historia continua” o “de la salvación”, teniendo en cuenta simultáneamente sobre la viabilidad e imposibilidad de la aplicación de otros sistemas de interpretación.

En este prólogo vamos a aportar algunos instrumentos de trabajo de los que nos hemos provisto para ayudarnos en la comprensión del Apocalipsis.


[1] Paul Claudel, Introduction à l’Apocalypse, Egloff, Paris 1946, p. 8; Barclay, no solo nos habla de las dificultades que tiene la lectura del Apocalipsis (op. c. p. 11, 31), sino que juntamente con Küen, trae a colación el rechazo de los reformadores históricos: Lutero, Zuinglio y Calvino. Los dos primeros de forma clara y expresiva. El último aparcándolo y no comentarlo para nada.

[2] Que nadie saque la conclusión que por cuanto no entienden el Apocalipsis no son siervos de Dios. El hecho de que se acepte por fe el mensaje de Apocalipsis es suficiente. Una gran cantidad de gente sencilla aceptan el mensaje universal que se transcribe del Apocalipsis.

[3] El comentarista que más influyó, a parte de los mismos escritores bíblicos cuando me muestran los diferentes modos de entender la escatología en la historia, a que profundizara en algunos aspectos del método de la “historia continua”, fue Elena White que escribió bastante sobre profecía apocalíptica, y exhortó a que se analizarán los libros de Daniel y Apocalipsis.

Encontré en algunos de sus escritos lo siguiente respecto a este asunto que estamos tratando:

“Los nombres de éstas son un símbolo de la Iglesia en diferentes períodos de la era cristiana. El número 7 indica algo completo, y simboliza el que los mensajes se extienden hasta el fin del tiempo, mientras que los símbolos usados revelan la condición de la iglesia en diferentes períodos de la historia” (HA, p. 467). Es evidente que no utiliza el nº 7 para indicar siete períodos de iglesia precisos con fecha, sino que “simboliza el que los mensajes se extienden hasta el fin del tiempo”. Cando la autora trata esos mensajes los aplica a cualquier tiempo de la historia de la iglesia, enfatizando ciertos mensajes para toda la historia, y para un tiempo determinado para la iglesia que observa que la aplicación debiera ser más necesaria (Ved HA. pp. 469, 470; también EW-Revelation, op. c., pp. 509-667.

Si quiere seguir estudiando otros resúmenes, pulse aquí.

6,81€ sin IVA. 8,25€ con IVA

La cantidad indicada en el precio está sugerida como donativo, obteniendo el libro o libros que seleccione y servirá para los fines de la asociación (6,81€ sin IVA y 8,25€ con el IVA incluido, añadido por Amazon)